Pensar mejor requiere curvas. Autor: Iván Uranga

0
1461

Células pensantes
Curva de pensamiento
Destrezas del pensamiento
Fases del sueño y las Ondas Hz.

Cada respuesta que emitimos corresponde en parte al contenido de nuestro recipiente llamado cuerpo. El cerebro humano no es sólo la masa encefálica resguardada en nuestra cabeza, porque cada una de nuestras células piensa y se comunica entre sí como lo demostró el biólogo y escritor británico Brian Ford en su investigación en Cambridge titulada “Inteligencia y la célula viva: conducta adaptativa y poder de decisión de la célula”. Nuestras células también se comunican con las otras células vivas de su entorno y del universo a través de la empatía y de su energía. Es así que nuestro cuerpo y cada una de sus células conforman nuestro cerebro, es decir; el proceso cognitivo humano es nuestra facultad para procesar información a partir de la percepción, el conocimiento adquirido (experiencia) y características subjetivas que permiten valorar la información. Consiste en procesos tales como el aprendizaje, el razonamiento, la atención, la memoria, la resolución de problemas, la toma de decisiones, los sentimientos y la memoria e inteligencia de cada célula.

Por lo que se hace necesario pensar bien y mejor lo que pensamos antes de expresarnos, por más redundante que se escuche esta expresión el “pensar mejor” reflejará cada vez más nuestro conocimiento real de lo que expresamos. Cuando opinamos, escribimos o hacemos algo en respuesta a un estímulo externo si nuestra respuesta es lineal, inmediatista y sin filtro esta vendrá de la amígdala límbica  que es la responsable de nuestra sobrevivencia animal y es la estructura más importante dentro del sistema límbico. Es la que guarda y maneja nuestras emociones más irracionales. Es esta parte del cerebro en la que se genera la ‘defensa’ contra sentimientos, como el miedo, el desconcierto, la ira y la tristeza. El pensar mejor “las cosas”, “más profundo” o darle más tiempo de meditación a tu respuesta garantizará que esta se acerque cada vez más a tu verdadera capacidad cognitiva.

¿Si todo en el universo es curvo, por qué nuestro pensamiento debe ser lineal?

Para lograr pensar más y mejor lo que expresamos sin parecer lento ante los otros existen muchas técnicas desarrolladas que han permitido a los humanos profundizar en sus conocimientos, la más conocida es la meditación. La meditación es una práctica en la cual el individuo entrena la mente o induce un modo de conciencia y existen muchas escuelas y formas de meditar, la que comentaré es la que en lo personal después de practicar muchas formas considero la más funcional. El objetivo es lograr más espacio para el análisis en el mismo periodo de tiempo. El análisis es la línea entre la pregunta y la respuesta y para que esta línea tenga más espacio (sea más grande) en el mismo periodo de tiempo se requiere que sea curva y mientras más curva sea, será mejor la respuesta. ¿Cómo se logra esto? Se trata de dar en un principio más tiempo a tu respuesta (pero no mucho) sólo 3 segundos más, antes de contestar reflexione sólo 3 segundos sus respuestas, si lo hace cotidianamente el pensamiento lineal y rígido se comenzará a flexibilizar, a doblar y a acelerarse y así comenzará a crear su curva de pensamiento, es decir, la línea se hará más grande y curva en tanto que debe ocupar el mismo espacio de tiempo y mientras más curva más espacio tendrá para profundizar en sus conocimientos y su respuesta reflejará más su saber.

Se trata de por lo menos crear tres destrezas de pensamiento: crítico, creativo y analítico.

Destrezas analíticas: Esta destreza trata de analizar ideas (contrastando información, definiendo y clasificando conceptos, secuenciando hechos o relacionando las partes con el todo) y argumentos, (encontrando razones y conclusiones sobre el hecho en sí y destapando asociaciones implícitas) con el objetivo de determinar cuáles son las actitudes representativas y la información relevante. Esta capacidad es muy útil para la resolución de problemas, pues permite encontrar soluciones de forma rápida ante conflictos complejos.

Destrezas críticas: En el pensamiento crítico se estudia la información básica con el fin de obtener indicios y deducciones que nos permitan basar nuestros juicios en razones argumentadas, sin dejar de estar abiertos a otras posibilidades. Para ello, se apuesta por contrastar la fiabilidad de las fuentes, buscar explicaciones causales y emplear el razonamiento por analogía, hipotético y deductivo. Esta destreza, por ejemplo, es muy necesaria para tomar decisiones sobre una base fundamentada.

Destrezas creativas. En este caso, el trabajo consiste en generar posibilidades con múltiples, nuevas, originales y variadas ideas y crear metáforas que contribuyan a la comprensión del hecho, incorporando al aprendizaje un conocimiento emocional.

Ahora bien, tanto el pensamiento crítico, creativo y el analítico, deben desarrollarse conjuntamente para complementar el aprendizaje para la vida. De nada sirve idear originales y novedosas iniciativas si no somos capaces de determinar si son factibles.

La idea de entender nuestros pensamientos es fascinante y compleja. Es importante saber, pero es más importante saber que sabemos, y lo que sirve para la vida es saber aplicar ese conocimiento, por lo que es determinante también entender la velocidad del pensamiento.

La sinapsis es la forma de comunicación entre cada neurona y cada una de las 100 millones de neuronas se puede comunicar con 50 mil neuronas a la vez, la súper computadora más grande del mundo puede realizar 200 mil billones de operaciones por segundo y ocupa 2 mil metros cuadrados y es (todavía) 3 veces menor en capacidad y velocidad que el cerebro humano que ocupa sólo unos 15 centímetros cúbicos. La velocidad de la sinapsis para la comunicación entre las neuronas establece la frecuencia y esta se mide en ondas hertzianas (Hz) y viaja por el universo a la misma velocidad de la luz (300 mil kilómetros por segundo) son las mismas ondas que emiten las estaciones de radio.

El cerebro tiene diferentes estados determinados por la amplitud de la onda, que hemos divido en 5: delta, theta, alfa, beta y gamma:

1. Las ondas delta (1 a 3 Hz)

Las ondas delta son las que tienen una mayor amplitud de onda y se relacionan con el descanso y sueño profundo (pero sin sueños). Asimismo, es interesante saber que son muy habituales en los bebés y en los niños más pequeños, de manera que a medida que nos hacemos mayores y envejecemos, tendemos a producir menos ondas de este tipo. Lo cierto es que el sueño y nuestra capacidad para descansar se van perdiendo, poco a poco, con los años. Este tipo de onda se relaciona sobre todo con actividades corporales de las que no somos conscientes, como la regulación del ritmo cardiaco o la digestión.

Un nivel adecuado de ondas delta favorece y cuida del sistema inmunitario, de nuestro descanso y de nuestra capacidad para aprender, durante un ciclo de sueño permanecemos no más de 2 horas en este estado que es todo lo que necesita nuestro cerebro de descanso cada 24 horas.

2. Ondas theta (3,5 a 8 Hz)

El segundo de los tipos de ondas cerebrales va de los 3,5 a los 8 Hz y se relaciona sobre todo con nuestras capacidades imaginativas, con la reflexión y el sueño. Como curiosidad, cabe decir que las ondas theta suelen mostrar una elevada actividad cuando experimentamos emociones muy profundas.

Un ejemplo sencillo en el cual podemos ser conscientes de en qué momento este tipo de onda toma el control, es cuando terminamos de hacer un esfuerzo o una tarea que nos ha demandado mucha energía. Justo en ese instante en que nos relajamos y dejamos “volar” nuestra imaginación, las ondas theta adquieren mayor presencia en nuestro cerebro.

Veamos más datos ilustrativos:

Un pico elevado de ondas theta puede relacionarse con algún trastorno depresivo, falta de atención.

Los picos bajos cursan con ansiedad, estrés y baja auto-conciencia emocional.

Un nivel adecuado de ondas delta favorece la creatividad, la conexión emocional e incluso nuestra intuición.

3. Ondas alfa (8 a 13 Hz)

Las alfa surgen en ese crepúsculo intermedio donde hay calma, pero no sueño, donde hay relajación y un estado propicio para meditar. Lo podemos experimentar también cuando estamos en el sofá viendo la tele o en la cama descansando, pero sin llegar a dormirnos.

Un nivel elevado de ondas alfa nos impediría poder centrar la atención o incluso sentirnos con muy pocas fuerzas para realizar una tarea.

Un nivel bajo cursa con ansiedad, estrés e insomnio.

4. Ondas beta (12 a 33 Hz)

Cruzamos ya el umbral de esos tipos de ondas cerebrales, de nivel bajo o moderado, para alcanzar un escalón superior. Estamos ya en ese espectro de frecuencias más altas que surgen como resultado de una actividad neuronal intensa.

Hablamos de estados muy interesantes, a la vez que complejos, todo hay que decirlo. Estados que se relacionan con esas actividades cotidianas donde ponemos toda nuestra atención, cuando nos mantenemos alerta y necesitamos a su vez estar pendientes de múltiples estímulos.

Actividades tan comunes como conducir, realizar un examen, hacer una exposición, estar en una reunión de trabajo presentando un proyecto, etc., son momentos de máxima activación. Sin embargo, un exceso, una sobreactivación neuronal puede derivar en un estado de ansiedad o estrés capaz de perjudicarnos.

Un nivel bajo de ondas beta, por su parte, nos conduciría a un estado demasiado relajado, laxo, depresivo incluso.

Un nivel óptimo de estas ondas nos ayuda a estar mucho más receptivos, enfocados a mejorar incluso nuestra capacidad para resolver problemas.

En concreto; cuando las personas realizamos tareas que requieren de la memoria de trabajo, el cerebro usa esta clase de ondas de baja frecuencia para ir cambiando entre las distintas partes de la información. Es decir, actúa como una compuerta reguladora que decide cuándo se lee o se descarta la información almacenada brevemente en la memoria de trabajo, y que nos permite poder pensar en otra cosa.

5. Ondas gamma (25 a 100 Hz)

Sabemos que al escuchar la palabra “gamma” nos viene de inmediato a la mente los famosos rayos gamma, con su larga longitud de onda y su alta radiación electromagnética. Bien, en realidad las ondas gamma y los rayos gamma solo se parecen en su frecuencia extremadamente rápida.

Cabe decir que los neurocientíficos están empezando a descubrir más datos sobre este tipo de onda, de la cual se conocía muy poco. Es más, resulta muy difícil captarla en los electroencefalogramas. Es un tipo de onda que se origina en el tálamo y se mueve desde la parte posterior del cerebro hacia adelante y a una velocidad increíble.

Se relaciona con tareas de un alto procesamiento cognitivo.

Tiene que ver con nuestro estilo de aprendizaje, con la capacidad de asentar información nueva y también con nuestros sentidos y percepciones.

Se sabe, por ejemplo, que las personas con problemas mentales o de aprendizaje tienden a tener una actividad en la onda gamma menor que la media.

Los estados de felicidad y el orgasmo evidencian también picos elevados en este tipo de onda.

La fase del sueño REM también suele caracterizarse por una alta actividad de este rango de frecuencias.

Todas estas frecuencias suceden en nuestro cuerpo despierto o dormido y todas las alteraciones del sueño se deben a las ondas hertzianas, si no bajamos o subimos nuestra frecuencia de ondas Hz progresivamente habrá alteraciones, por ejemplo: Si pasamos de gamma o beta a delta sin pasar por alfa y theta se da el sonambulismo porque no le damos oportunidad a nuestro sistema nervioso central de desconectarse de nuestros sistema nervioso vegetativo por lo que nuestro cuerpo “vive  los sueños” y si saltamos el estado alfa viene el insomnio.

Con ejercicios de respiración consciente y profunda en ciclos de 4 (4 segundos sin aire, meter el aire en 4 segundos, contener el aire 4 segundos y soltar el aire en 4 segundos, 4 veces cada 4 horas) podemos controlar la amplitud de nuestras ondas Hz, lleva tiempo dominarlo pero se puede.

Nuestro cerebro es más parecido al universo que a las computadoras, conocerlo comienza por conocer los diferentes tipos de ondas que nos permite entender nuestros procesos mentales, nuestras emociones, actividades y dinámicas que generan energía. La clave por tanto está en ser conscientes de ello, en aprender a pensar mejor, dominar nuestras destrezas de aprendizaje y controlar la frecuencia de nuestra ondas cerebrales para ampliar nuestra curva de pensamiento hasta ser el ser humano que quieras ser, tal vez un poco más universo y menos computadora.

Vale la pena intentarlo.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga

@CompaRevolución

Deja un comentario