Autor: Ricardo Bravo
Y bueno, se vino la fecha que todos los amantes del fútbol esperábamos: hoy inicia la Copa del Mundo. Y aunque me quisiera dejar llevar por un entusiasmo desbocado hacia la competición, creo que los tiempos de río revuelto nos lo ponen difícil. Dudo que este sentimiento sea nuevo. Después de todo, el Mundial siempre coincide con eventos mucho más importantes que la competencia. “El fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes”, dice la sabiduría colectiva futbolística (nadie sabe bien a bien quién la dijo). Este evento de entretenimiento, como todos los demás, es un paliativo, una pausa, una tregua que nos damos para volver a esa realidad que es, eso, más real.
La cuestión es que los problemas sociales los tenemos muy en la cara. ¿Quizás son las redes? Ayer, amanecimos con la noticia de movilizaciones violentas en Belfast y en otras ciudades de Irlanda del Norte, en barrios predominantemente migrantes. Los participantes atacaron casas y carros de gente que “se ve migrante”. Elon aplaudía. Las movilizaciones fueron la respuesta de indignación ante un violento ataque con cuchillo perpetrado por un refugiado. Pero son algo más. Son el retoño de una semilla plantada por gente como Donald Trump. Gente que señala con el dedo al diferente, culpándolo de todos sus males. La semilla germina y está retoñando. Pronto serán un bosque en llamas.
En el mundo las guerras continúan. La invasión rusa de Ucrania sigue robando vidas de ambos lados, ahora con robots avanzados que hacen parecer el terreno bélico un juego de niños. Ojalá lo fuera. Gaza es una población acosada que sigue siendo pateada en el suelo cuando apenas tiene signos de vida. El bullying continúa ahora en el Líbano. El flanco abierto por Trump en Irán sigue encendido y costando vidas. En México, Quintoelab presentó una investigación periodística de cómo grupos del narcotrafico esclavisan mexicanos y migrantes centroamericanos en la Sierra Tarahumara. ¿Aquiescencia o negligencia de las autoridades? Ve tú a saber, pero estamos hablando de ¡esclavos! en nuestro territorio.
Entonces, ¿la inauguración en tu casa o en la mía? Para que el Mundial, como paliativo, funcione verdaderamente, debe ser una muralla contra el ruido. No podemos tener una tregua sin silencio. El problema es que uno de los encargados de erigir la muralla, el gobierno estadounidense, trae consigo, a cuestas, todo el momento político. Para entrar a la muralla, por ejemplo, no puedes ser somalí. Si vienes de un país donde se hable árabe o, peor aún, persa, necesitas presentar tu árbol genealógico hasta 10 generaciones atrás. Sí, también despójate de tus ropas; se te hurgará en cada endidura. ¿Cubano? Depende si pro-Fidel o pro-Marco Rubio.
Otra dificultad es la naturaleza de los problemas sociales. Una naturaleza líquida. Que resulta caprichosa ante los límites impuestos por una muralla. Porque podrás pintar las calles por primera vez en años; podrás erigir mantas y rejas para que los turistas no vean la estética de los que tienen poco; podrás instalar luminaria de la realeza que solo merecen los que vienen unas semanas. Pero los problemas de fondo se filtran entre la pintura y las rejas. Escurren por los cables de los candelabros estilo Luis XV. Y tú, servidor público, solo te exhibes de cuerpo entero. Porque se te desborda la pena por lo mexicano. Porque se nota que el problema te tiene sin cuidado, lo feo te resulta su estética.
Y resulta fácil culpar a los maestros, ¡porros, provocadores, extorsionadores! Y no lo dudo, algo hay de eso. Hay protestas más legítimas que otras. Pero la liquidez del problema atraviesa el discurso. Porque la gente de mi generación no sabe qué hará con su vida cuando esté demasiado vieja para seguir trabajando. ¿Reprimir o reducir el daño? Por supuesto que no queremos lo del pasado. ¡No se olvida! Pero algo hay que hacer, ¿no? Ayer, algunos pobladores se hartaron de los plantones perennes. Videos recorren los medios nacionales en los que comerciantes, la población, hartos de la disfuncionalidad, atacaron a los maestros inconformes. Pueblo contra pueblo. Uso ilegítimo de la fuerza. Algo hay que hacer, ¿no? El problema líquido de la incapacidad para gestionar nuestra relación con los grupos sindicales se escurre por debajo de la muralla.
¿Qué pena la imagen que damos al exterior? No, qué bueno por el Mundial; por la exposición internacional; por el foco para las causas legítimas. Que se comparta en inglés y en múltiples idiomas la lucha de las madres y padres de los desaparecidos. ¿Pena? Pero si eso es nuestro país: caos organizado, obras inconclusas, violencia medida, individualismo grupal, corrupción solidaria, belleza antigua, maravilla sucia, seguridad riesgosa, vulnerabilidad empoderada. Una eterna contradicción. ¿Por qué mostrar algo diferente si somos lo bueno y lo malo? Cualquier otra cosa es puro filtro. Que no le vendan gato por liebre.
No me convence el mundial como paliativo. Me gusta más como representación. No es una tregua, es la realidad misma. Bienvenida la competencia internacional a México. Bienvenidos, todas y todos, a las contradicciones de este país. No comerá mejor en ningún otro lado. La gente será amable y cariñosa. Pero también, a veces, gandalla. No haga caso a las series de televisión, se puede visitar nuestro país sin ser secuestrado. Pero también sería una extensión de la palabra llamarlo “seguro”: guarde sus precauciones. Disculpe las molestias: hay baches, casas de cartón (aunque Samuel las quiera esconder), lluvia constante en la capital, tráfico por doquier y un transporte público deficiente. No es tan limpio como Viena. Se las firmo, habrá movilizaciones los días de partido. Es una sociedad desigual e injusta con los de abajo. Pero le aseguro que se irá con ganas de regresar. Y bueno, no me toca la bienvenida a los Estados Unidos, pero aplaudo, desde este lado de la frontera, la consistencia del gobierno de Trump. No cualquiera muestra la xenofobia de manera tan cínica. ¿Se necesitan más testigos?
Dicho lo cual, que ruede el balón…

Ricardo Bravo
Internacionalista por el Colegio de San Luis, maestro en filosofía política por la Univeridad Pompeu Fabra en Barcelona. Candidato a doctor en teoría política por la Universidad Centroeuropea en Viena. Instagram y Threads: Parteaguas.mex




