Organizaciones de la sociedad civil. Autor: Israel López Monsivais

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Como es costumbre, Andrés Manuel López Obrador polarizó las redes sociales con sus declaraciones. Erróneamente, aseguró que la mayoría de las organizaciones de la sociedad civil (OSC) son conservadoras, que él no conoce agrupaciones de izquierda.

Sus generalidades provocaron malestar en las agrupaciones que lo han acompañado. Precisamente, las organizaciones progresistas viven en la marginalidad presupuestal; además, son las que le dan voz a las minorías, defienden los derechos humanos, combaten la discriminación y buscan la inclusión de todos los sectores de la sociedad.

Según un reportaje de Mexico.com, durante la administración de Enrique Peña Nieto se donaron más de 8 mil millones de pesos a mil 372 organizaciones gubernamentales, empresarios, contratistas, funcionarios de gobierno y políticos priistas. Aquí es donde se desvirtúa la asignación de recursos. Por ejemplo, ¿por qué el gobierno debe financiar las orquestas dizque filantrópicas de Salinas Pliego? Es mejor que el Estado las integre como política pública en un plan de educación integral.

Vayamos más al fondo en el tema: múltiples organizaciones nacieron como respuesta al adelgazamiento del Estado. Efectivamente, López Obrador quiere recuperar la rectoría, anunció que terminaría con el neoliberalismo. En esta lógica neoliberal encontramos que diversas OSC son grupos de interés y de presión, con una agenda privada y vinculadas con el conservadurismo. En este argumento tiene razón López Obrador. Voceros (Claudio X. González Guajardo, por citar a un empresario ultra neoliberal) de estas agrupaciones quieren incidir en la agenda pública e imponer funcionarios presionando en los procesos de selección.

Para sustentar mi exposición retorno a los años setenta cuando se implementó el neoliberalismo. La primera vía fue mediante golpes militares (respaldados por las clases altas tradicionales, injerencia norteamericana y represión a los trabajadores) en Chile (1973) y Argentina (1976). Ciertamente, la revolución neoliberal impulsada por Margaret Thatcher y Ronald Regan debió concretarse por medios democráticos: conquistar el sentido común, construir hegemonía neoliberal.

Según Antonio Gramsci, la construcción del consentimiento político debe abarcar amplios sectores de la población que aseguren victorias electorales. El consentimiento se construye a partir de las practicas culturales asentadas en la sociedad. Los canales para conseguir el consentimiento son las corporaciones, medios de comunicación, think-tanks y numerosas instituciones que constituyen la sociedad civil: universidades, escuelas, iglesias y asociaciones profesionales.

Exactamente, los think-tanks han jugado un rol central en la construcción del sentido común del neoliberalismo. Para David Harvey, son financiados por grandes corporaciones, se insertan en los medios de comunicación y apoyan la política neoliberal como la garante de la libertad. Se me vienen a la mente organizaciones como el Instituto Mexicano para la Competitividad y Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, que impulsan sus agendas y presionan al gobierno en turno para imponer la visión de sus patrocinadores, estas son las organizaciones conservadoras con intereses privados que se presentan como sociedad civil.

El gobierno federal ya no asignará recursos a las organizaciones de la sociedad civil; es necesario recular, recapacitar y replantear su relación con las agrupaciones. Definitivamente, si una OSC justifica que requiere recursos para echar andar proyectos que protejan a las minorías y cumpla con las omisiones del Estado se les debe apoyar. Igualmente, es sano que organizaciones como Antorcha Campesina ya no reciban recursos públicos.

Twitter: @francotiradort1

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