Por Abigail Hernández | (@AbyJinki)

La influencia cultural coreana, la llamada Hallyu Wave, es un fenómeno internacional que cada vez más adquiere relevancia en la actualidad. Sus productos de entretenimiento se han posicionado en el gusto de las personas a nivel mundial, donde destacan los llamados “K-dramas”. Tan solo en los últimos tres años las series más vistas de la plataforma Netflix han sido producciones de Corea del Sur, entre ellas la serie de solo seis capítulos titulada Narcosantos (Surinam, 2022 en el título original al coreano). Esta serie dirigida por Yoon Jong-bin con la participación actoral de Ha Jung-woo (The Handmaiden, 2016), Park Hae-soo (La casa del papel: Corea, 2022), y Hwang Jung-min (Amor Revolucionario, 2017), y fue grabada en la República Dominicana.
Narcosantos comienza con una nota aclaratoria “esta serie se basó en hechos reales, pero los personajes y eventos se recrearon con fines dramáticos”. No obstante, no fue tomada en cuenta por parte del gobierno de Surinam al percibir que este K-drama promovía la estigmatización de del país, como si la actividad principal es el tráfico de drogas, pues la narración introductoria del personaje principal, Kang In-gu (Ha Jung-woo) «“¿Conocen un país llamado Surinam? Seguramente no. Está en Sudamérica, justo arriba de Brasil. Con una población de unas 500,000 personas. Un país multirracial y multilingual, mitad de este es una jungla, más de la mitad de la población está involucrada en el tráfico de drogas»
Esta introducción no le hizo ninguna gracia al gobierno de Surinam, por ende, diplomáticos surcoreanos tuvieron que declarar que la producción solo se trataba de ficción basada en hechos reales de la captura de un “capo de la droga” llamado Cho Bong-haeng, es decir que no debían tomar a la misma como una copia fiel de la realidad y mucho menos como un producto que buscaba informar sobre la relación entre Surinam y Corea del Sur.
La trama es simple: es la historia de dos amigos surcoreanos Kang In-gu y Park Eung-soo (Hyun Bong-sik, When Springs Come, 2022), que en búsqueda de mejorar su condición económica se dirigen al país sudamericano para comercializar mantarraya hacía Corea del Sur, sin embargo debido a la corrupción del ejército en Surinam se les ofrece protección a cambio de dinero, esa protección les aseguraba no tener problemas con un grupo de la mafia china. Al mismo tiempo, el protagonista Kang In-gu quien es un devoto religioso promete a su esposa asistir a la iglesia para tener éxito en su nuevo emprendimiento, es ahí donde conoce al sacerdote Jeon Yo-hwan (Hwang Jung-min), quien aparenta ser una persona amable con los lugareños y sus connacionales. Le ofrece apoyo a los dos amigos sin pedirles algo a cambio, pero esto resulta ser mentira, pues el sacerdote aprovecha los grandes cargamentos de mantarraya para traficar al mismo tiempo con cocaína sin que Kang y Eung-soo supieran de esto. Al comienzo el negocio apunta hacía el éxito hasta que es detectado por las autoridades marítimas que decomisan el cargamento y Kang es encarcelado injustamente. Su destino cambia cuando Choi Chang-ho (Park Jae-soo), un agente de inteligencia surcoreano, lo visita y convence de involucrarse en una operación de inteligencia para infiltrarse en los negocios de Jeon y así capturar al “narcotraficante”, quien es uno de los más buscados por la justicia de su país por tráfico de drogas. Está operación, aunque es dirigida por el gobierno surcoreano, tiene que solicitar el apoyo de la agencia estadounidense: la DEA.
Lo que llamó mi atención de este K-drama es la temática y la forma en la que es abordada, pues sigue la línea de otras series estadounidenses como Narcos México (2018) y Narcos (2015) de la misma plataforma, en las cuales agentes de la DEA están en busca de capturar a los “capos” más peligrosos como Miguel Ángel Félix Gallardo o Pablo Escobar. Solo que en el K-drama están en la búsqueda de un traficante que se hace pasar por un sacerdote, que por su historial delictivo tuvo que exiliarse de Corea del Sur para continuar con el negocio del tráfico de drogas desde Surinam. Narcosantos independientemente del país de origen también forma parte de los productos de la “narcocultura”, misma que es “una forma de exposición del mundo del narcotráfico que proviene del ámbito del crimen organizado, pero también del imaginario colectivo”[1].
Y aunque según las pretensiones es llevar a las pantallas de manera ficticia la historia de un hombre que por desgracia “cayó” en el mundo del narcotráfico, continúa con la pretensión de que Estados Unidos es “el salvador” y el único que puede detener el tráfico de drogas en el mundo, porque cuenta con los elementos que le permiten llevar a cabo operaciones de inteligencia. Además, la serie continúa con el estereotipo de que los países de América del sur se encuentran totalmente gobernados por el narcotráfico y son incapaces de solucionar el fenómeno por la alta corrupción de los funcionarios.
Es pertinente mencionar que en la serie se acentúa la manera de representar a los “narcotraficantes”, civiles, el ejército, la acciones desde el gobierno y a las agencias, pero esto no debe parecernos extraño dado que estos estereotipos se “reciclan” para reforzar el imaginario sobre el “narco”. Cabe mencionar que no es la primera producción surcoreana que hace referencia al tráfico de drogas, pues en otra película titulada The Drug King (2018) que se ambienta en los años setenta y se encuentra basada en “sucesos históricos reales”, cuenta el ascenso y caída de Lee Doo-sam, un joyero que por desgracia conoce a miembros de los yakuza, quienes lo orientan hacia el tráfico de metanfetamina (como le llaman “cristal”) y así se convierte en un “narcotraficante” importante en Corea del Sur y Japón.
Lo anteriormente mencionado coincide con lo dicho por el periodista y escritor Oswaldo Zavala, pues considera que a este tipo de producciones no se les debe subestimar su impacto masivo,[2] más cuando son realizadas con grandes presupuestos y difundidas a través de plataformas de streaming como Netflix. Con esto no pretendo juzgar si el producto es bueno o malo, porque el debate no debe dirigirse si es correcto o no consumir estos productos de entretenimiento independientemente del país de proveniencia, sino revisar qué es lo que los hace tan llamativos y porqué se han masificado las producciones en torno al tema del narcotráfico. Pues, Narcosantos, al igual que otras producciones sobre “narcotraficantes” en Netflix gozó de cierto éxito en la plataforma y es tal vez un parteaguas para nosotros cuestionar qué es lo que hace tan llamativas a estas películas y/o series, si es por el interés del público en “conocer” sobre cómo es el fenómeno del tráfico de drogas en otros países o porque la demanda del público ante estos temas ha ido en aumento.
Bibliografía
Becerra Romero,América Tonantzin,”Investigación documental sobre la narcocultura como objeto de estudio en México”, en Culturales, Mexicali , v. 6, e349, 2018, consultado 19 mayo 2023)
Zavala, Oswaldo, La guerra en las palabras. Una historia intelectual del “narco” en Mèxico (1975-2020), Penguin Random House Editorial, 2022, 562 p.
[1] Retomado por, América Tonantzin, Becerra Romero,”Investigación documental sobre la narcocultura como objeto de estudio en México”, en Culturales, Mexicali , v. 6, e349, 2018, consultado 19 mayo 2023), quien retoma a Maihold, G. y Sauter, R. (2012). “Capos, reinas y santos – la narcocultura en México”, en México Interdisciplinario, 2, p.64-96.Recuperado de: http://www.maihold.org/mediapool/113/1132142/data/Narcocultura_en_Mexico_GM_SdM.pdf [ Links ]
[2] Oswaldo Zavala, “La narcos experience”, en La guerra en las palabras. Una historia intelectual del “narco” en Mèxico (1975-2020), Penguin Random House Editorial, 2022, p. 146.
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