José Reyes Doria | @jos_redo
Estamos a escasos días de que empiece el Mundial, el evento más popular que ha inventado la humanidad. Imposible resistir la tentación de montarse en el Mundial para llevar agua a los molinos políticos, partidistas, nacionalistas. Por ello, el Mundial tiene una importante dimensión política y simbólica. Veamos algunos aspectos.
1.- Javier Aguirre es el Antonio López de Santa Anna del Tri. El Vasco Aguirre dirigirá su tercer Mundial con la Selección Mexicana. Privilegio inexplicable e injustificable, que ni los grandes entrenadores ganadores de Mundiales han tenido. En el Mundial 2002 de Corea-Japón, llegó de emergencia al TRI cuando estábamos a punto de quedar fuera en las eliminatorias. Se explicaba el nombramiento porque Aguirre acababa de hacer campeón al Pachuca, aunque con un sistema de jugo soso, chato, sin imaginación ni estrategia elaborada.
En el Mundial de Corea-Japón tuvimos la derrota más dolorosa y humillante, en octavos de final, contra Estados Unidos. El anhelado quinto partido parecía al alcance de la mano, pero Aguirre no tenía ni tiene capacidad ni talento de estratega. EEUU nos chamaqueó fácil. Fracosototote, sentenció el gran Manuel Lapuente, ese sí ingenioso entrenador del TRI en Francia 98.
Frustración y rabia por la nula idea futbolística ante el acérrimo rival del norte.
Para el Mundial 2010, otra vez la Selección estaba a punto de perder las eliminatorias y de nuevo el síndrome de Santa Anna: a los dirigentes de la Federación Mexicana de Fútbol no se les ocurrió otra idea que ir a buscar a Aguirre para dirigir al TRI. Nuevo papelón del Tri en Sudáfrica, mal funcionamiento en fase de grupos y una eliminación bochornosa contra Argentina en octavos de final. Cómo olvidar el desplante de Aguirre en la conferencia de prensa previa al duelo contra los argentinos, donde apareció con una gorra que le tapaba media cara, enojado, despectivo, derrotado antes de jugar, infame.
Cuando parecía que esa obsesión maniática ya había terminado para siempre, otra vez en el actual proceso del Mundial 2026, la FMF vuelve a ir a rogarle a Santa Anna que venga otra vez a gobernar al Tri. Increíble. Fracaso casi asegurado.
2.- Aguirre es Santa Anna también por ser un tirano caótico. En el Mundial de Sudáfrica 2010 el Vasco hizo cosas terriblemente absurdas. Llevó a jugadores ya muy veteranos como Cuauhtémoc Blanco o Alberto García Aspe, según que para homenajearlos, pero en realidad eso debilitó el rendimiento del equipo. Dejó en la banca a Memo Ochoa que entonces estaba en la plenitud de su carrera, y puso de portero al Conejo Pérez, que ya estaba retirado. Se empeñó en ningunear al Chicharito Hernández, que venía de tener una campaña de ensueño en el Manchester United, para alinear a un naturalizado mediocre como el Guille Franco. Pero en el fondo, lo más malo de Aguirre es que no concibe más estrategias que exaltar a sus jugadores convocándolos a “romperse la madre” en la cancha.
3.- El caos de la lista de seleccionados. Desde el verticalismo más anacrónico, Aguirre pidió que la Liguilla del actual torneo mexicano se jugara sin seleccionados, para tenerlos concentrados un mes antes del Mundial. Absurdo, porque esas concentraciones ya no se estilan, pues resultan contraproducentes. Pero más absurdo aún, porque solo eran 12 seleccionados que participarían con sus equipos en la Liguilla, mientras que la lista definitiva de México será de 26 jugadores; los otros 14 futbolistas mexicanos del Tri están jugando en Europa y reportarán hasta unos días antes del Mundial. Para qué rayos quería Aguirre tener encerrados solo a 12 jugadores de 26.
Las Chivas fueron el equipo más sacrificado, pues no contó con cinco de sus jugadores titulares para la Liguilla. Al Toluca le quitaron dos, a Pumas, América y Cruz Azul solo uno, a Tigres, Atlas y Pachuca ninguno. Gran injusticia contra las Chivas.
Pero el caos autoritario se suscitó cuando en plena Liguilla, el Toluca anunció que sus dos seleccionados iban a jugar un partido de semifinales de la CONCACAF. Ardió Troya, el dueño de Chivas, Amaury Vergara, protestó y ordenó a sus cinco jugadores que no se concentraran con el Tri. Aguirre y la FMF recularon y los dos toluqueños se quedaron concentrados.
El acuerdo para la anacrónica concentración de un mes de los 12 jugadores de la Liga Mexicana, era que esos 12 jugadores se perdían la Liguilla, pero tenían asegurado su lugar en la lista definitiva del Mundial. Pero también algo muy importante, que ya no se iba a llamar a ningún jugador mexicano que participa en la Liguilla, sino solo a los mencionados 12. Esto último era de lo más justo, porque si un equipo quedaba campeón y después se llamara a la Selección a uno de sus jugadores, sería una injusticia tremenda para equipos como Chivas, que le quitaron cinco titulares.
Pues bien, Javier Aguirre de Santa Anna dijo ayer que la lista está abierta, que todavía llamar a la Selección a jugadores que están jugando la final Pumas-Cruz Azul. Entonces para qué sacrificó a las Chivas, al Toluca, les hubiera permitido a todos los jugadores jugar la Liguilla en lugar de tenerlos concentrados sin sentido.
Mientras selecciones como las de Argentina, Noruega, Francia o Japón hicieron un show de alcance mundial para presentar su lista de seleccionados esta semana, incluyendo una escenificación con música de los Beatles por parte de la selección de Inglaterra, en México atestiguamos la picaresca huizachera de la trampa, el coyotaje, la marrullería de ocultar y manipular la lista hasta el último minuto del plazo establecido por la FIFA.
4.- Son los peores augurios para el Tri. Todas estas incongruencias y abusos se suelen traducir en molestias, desánimo y rebelión por parte de los jugadores. En el Mundial del Sudáfrica 2010, en la Selección de Francia ocurrió algo similar y la mayoría de los futbolistas protestaron bajando su rendimiento, lo que ocasionó que el entonces campeón del mundo quedara eliminado en fase de grupos.
Si consideramos que la actual generación de futbolistas mexicanos no cuenta con tanto talento como antes, que hay una prometedora camada de jóvenes pero que aún no desarrollan su potencial, y que los de experiencia no juegan en ligas o equipos importantes de Europa, o de plano son suplentes allá. Si a eso le sumamos que Aguirre no tiene talento alguno para la estrategia, como para sacarle el máximo jugo posible a esta modesta generación de futbolistas, entonces es muy probable que México tenga su peor Mundial desde Argentina 78.
5.- El caos en la Selección también se observa en los preparativos del gobierno mexicano. A tres semanas de la inauguración del Mundial, se observan actividades frenéticas y llenas de ansiedad en muchas estaciones del Metro que conectan con el Estadio Azteca. Pisos levantados, paredes desmontadas, andenes como zona de desastre. La Calzada de Tlalpan también es un escenario que emana irrealidad, con vías flotantes que no cuajan, trabajos de última hora. El tiempo se comió al gobierno de Clara Brugada. Se sabía desde hace años que el 11 de junio de 2026 México sería sede la inauguración del Mundial. Pero el destino manifiesto de la mexicanidad nos alcanzó una vez más, todo a la última hora y mal.
Los responsables del Estadio Azteca no se quedan atrás, todavía están colocando butacas, instalando baños, poniendo señalizaciones. El gobierno federal tampoco estuvo a la altura. En medio de la embestida del gobierno de Estados Unidos, poca atención a prestado al Mundial, el Aeropuerto Internacional Benito Juárez luce como en obra negra por los retrasos en las remodelaciones. Los riesgos de movilización de organizaciones como la CNTE, los productores del campo, las madres buscadoras, los estudiantes del Poli, no se han desactivado y pueden dar una sorpresa amarga.
6.- Pintemos ajolotes. En el Mundial México 86, el terremoto previo de 1985 multiplicó las dificultades organizativas. Los dirigentes de la FMF dijeron que la infraestructura futbolística mexicana era tan fuerte, que México solo necesita un bote de pintura para tener todo listo. Gran analogía con la idea de la Jefa de Gobierno para superar los retos de organización del Mundial: pintemos todo de morado y pongamos en escena al ajolote, símbolos de las luchas feministas y de lo ancestral mexicano (no importa si pocos conocen su significado).





