Inicio Opinión Mirada desencantada | #YoTambiénSoyNaca,ChintayChaira. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Mirada desencantada | #YoTambiénSoyNaca,ChintayChaira. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Foto: Cuartoscuro

Por: Ivonne Acuña Murillo

Al finalizar la conferencia “Mañanera” del martes 9 de julio, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, después de negar la afirmación, mentirosa y de mal gusto, respecto de que la periodista y actual secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana y futura secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez Velázquez, había sido niñera de sus hijos, dijo: “De una vez, de una vez lo digo (…) Soy un presidente naco, chinto y chairo (…) de Tepetitán, Macuspana, Tabasco, y (…) pertenezco al pueblo y al pueblo raso. Ya, que quede claro, y no soy fifí y respeto a los fifí. Y todos podemos ¿no? (…) ser libres y no debe de haber clasismo ni racismo en nuestro país”. Una vez que el primer mandatario se ha auto adscrito al grupo de los nacos, chintos y chairos no queda más que decir, como un amigo mío, “aquí no se desmiente a nadie”. Por el contrario, la intención de este texto es sostener las palabras de López Obrador y darles un fundamento socio antropológico y de pedagogía política.

Para lograr lo anterior es prioritario entender el significado de los calificativos “naco”, “chinto” y chairo” desde una visión socio antropológica. En primer lugar, hay que decir que los tres adjetivos calificativos hacen referencia a “estereotipos”, los cuales permiten reducir la complejidad de la realidad, pero sobre todo, marcar una diferencia entre “ellos” y “nosotros” a partir de representaciones mentales, creencias compartidas en relación con personas, grupos y formas de conducta y percepciones subjetivas enraizadas en la historia y la cultura.

Pero, sobre todo, hacen posible “colocar a cada quien en su lugar” en función de su color de piel, su origen étnico, su posición socioeconómica, su educación, su cultura, sus posibilidades, sus derechos, su pasado, su presente y su futuro. Esto es, un estereotipo nos “da permiso” para incluir-excluir, integrar-segregar, respetar-violentar, considerar-abusar, igualar-discriminar, incluso dejar vivir o matar a quienes no son como nosotros.

¿Qué significa ser “naco”? La palabra “naco” es aféresis de “totonaco” y originalmente hacía referencia a “lo que el mestizaje no disipa: los rasgos de origen indígena, el signo de la raza de bronce” de acuerdo con Paul Allatson, citado por Carlos Monsiváis en su ensayo Días de guardar (Era, 1970). Sin embargo, si a inicios del siglo XIX “naco” era una expresión despectiva para referirse a los indios, en las décadas de los 60’s y 70’s se utiliza, especialmente en la Ciudad de México, para identificar a la masa desindianizada a la que se “atribuyen gustos que son grotesca imitación del comportamiento cosmopolita al que aspiran las elites” (Op. Cit., pp. 88-89).

Siguiendo a Monsiváis en otro de sus ensayos, “Pelados, léperos y catrines, nacos y yupies” (Enrique Florescano (coord.), Mitos mexicanos, Taurus, 2001), la caracterización del naco se ha separado del nivel socioeconómico, de manera que el no tener dinero no es una condición necesaria para ser considerado “un naco” o “una naca”, como si lo era para diferenciar a un pelado o un lépero de un catrín. En este sentido, cualquiera puede ser naco o naca, sin importar el nivel socioeconómico en que se esté situado. De esta manera, “lo naco” se relaciona con la falta de educación, cultura y buen gusto como indica la despectiva frase “pelo a la cintura, naca segura”.

¿Qué significa ser “chinto”? A diferencia de “naco”, la palabra “chinto” sí mantiene relación con la “persona de origen indígena”; en corto, decirle “chinto” a alguien es decirle “indio”, con toda la carga peyorativa que esto conlleva. En México es usual, o lo era antes de que surgieran los derechos dirigidos a la no discriminación por cuestión de raza, llamar “indio” a alguien con el afán de ofenderlo haciéndole ver un supuesto origen inferior. Por ejemplo, cuando se quiere descalificar a alguien por hacer o decir algo inadecuado, según ciertos estándares, se le reprende con la expresión “no seas indio”. Existen una serie de frases y dichos que apuntan a marcar la inferioridad de quien es considerado “indio” o “india”; por ejemplo, “no tiene la culpa el indio sino quien lo hace compadre”, “indio bajado del cerro a tamborazos”, “pinche indio”, “se muerde el rebozo (en referencia a la timidez de las mujeres indias), “lo bajaron del cerro a tamborazos” (como a los indios), “traes el nopal en la cara” (como un indio), “hay que mejorar la raza” (tener hijos con una persona de piel blanca). De tal suerte, la palabra “chinto” o “indio” no aplica para informar el origen étnico de una persona, sino para denigrarle en razón del mismo.

¿Qué significa ser “chairo”? El adjetivo “chairo” se distingue de los dos primeros por pertenecer propiamente a la jerga política, de acuerdo con la Real Academia Española (RAE), y en México se popularizó para referirse a personas orientadas hacia la izquierda del espectro político, particularmente a aquellas que tienden a apoyar al actual presidente de la República, al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y a la Cuarta Transformación (4T). Por supuesto, con una marcada connotación peyorativa para señalar a quienes “vienen de abajo”, son ignorantes, no entienden lo que les conviene, votan a lo loco sin pensar antes, etcétera. Un buen ejemplo, me parece recordar, es aquel que ocurrió durante la campaña presidencial de 2006 en una universidad particular cuando en un evento de campaña del candidato de la derecha un joven protestó a favor de AMLO. Ante la airada respuesta de la mayoría, la reacción de los hombres de seguridad fue sacarlo del auditorio. Al terminar el evento el joven permanecía sentado afuera, al pasar frente a él otros jóvenes le aventaron monedas al momento de gritarle: “ten para que te compres una torta, muerto de hambre”. En este punto, es evidente el nexo que la palabra “chairo” guarda con un supuesto nivel socioeconómico y el “pasar hambres” como parte de una condición infamante que lleva a los pobres (ignorantes y muertos de hambre) a votar por la izquierda, asumiendo que su desesperada situación les lleva a elegir a un gobernante sin reflexionar primero por aquello que sería “lo mejor para el país”.

Aclarado lo anterior, habría que preguntarse ¿por qué el presidente López Obrador se auto adscribió a estos tres grupos, afirmándose como “naco, chinto y chairo”? La respuesta podría parecer simple pero no lo es.

En primer lugar, para respaldar a la funcionaria pública a quien un periodista buscó desautorizar en redes sociales mencionando una supuesta actividad de servicio, propia de “los de abajo”, como el cuidado de menores, evidenciando el profundo clasismo de quien así actuó.

En segundo lugar, es un acto de auto afirmación relacionada con todo aquello que se ha utilizado para ofenderlo, humillarlo y descalificarlo, para indicar que una persona con “su origen social” no sería capaz de asumir un cargo público de la envergadura de la presidencia de la República. En una respuesta directa a los políticos de derecha y centro derecha que gobernaron antes que él y que se sintieron obligados a informar a la población que únicamente “los bien nacidos”, arriba por supuesto, eran las personas idóneas para conducir al pueblo y jamás un “naco”, un “chinto”, un “chairo”, con acento local (tabasqueño para mayores datos) podría hacerlo.

En tercer lugar, auto adscribirse a los grupos mencionados lleva, en el fondo, la intención de quitarle la carga negativa a los adjetivos “naco”, “chinto” y “chairo”, por lo que ser pobre, indio y de izquierda no debería en adelante considerarse como una desventaja social sino como una bandera política para luchar en contra de la desigualdad y de la brecha que separa a “los de abajo” de “los de arriba”.

En cuarto lugar, para identificarse con una población que sus adversarios políticos insistieron reiteradamente en ignorar. Con este acto, el primer mandatario les dice a sus millones de seguidores: “soy como ustedes”, “somos iguales” y, en sentido inverso, “ustedes son como yo”, por lo que, como yo, tienen derecho a aspirar y convertirse en presidentes de la República o a decidir quién deberá ocupar ese cargo.

En quinto lugar, es una lección de pedagogía política con la cual el presidente López Obrador continúa su labor, iniciada décadas atrás, de formación de una ciudadanía informada, crítica y comprometida con la transformación social, económica y política de México, en la búsqueda de una sociedad más justa, equitativa y democrática. Auto nombrarse “naco, chinto y chairo” es parte del proceso de empoderamiento de las personas pobres, con sangre indígena y orientación de izquierda, es ofrecerles herramientas para comprender su entorno político, especialmente para identificar a aquellos grupos y personajes que no representan sus intereses y nunca se encaminarán a atender sus necesidades, y mostrarles que otra manera de hacer política es posible.

En resumen, llamarse “naco, chinto y chairo”, distinguiéndose de “los fifís”, tiene una enorme carga simbólica y es un mensaje claro, enviado a la gran mayoría de la ciudadanía, en relación con el tipo de país que se quiere construir y en función de los millones de personas a quienes se deben las y los gobernantes.

Una vez dicho lo anterior, cabría seguir al presidente en su auto adscripción y sostener, como hicieron las y los jóvenes universitarios que formaron el movimiento “#YoSoy132”, “#YoTambiénSoyNaca,ChintayChaira”.

Mirada desencantada

Muchas veces es imposible escuchar las noticias y continuar el día como siempre, como si nada pasara, conteniendo las lágrimas que bien podrían acompañar las de quien, en medio de una entrevista periodística, fluyen sin remedio. Es el caso de la saxofonista oaxaqueña María Elena Ríos Ortiz, sobreviviente de un ataque con ácido ocurrido el 9 de septiembre de 2019  en un intento de feminicidio pagado por su expareja, el empresario y político Juan Antonio Vera Carrizal y su hijo Juan Antonio Vera Hernández, quien este 10 de julio ante los micrófonos de Carmen Aristegui denunció al juez José Gabriel Ramírez Montaño, quien lleva su caso, por filtrar información sensible y emitir juicios personales en su contra como parte de un proceso plagado de actos de manipulación y falta de imparcialidad con la clara intención de liberar a su agresor quien, a diferencia de ella, cuenta con apoyos políticos en la entidad.

Un caso más es de la madre buscadora Virginia de la Cruz, quien el 11 de julio irrumpió en la sede del Congreso de Zacatecas para denunciar que los restos de su hijo, José Alejandro de la Cruz López de 21 años, habían sido retenidos durante ocho meses por el Servicio Médico Forense (Semefo) local, sin que se hubiera informado a ella o su familia, a pesar de que en dos ocasiones le negaron que el cadáver estuviera en sus instalaciones. En medio del llanto y de forma por demás desgarradora reclamó: “…Estoy enferma (…) estoy tomando medicamento controlado (…), me lo aumentan por la pérdida de mi niño. Tenían ADN, tenían teléfono, tenían dirección y nunca me llamaron, pero yo no dejaba de insistir por mi criatura (…) Acabo de sepultar a mi madre la semana antepasada y a mi hijo el sábado. ¿Saben qué hacen las pinches trabajadoras? ¿Saben qué hacen? Ese día yo le dije a mi hija llévame a la Semefo a ver si hay razón de mi niño. Una de las malditas trabajadoras estaba aplastada arriba de uno de los jefes de ahí. ¿Ese es su trabajo? ¿Ese es su trabajo? (…) Mi niño ahí tiene desde el día 30 de noviembre, yo le reporté y todo, tenían todo para que me localizaran. ¿Por qué no hacen nada? Porque agarran dinero mal habido, por eso, por eso no hacen nada por nosotros…” (El País, “Una madre buscadora irrumpe en el congreso de Zacatecas para reclamar que el Semefo retuvo el cuerpo de su hijo por ocho meses).

A diferencia de lo que ocurre con María Elena Ríos, quien enfrenta a su poderoso agresor sin que hasta el momento ninguna autoridad judicial de mayor nivel haya puesto atención en su caso, se han tomado acciones para destituir a integrantes del Semefo que desatendieron la identificación y entrega del cuerpo del hijo de Virginia de la Cruz.

¿Es acaso que en el Poder Judicial y la Administración Pública se da un trato diferenciado a quien se considera “naca, chinta o chaira”?

<em>Ivonne Acuña Murillo.</em><br>
Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales. X: @ivonneam

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