Por: Ivonne Acuña Murillo
“Ser madre” es una realidad construida siglos atrás en función de ciertos valores y prácticas, los cuales dibujan “el beber ser” de la maternidad como un ideal que se impone a todas las mujeres que deciden tener hijos. La entrega, el sacrificio, el amor incondicional, las labores de crianza y cuidado, el acompañamiento, el consuelo, la cura y el arropamiento son algunos de esos valores. ¿Quién no ha oído a su madre o a la madre de alguien más decir a sus hijes cuando van a salir “ponte un suéter”? Esto es lo que podríamos llamar “un clásico” o, en palabras del historiador francés Fernand Braudel (1902-1985), “una estructura”. Sin embargo, aunque existe un núcleo duro de la maternidad -los mínimos que toda buena madre debe cumplir-, también es cierto que el rol materno sufre ajustes a lo largo del tiempo, por lo que cabe preguntarse: ¿qué se espera hoy, en pleno siglo XXI, de una buena madre?
Antes de responder a esta pregunta, conviene volver a Braudel para entender a qué le llama “estructura”. El papel que desempeñan las madres en prácticamente todas las sociedades del mundo se corresponde con lo que el historiador denominó “larga duración”, pensando en el paso del tiempo, y que se apoya en el concepto de “estructura” entendida como: “una organización, una coherencia, unas relaciones suficientemente fijas entre realidades y masas sociales. Para nosotros los historiadores, una estructura es indudablemente un ensamblaje, una arquitectura; pero más aún, una realidad que el tiempo tarda enormemente en desgastar. Y transformar” (La larga duración en la historia y las ciencias sociales, Madrid: Alianza, 1979). Es decir, la maternidad es una realidad social que se ha modificado poco a lo largo de los siglos.
Aquello que piensa y hace una madre, por mejor decir “una buena Madre”, está relacionado directamente con lo que en filosofía se denomina “el ser para les otres”, a partir de lo cual una mujer que se convierte en madre deja en segundo plano sus deseos, sueños, planes, proyectos (profesionales y de vida) rutinas y actividades para entregarse de lleno al cuidado de su familia, especialmente de sus hijes. Es aquí donde el sacrificio y el amor incondicional se vuelven fundamentales para poder llevar a cuestas la enorme responsabilidad que supone el cuidado, la crianza y la protección de alguien más al grado de arriesgar la salud y la propia vida si fuera necesario.
De una buena madre se espera entonces: que realice todas aquellas actividades que conlleva el cuidado de otre ser humane, desde la alimentación y la limpieza hasta la socialización que permitirá a sus hijes ser capaces de funcionar en la familia, la comunidad y la sociedad en las que les tocó vivir, diría la fallecida periodista y escritora Cristina Pacheco.
Sin embargo, a pesar de esta “estructura” que como bien dice el historiador francés prácticamente no ha variado a lo largo del tiempo, es posible afirmar que este “deber ser” se ajusta a los tiempos que corren y a contextos específicos. Así, ante una situación violenta se puede esperar que una buena madre proteja a sus hijes con su propia vida; en un contexto de pobreza que se quite el alimento de la boca para darlo a sus crías; que cuando la familia cuente con pocos recursos estos se concentren en atender las necesidades de les más pequeñes; que durante un accidente la madre interponga su cuerpo entre un vehículo y el de su hije para evitar que este le dañe, por poner algunos ejemplos.
Si pensamos en esos ajustes, el sacrificio de una madre ante un vehículo automotor no es algo que ocurriría antes de la invención de los coches, aunque en la época en que convivieron el homo vides y el neandertal bien podría interponerse entre un animal depredador y su propia cría. Igualmente, una madre no pediría a su hije que se ponga el suéter en un clima donde la temperatura alcance los 40 grados centígrados, pero sí que no olvide beber mucha agua.
Es así como llegamos a la pregunta: ¿qué se espera hoy, en pleno siglo XXI, de una buena madre? Ciertamente, los valores y las prácticas que conforman el núcleo duro de la maternidad no han cambiado. De una buena madre se sigue esperando que cuide, proteja, alimente, acompañe, consuele, cure, etc. Claro, hoy el cuidar o el proteger difícilmente incluiría a un mamut, un tigre dientes de sable o alguna otra especie extinta, tampoco el cuidar de la casa supone, necesariamente, mantener vivo el fuego dentro de una cueva ni cocer la carne del mamut o el tigre.
El contexto exige hoy de una buena madre cosas añadidas a ese núcleo duro en relación con el cambio climático producido por les humanes y el avance de las nuevas tecnologías, por mencionar sólo dos elementos, por ejemplo: que cuide a su bebé de las alergias, la intolerancia a la lactosa, al gluten, a la proteína, a la rozadura de pañal y que elija una marca adecuada de jabón para su pequeño cuerpo y ropa a fin de no provocarle nuevas alergias; que le cuide de los cambios bruscos de temperatura, del desbordamiento de un río, de un huracán, del desgajamiento de un cerro; que ofrezca a su familia comida “de verdad”, como hoy le llaman les expertes en Nutrición en contraposición con la comida ultra procesada e industrializada; que vele el sueño de sus hijes y les aparte de las pantallas azules del celular, la tablet o laptop, que reducen sus horas de descanso; que proteja a sus hijes de los depredadores sexuales que ya no sólo acechan en las calles sino en Internet; que vigile los contenidos que sus hijes consumen en la Web; que esté pendiente de con quién y para qué se relacionan en las Redes Sociales; que lleve a la niña y al niño al pediatra, al psicólogo(a), al dentista, al ortopedista, al oculista, a la natación y todo tipo de cursos extracurriculares, lo que convierte a la madre, cuando tiene coche, en lo que se conoce como “mamá camioneta”; que no descuide a sus hijes por estar distraída con su celular, conversando o revisando los últimos mensajes de sus Redes Sociales; que se encargue además del cuidado de la naturaleza, por su supuesta cercanía (dados los ciclos biológicos femeninos como la menstruación y el embarazo) con esta, y rehúse, recicle y reduzca los desechos producidos por la familia y que los separe según si son orgánicos o inorgánicos, papel, metal o plástico.
Por supuesto, en el párrafo anterior básicamente se habla de madres de la clase media o alta, aunque algunas de estas funciones se aplican a madres con menos recursos, en cuyo caso lo que se espera de ellas apuntaría más al sacrificio a favor de sus hijes posponiendo indefinidamente el cuidado de su salud, reposo y alimentación ante la angustia de no ofrecer a su descendencia la posibilidad de satisfacer sus necesidades básicas.
Pero, no acaban ahí las labores de una buena madre. Sin asumir que lo dicho hasta aquí enlista todo lo que una madre debe ser y hacer, hay que sumar a sus obligaciones y preocupaciones la protección de sus hijes en contextos históricos en los que la drogadicción se ha vuelto una realidad cotidiana y la seguridad, fuera y dentro de casa, se ha visto amenazada, especialmente en lo que respecta a las personas que pertenecen a las clases baja y media, quienes tienen más probabilidades de ser víctimas de ciertos delitos frente a quien perteneciendo a la clase alta cuenta con amplios recursos para su protección. Estas madres deben proteger a sus hijes del consumo de drogas especialmente de fentanilo y considerar no sólo los delitos comunes como los asaltos, sino cuestiones más graves como el secuestro, la violación, la desaparición, el enrolamiento en las filas del narco y la delincuencia organizada para trabajo forzado y tareas de vigilancia o sicariato en el caso de hombres jóvenes y la prostitución forzada en el caso de niñas y jovencitas. De esta manera encontramos, de forma preponderante en México, a mujeres que a sus ya extensas laborales maternales deben sumar el papel de “buscadoras” de sus familiares desaparecides. Es el caso de los colectivas: Guerreras Buscadoras (Sonora), Sin Ellos No (Baja California Sur), Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos (Jalisco), De Frente Hasta Encontrarlos (Tamaulipas), Solecito de (Veracruz), Colibrí (Edomex), Voces Unidas por el Dolor (Sinaloa), etcétera, que el 10 de mayo no celebran su maternidad sino que salen a las calles en lo que se ha llamado la “Marcha de Dignidad Nacional Madres Buscando a sus Hijos, Hijas, Verdad y Justicia”, y que en este 2025 tiene lugar por treceava vez.
Podemos observar que en el marco de una cultura patriarcal heteronormada basada en dos géneros (femenino y masculino) diferenciados y opuestos según los cuales las mujeres hacen, sienten y piensan unas cosas y los hombres otras, el núcleo duro de la maternidad se resiste a cambiar un patrón de siglos. A este patrón se han sumado, a lo largo del tiempo, una serie de actividades que aumentan a la velocidad que la vida cambia de modo que ser madre, en pleno Siglo XXI, incluye cada vez más labores y retos en la medida en que la sociedad y el Estado se resisten a corresponsabilizarse de la crianza y el cuidado de les niñes de nuestra especie.
Mirada desencantada
¿De verdad no me engañas? ¿En serio Adrián Rubalcava Suárez es ahora el nuevo director del Metro de la Ciudad de México? De no creerse. ¿Cómo un personaje que ha sido señalado por presentar declaraciones patrimoniales inconsistentes, por haberse visto beneficiado con lujosos regalos y préstamos poco transparentes, por supuestos vínculos con personas señaladas por operar redes de distribución de droga y secuestros, acusado de acoso, amenazas e intimidación, vía espionaje y grupos de golpeadores, es premiado con una responsabilidad semejante?
Por si no lo sabías, en 2014 fue acusado por la diputada local Tania Larios Pérez ante la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México por amenazas e intimidación; en 2015, investigaciones de la Policía Federal y de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) vincularon a Rubalcava con una presunta red, en la que también se involucró a un empleado de Televisa, dedicada al acoso y campañas de desprestigio contra periodistas, medios de comunicación y políticos de distintos partidos. Entre los primeros se encuentra el periodista Alejandro Páez Varela a quien se acusó falsamente de pederastia. A lo anterior, se suma su falta de convicción política al saltar de un partido político a otro en la búsqueda de puestos y mejores posiciones: del PRD (2003-2012) al PVEM (2012-2015), de este al PRI (2015-2023) y de regreso al PVEM (desde 2024).
Cuestionamientos como estos llegan a la mente de quienes por décadas han apoyado el proyecto político de izquierda. Aquel desde el que se prometió “ser diferentes” y “pensar a la política desde otro lado”. Es una pena que el pragmatismo y el pago de favores políticos venza a la posición ética defendida por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) desde su fundación y de la propia presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, quien en una carta dirigida a Morena el 25 de abril pidió a su partido honrar esa posición y cuyos lineamientos éticos fueron aprobados por unanimidad en la VI Sesión Ordinaria del Consejo Nacional de Morena llevada a cabo el 4 de mayo. La lectura íntegra de la carta se encuentra en https://www.youtube.com/watch?v=R1jay6k7YRM, en el programa de “Los Periodistas”, del 5 de mayo.
Aunque se argumente que todo mundo tiene derecho a cambiar y hay que darle la oportunidad de hacerlo, en lo que respecta a Ruvalcaba y muchos otros políticos y políticas de dudosa trayectoria que han encontrado en Morena un espacio, se deja de lado la experiencia que dicta que el alacrán, quien atraviesa un río sobre el lomo de una rana, no cambia su naturaleza aunque eso suponga hundirse y no se resista a picar a la rana y ahogarse con ella. No les basta con una Lilly Téllez y un German Martínez, quienes se han dedicado a vociferar en contra del expresidente Andrés Manuel López Obrador, de la Cuarta Transformación (4T) y la misma presidenta, a pesar de haberse visto beneficiados con puestos en el Congreso y frente al IMSS, respectivamente. Pareciera que la formula, además, es insultar, denostar, humillar, difamar y escupir a la cara de quienes encabezan la 4T para después ser afiliados al partido en el poder y obtener cargos públicos como parece apuntar la reciente incorporación de Luis Enrique Benítez Ojeda, exdiputado del PRI que, en un tuit del 6 de abril de 2023, escribió: “Eres una pendeja. Es un fideicomiso con mayoría de inversión canadiense. Cuál pinché (sic) nacionalización. Estás moralmente derrotada. No serás candidata ni presidenta. Ignorante”, en clara alusión a la hoy presidenta Sheinbaum.
¿Dónde queda el cambio y la diferencia cuando gente ajena a los lineamientos éticos del lopezobradorismo y con sucias trayectorias políticas, que contradicen esos lineamientos, son incorporados a Morena y los gobiernos que encabezan?
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