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Mirada desencantada | La oposición política mexicana: entre Halloween y Día de Muertos. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Xóchitl Gálvez disfrazada de catrina. Foto: Mauricio Huizar | OEM-Informex

Por: Ivonne Acuña Murillo

Entre brujas, fantasmas, duendes, vampiros, catrinas, murciélagos, calacas, demonios, muertos que vuelven, beben y comen discurre la oposición política mexicana. No importa si es Halloween (víspera de Todos los Santos), Día de Todos los Santos o Día de Muertos, de los muertos grandes o de los muertos chiquitos, lo mismo mienten que engañan, insultan, ocultan, acusan. Estos personajes deambulan por el espacio público y fingiéndose muertos se sientan, se acuestan, se paran, caminan, vuelan, reptan, saltan, gritan, blasfeman, escupen sintiéndose dueños del teatro. ¡Vaya que cosa!, dijo la muerte echándose un trago.

Saltan a escena brujas modernas, vampiros chupa sangre, sapos y ranas, calderos, pócimas, duendes, catrinas y catrinos en una imparable danza por ser vistos y elegidos para un cargo público, puesto de elección popular o embajada. Nada es suficiente, ni muertos ni muertas paran de competir por los escasos huesos. Por subirse, cuando se puede, al barco fantasma que zarpa rumbo a la esperanza, la que los sacó del poder y no aquella que pretenden robarse. ¡Vaya que cosa!, dijo la muerte espantada.

Que perdonen las feministas pero cuando vociferan, manotean y maldicen Lilly Téllez, Kenia López Rabadán y Xóchitl Gálvez, alrededor de un caldero humeante (perdón atril) como preparando la pócima que ha de dejar fuera de combate a quienes han decidido sean sus adversarios, es imposible no imaginarlas vestidas de negro, con sombrero de punta y ala ancha, zapatos de hebilla y verruga en la nariz. ¡Vaya que cosa!, dijo la muerte curiosa.

Pero no solo en el Senado, también en el cielo se ven estas hechiceras como Sandra Cuevas volando en su escoba, perdón en su moto, recorriendo la Ciudad de México y tratando de embrujar a vecinos y vecinas de alcaldías ajenas a la suya para que la vean como ella se ve a sí misma frente a famoso espejito: bella, inteligente, culta, bien vestida, pero sobre todo, gobernando la CDMX. ¡Vaya que cosa!, dijo la muerte lanzando una pelota con un billete de 500 pesos adherido a esta.

Por supuesto, en estas fiestas de espantos, monstruos y muertos vivientes no solo aparecen las brujas, también los vampiros chupa sangre que con largos colmillos han buscado llegar al poder para sangrar las arcas públicas. Los Tomás Yarrington, Eugenio Hernández, Roberto Borge o Sandoval, los Javier y César Duarte y muchos más que, intentando nadar de muertito, se embolsaron todo lo que pudieron sin importar la salud de los más chiquitos o el patrimonio nacional. Los sapos y las ranas también hacen su aparición cuando más políticos de los que cabrían aquí saltan de sus partidos al estanque moreno para seguir viviendo del atracado presupuesto. ¡Vaya que cosa!, dijo la muerte cuando de Rommel Pacheco Marrufo, que así se apellida, se acordó.

Otros más se disfrazan de duendes progresistas, izquierdosos y hasta feministas para parecerse a los muertos que gobiernan y que no los ataquen o en una de esas los jalen a algún cargo. Por supuesto, no faltan los que amenazan con: “truco o trato”, en buen español “o me das, o te doy”, o los que mejor se la llevan por las buenas por aquello de conseguir una embajada o puesto diplomático como Carlos Joaquín González, Claudia Pavlovich, Quirino Ordaz y los que se sumen. También llueven los huevazos en las puertas de quien no les ofrece hueso o trato y amenaza sus privilegios. Peor aún es la actitud de aquellos cuyos pecados fueron olvidados y a quienes les abrieron esas mismas puertas, frente a las que hoy vomitan, y no, no se piense en Germán Martínez o la misma Lilly Téllez. ¡Bueno sí!, que mejor ejemplo que él y ella. ¡Vaya que cosa!, dijo la muerte asqueada por la traición.

La mayoría de los opositores intenta desatar los miedos más profundos de la ciudadanía asustándola con imágenes de espeluznantes monstruos (Chávez, Maduro, AMLO), que la llevarán al meritito infierno (Venezuela) olvidando que ya ellos y ellas le habían lanzado al abismo de la desigualdad, la miseria, la violencia. ¡Vaya que cosa!, dijo la muerte, estos no tienen mad… ¡memoria!

Existen otros que no dan señales de vida cuando de trabajar se trata, de licencia en licencia se la pasan cachetona. Es el caso de conocido líder sindical, Jesús Gilberto González Pimentel para mayores referencias, quien salió de la tumba para organizar al gremio, asustándole con el petate del muerto y el fin de los fideicomisos formados “con el sudor de las y los trabajadores de la Suprema Corte de Justicia de la Nación”, en defensa de los privilegios de ministros y ministras que si defendieran la justicia como defienden sus canonjías otra país sería. ¡Vaya que cosa!, dijo la muerte pensando en la inmortalidad del cangrejo.

Claro que no podían faltar los altares de muerto para tan ilustres personajes. Su comida favorita, las botellas, las fotografías de sus mejores años, los panes, los dulces, las flores. Y en cada uno algo distintivo de cada quien. En el altar de muertos de Vicente Fox Quesada, una buena dotación de prozac, mariguana y celulares para que siga posteando en X, antes Twitter, todo aquello que su senil, locuaz y desmemoriada mente le aconseja; en el de Calderón botellas, botellas y más botellas y muchas cajas de aspirinas por aquello de los “efectos colaterales”; en el de Xóchilt no pueden faltar las gelatinas, de todos los sabores, y un platillo en forma de aquello, sí aquello, el miembro masculino que tantas carcajadas le arrancó; en el de Lilly un paquete de croquetas en cuya etiqueta se lea “sentado y callado”; en el de Kenia un pastel donde sumirle la cara, como hiciera su amiga Xóchitl; en el de Germán un chaleco azul-guinda y mucha saliva para vociferar a todo pulmón contra quien le dio la mano, la misma que mordió; en el de Rommel, una variedad de chalecos partidistas por aquello de los cambios de chaqueta, no sea que mañana amanezca verde o naranja; en el del líder sindical un talón con licencias por incapacidad para usarse en el más allá; en el de Sandra, dulces, vestidos de diseñador, pelotas y piernas para salir corriendo de las alcaldías donde no la quieren; en el de las y los ministros de la Suprema Corte, fideicomisos y más fideicomisos para arreglar sus casas, vestir ropa de marca, comer comida de chef, hacer yoga, acudir a médicos reconocidos, tener pensiones complementarias y más. ¡Vaya que cosa!, dijo la muerte pensando divertida en todos los altares de muerto que sus seguidores levantarían para los X, los De Hoyos, los Lozano, los Aguilar Camín, los Krauze, los Brozo, los Loret, los Ciro, los Riva Palacio…

Qué ofrendas ni que nada dijo la ciudadanía lopezobradorista. Ni altares de muerto, ni papel picado, ni calaveritas de azúcar, ni flores de cempasúchil, ni pan de muerto se pondrán en su nombre. Si en vida comieron, bebieron, fumaron, pasearon, vistieron como catrinos y catrinas, a la usanza de las élites del porfiriato, todo a costillas del dinero de todos y todas, como ciertos ministros y ministras, ya muertos que no los mantenga el gobierno. ¡Vaya que cosa!, dijo la muerte sonriendo.

Cuantimenos altares de muerto para aquellos que vuelven del más allá y como buitres sobrevuelan esperando se muera el que está bien vivo, en especial los Fox y los Calderón que entre brindis y brindis con alcohol, prozac o mariguana, le mientan la madre al que se niega a morirse . ¡Vaya que cosa!, dijo la muerte indignada no ayudan pero bien que joden.

Mirada desencantada

La calaverita:

Corría la muerte airada

buscando a los cabrones

que sin ocultar la mirada

demandaban #NoDones

Buitres sin conciencia

que mienten y engañan

que sin pena ni ciencia

en degradación se bañan

#NoDonen todos arengan

no hay huracán ni cuita

que los indispongan

pues no tienen mamacita

Como buitres buscan carroña

a nada le hacen el feo

a todo se oponen sin roña

siguiendo la voz de X corifeo

Tragan ranas y sapos

sin gestos ni muinas hacer

corren a lavarse las manos

después de joder y joder

¡Qué poca! decía la huesuda

colérica por la inmundicia

a todos por ello desnuda

y en el averno les hace justicia.

<em>Ivonne Acuña Murillo.</em><br>
Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales. X: @ivonneam

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