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Mirada desencantada | El IMSS, institución sin sistema: ¿ineficiencia o sabotaje? Autora: Ivonne Acuña Murillo

Foto: Cuartoscuro.

Por: Ivonne Acuña Murillo

Ese día se me hizo un poco tarde pero aun así me apresté a ir a mi clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) a realizar un trámite. Al llegar vi una fila frente a la ventanilla correspondiente, me formé y el señor que estaba de último me comunicó que había salido la señorita a decir que sólo atendería hasta la una treinta de la tarde, a pesar de que cierran a las dos, me aclaró él. Eran las doce treinta y decidí esperar unos minutos a ver cuánto avanzaba la cola. Mientras tanto, llegaron unas cuatro personas más. El avance era lento y calculé que no conseguiría ser recibida y me acerqué a la oficina a preguntar si la siguiente semana atenderían en los mismos horarios.

Por supuesto que el servicio paró a la una treinta, no podía ser de otra manera en víspera de Navidad y por eso también el siguiente lunes, 25 de diciembre, no habría atención. Esperé al martes y llegué de nuevo, esta vez a las 10:30, asumiendo que tres horas serían tiempo suficiente para llegar a la ventanilla y ser atendida. ¡Oh sorpresa! “No hay sistema”, me dijo alguien en la fila.

De nuevo, la señorita que atiende estos trámites salió para repetir: “No hay sistema”. Ante los reclamos de las y los derechohabientes se defendió diciendo que no era un problema de la clínica sino que era una situación a nivel nacional. Y debe ser porque, de al menos otras cinco personas he escuchado que en sus clínicas, con frecuencia, “No hay sistema”. Tratando de conciliar, ante un inconveniente que escapaba de sus manos, la empleada ofreció revisar los documentos que llevábamos para que así la siguiente vez no fuéramos en balde y tuviéramos que regresar ante la falta de algún papel.

Accedimos. Me quedé en la fila hasta llegar con ella. En el tiempo de espera no pude evitar escuchar las quejas de los derechohabientes por la caída del sistema y el número de veces, tres al menos, que habían tenido que volver por la misma razón. Había molestia, sin duda, un señor incluso trató de organizar, sin éxito, una mini rebelión de asegurados para que presionáramos a la empleada que además “osó” ir al baño antes de volver a su lugar.

La caída del sistema comienza a volverse parte del paisaje en las clínicas del IMSS. Mientras permanecía formada recordé que ya había tenido conocimiento de esta situación pero solamente circunscrita al área de archivo en donde, de manera reiterada, se informaba “No hay sistema” al momento de realizar cualquier trámite.

Unos días después acudí a gestionar una cita para estudios de laboratorio y una radiografía. ¡Oh ingenua de mí! En Rayos X no encontré fila, sólo la respuesta amable de la señorita de la ventanilla informándome “No hay sistema” y, por tanto, citas tampoco. Me indico que volviera al otro día, entre las ocho de la mañana y las dos de la tarde. Después de la contundente respuesta, acudí al laboratorio y me formé un rato en la larga, larga fila con la esperanza de que en algún momento “el sistema volviera”. De hecho, volvió débil y lentamente y el empleado de ventanilla pudo agendar dos citas en un lapso de 10 minutos, después de lo cual “se volvió a ir”, el sistema no el empleado, por supuesto. Al rato, escuché a la jefa del servicio avisar a las personas que seguían formadas que no podía impedir que continuaran ahí pero que no podía ofrecerles la certeza de que ese mismo día pudieran agendar sus estudios. “No hay sistema”, reiteró.

Ya con varios fracasos a cuestas, culpa de la “caída del sistema”, del IMSS no la del Instituto Federal Electoral (IFE) claro, acudí la semana siguiente a la cita regular de control con mi médica familiar y al finalizar la consulta, en que ella se quejó de lo lento del sistema, me dirigí a la farmacia a surtir los medicamentos que me había recetado, no sin antes intentar agendar la cita del mes siguiente, lo que no ocurrió pues, como habrás adivinado, “no había sistema”. “Lláme a este número”, me dijo la asistente, “y agende”.

Por lo general, la atención es rápida dado el número de personas surtiendo las recetas, pero en esta ocasión la fila de farmacia alcanzaba algo así como los 30 metros. ¿Qué pasaría?, me pregunté. Y claro, “no había sistema”, razón por la cual el servicio se volvió lento aunque, debo decirlo, se cuidó que nadie se fuera sin sus medicamentos.

Por supuesto, ese día aproveché para tratar de agendar las citas pendientes y se hizo el milagro. Como la gente buena siempre triunfa o, como afirman las personas creyentes, “Dios es grande”, estando ahí “volvió el sistema” y aunque me tardé un poco lo logré al fin. Como habrás notado no he dicho nada del trámite con el que comencé esta narración, pero, como dice la Nana Goya, “esa, esa es otra historia”.

Una historia más es la de un amigo que en conversación con la subdirectora médica, en la misma clínica, escuchó en voz de ella que “No había sistema”, pero que se debía a que se estaba reprogramando, ¿qué?, ¡¡¡el sistema!!!, para que los expedientes de paciente puedan ser visualizados en todo el país, de manera que la persona sea atendida, sin falta de información, en cualquier lugar de la República, proceso que, sin duda, tenía ciertos grados de complejidad técnica, misma que se reflejaba en el fenómeno “No hay sistema”.

Dicho así, no se puede menos que felicitar dicha iniciativa, pero surge la pregunta sobre la pertinencia de mudar de un sistema a otro sin perjudicar a las y los usuarios y sobre la operación de medidas temporales que permitan continuar con la atención de manera eficiente. Por ejemplo, ¿por qué no echar mano de las libretas donde antes se anotaban las citas, por lo menos los días en que “No hay sistema”?, en lugar de obligar a la gente a hacer largas filas, esperar durante horas y volver a su clínica una y otra vez hasta contar con la suerte, o el favor de Dios, de llegar justo en el momento en que “el sistema se digna volver”.

Lo relevante aquí es que la expresión “No hay sistema” circula entre consultorios, pasillos, colas de espera, ventanillas, personal médico, pacientes-impacientes. De seguir así, comenzarán las mini revueltas como aquella que quería organizar el señor en la fila antes dicha. De hecho, me extraña que no hayan comenzado dados los inconvenientes que causa el retraso en la atención, especialmente de pacientes cuyos padecimientos deben ser revisados con la mayor prontitud.

¿Estarán enterados de esta situación el director del IMSS, Zoé Robledo Aburto, el secretario de Salud, Jorge Alcocer Varela, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador? ¿O sólo lo saben quiénes sufren las molestias de “perdone usted, atrás de la raya que estamos trabajando”?  Nada más que sin letrero alguno que lo consigne, sin información, sin saber por qué el sistema se alenta o toma su camino y abandona a la gente frente a la ventanilla después de haber hecho una larga fila.

Se entiende que el primer mandatario no esté enterado pues, en efecto, no puede vigilarlo todo, pero el responsable directo, Robledo, y el secretario del Ramo, Alcocer, deberían estar al tanto y resolver de alguna manera esta situación. Comenzando por comunicar a la derechohabiencia porqué se están causando tantas molestias, para después buscar la manera de minimizarlas.

Gestionar y comunicar dice Rafael Yanes, experto en comunicación política, son dos funciones que todo gobernante debe cumplir. La primera supone el “hacer”: obra pública, políticas públicas, programas sociales, reformas legales, cambios de sistemas; y la segunda, decir que se hizo lo que se hizo, se está haciendo o piensa hacer. De esta manera, se reduce la incertidumbre y la inconformidad ante situaciones como las que aquí he narrado.

¡Por favor!, que alguien les comunique a los funcionarios aquí mencionados lo que está pasando en las clínicas del IMSS para que tomen cartas en el asunto, de una u otra manera, y no dejen que se extienda, como una enredadera, la duda en torno a si son ineficientes o alguien ajeno al gobierno de la Cuarta Transformación está saboteando la operación del IMSS.

Mirada desencantada

La que recién termina fue una mala semana para Xóchitl Gálvez Ruiz, primero por el escándalo desatado por Marko Cortés Mendoza, presidente nacional del Partido Acción Nacional, uno de los tres que la postulan como precandidata a la presidencia de la República por la coalición “Fuerza y Corazón por México”, que algunos ya comienzan a llamar, después del tiro en el pie que se y les disparo “Markito” Cortés, “Afuerza Robazón por México”. Si no te acuerdas de qué trató este escándalo vuelve a leer mi artículo de la semana pasada, justo en esta parte.

Segundo, por el rechazo del actor y productor de cine Eduardo Verástegui, quien no consiguió el número de firmas necesarias para competir como candidato independiente a la presidencia de la República, para unirse a ella y su coalición. Tremendo repasón le dio quien podría ser considerado un personaje político menor a la nada más ni nada menos que casi seguro próxima candidata para disputar la silla presidencial, junto con Claudia Sheinbaum Pardo, de “Sigamos Haciendo Historia” y Jorge Álvarez Máynez de Movimiento Ciudadano.

De pena ajena, dirían algunos, que un aspirante sin partido, estructura ni organización tenga más oficio político que una candidata presidencial y un líder de partido político y a las pruebas me remito. Si a Xóchitl se le hizo fácil decir que en su grupo todo mundo tenía cabida, sin importar diferencias programáticas ni ideológicas, a Verástegui, por el contrario, la propuesta le resultó fuera de lugar, pues tienen posturas contrarias en temas como: aborto, legalización de las drogas, socialismo, matrimonio igualitario, infancias trans, servicio gubernamental y corrupción. En este último punto, arremetió duramente Verastegui al afirmar que:

México está mal por culpa de ustedes, quienes lo gobiernan o han gobernado, y allí incluyo a muchos de tus amigos, muchos de los que ahora van en tu lista y te incluyo a ti misma. Los mexicanos que votaron por AMLO lo hicieron porque estaban cansado de ustedes, de toda la corrupción en la que ustedes han estado envueltos…

Así o más claro. No todo mundo está dispuesto a hacer los acuerdos, que en lo oscurito y abiertamente, por falta de oficio político o exceso de cinismo, han hecho o están listos para firmar Xóchitl y sus aliados.

<em>Ivonne Acuña Murillo.</em><br>
Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales. X: @ivonneam

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