La diferencia con Anora es que Ani no se conforma, no se resigna, lucha hasta donde su posición social le permite alcanzando una dignidad que no lograron Charity ni Cabiria.
Por: Ivonne Acuña Murillo
Una vez al año la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos o AMPAS por sus siglas en inglés, Academy of Motion Picture Arts and Sciences, fundada el 11 de mayo de 1927 en Los Ángeles, California con el objetivo de promover la industria del cine, hace entrega del premio Óscar a lo Mejor de esta industria. En 2025, la ceremonia se llevó a cabo el domingo 2 de marzo en el teatro Dolby de Los Ángeles, Estados Unidos, como es costumbre.
Veintitrés fueron las categorías premiadas durante la ceremonia del Óscar, a saber y en ese orden: Mejor actriz de reparto; Mejor cortometraje de animación; Mejor película de animación; Mejor guion original; Mejor guion adaptado; Mejor maquillaje y peluquería; Mejor diseño de producción; Mejor diseño de vestuario; Mejor película internacional; Mejor actor de reparto; Mejores efectos visuales; Mejor diseño de producción; Mejor montaje; Mejor documental; Mejor fotografía; Mejor cortometraje; Mejor sonido; Mejor banda sonora; Mejor canción original; Mejor actor protagonista; Mejor dirección; Mejor actriz protagonista; Mejor película.
No es, por supuesto, el Óscar el único premio que se otorga a quien participa en una película, existen otros de reconocimiento mundial o regional como: el Globo de Oro, otorgado por la prensa extranjera acreditada en Hollywood; los Screen Actors Guidl Awards, entregados por el Sindicato de Actores de Estados Unidos; los Premios Colón de Oro y los Carabelas de Plata, concedidos en el marco del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva; los Premios Latino, otorgados por la entidad de Gestión de Derechos para los Productores Audiovisuales en colaboración con la Federación Iberoamericana de Productores Cinematográficos y Audiovisuales; el Premio Iberoamericano de Cine Fénix; etcétera.
Hay también los reconocimientos que se entregan en otros países como: el Ariel, otorgado en México por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas; los Premios Goya, otorgados por la Academia Española de Cine; los premios entregados en el Festival de Cannes, Francia; el Festival Internacional de Cine de Venecia; los premios Sophia, entregados por la Academia Portuguesa de las Artes y Ciencias Cinematográficas; los premios Bafta, concedidos por la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión; los Premios Genie, otorgados por la Academia Canadiense de Cine y televisión; el Cóndor de Plata ofrecido por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina; el Premio Caracol otorgado por la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba; el Premio Colibrí entregado por la Academia de las Artes Audiovisuales y Cinematográficas del Ecuador; el Gran Premio de Cine de San Salvador; los premios Fuzion en Honduras; los premios INCINE de Nicaragua, los premios ACACV de Venezuela, los Premios de Cine de Nueva Zelanda y muchos, muchos más.
Igualmente, no son sólo películas a las que se ofrecen reconocimientos, se entregan también a cortometrajes, series en streaming o televisión, documentales y demás productos cinematográficos. Asimismo, aunque el conjunto de estas obras ha sido concebido como el “séptimo arte”, nombre otorgado al cine por el crítico Ricciotto Canudo y el periodista francés Georges Sadoul, en su obra Histoire du cinéma mundial, des origines á nos jours, es un hecho que no todo lo ofrecido a través de una pantalla, grande o pequeña, coincide con dicha clasificación. Sin embargo, se puede constatar la existencia de películas que indudablemente hacen honor a esa denominación. Algunas, por cierto, son premiadas vía un Óscar o algún otro de los reconocimientos anotados arriba, mientras que otras no llegan nunca a gozar de alguna nominación en ninguna de las categorías enlistadas. Lo anterior obedece a diversas razones, entre ellas la falta de recursos económicos para hacer la campaña publicitaria que las coloque entre las más consideradas o que el tema tratado no sea de interés para las instancias que promueven los más importantes reconocimientos cinematográficos. Mucho se ha dicho respecto del Óscar que no son sólo criterios técnicos o artísticos los que privan al momento de hacer una nominación y premiar con una estatuilla a determinada cinta, actores, directores y técnicos, sino que razones ligadas a ciertas ideologías e intereses políticos también influyen.
Antes de entrar al análisis de Anora, permítase a quien escribe hacer una pequeña digresión en torno a las películas en general. Podría decirse que estas son: “lecciones para la vida”, “oportunidades para educar y socializar a las grandes mayorías”, “ocasión para la crítica política y social”, “una manera de adoctrinar a la gente”, “un vehículo para hacer conciencia”, “ficción sobre algo que no ha ocurrido ni ocurrirá”, “simple y puro divertimento”, “una forma agradable, excitante o terrorífica de pasar el tiempo”, “gozo y ensoñación”, “disfrute de realidades alternativas alejadas de la propia vida”, “maneras de fugarse de una existencia triste o sin sentido”, “pretexto para comer y comer palomitas saladas, dulces o combinadas”, etcétera. El para qué de su disfrute depende de aquello que cada quién busque al entrar en una sala de cine o perderse en su pantalla individual. Lo cierto es que una película puede trasportarte, a través de escenas bien planeadas, una música conmovedora, romántica, dulce, profunda, quemante, nostálgica, colores vivos o apagados, buenas o malas actuaciones, guiones bien o mal escritos, historias mejor o peor producidas y contadas, a mundos desconocidos en los que seguramente no has estado ni estarás, tanto del presente como del pasado y el futuro.
Así vistas, las películas son el resultado de múltiples factores. Son productos culturales nacidos del más puro interés artístico y de la más luminosa inspiración; son cintas nacidas de la intención de contar una historia y avivar la memoria; son el resultado de diversas formas de concebir la vida y al mundo; son utopías que buscan arreglar lo que no funciona o distopías que buscan advertirnos de la posibilidad de un futuro apocalíptico; son la traducción cinematográfica de las obras maestras de grandes escritores y escritoras; son, igualmente, anticipaciones de lo que se está por vivir o confirmación de lo que ya se ha vivido; son, en muchos de los casos, parte de una industria del entretenimiento en la que el objetivo prioritario es ganar dinero, mucho dinero, de ahí que muchas de las cintas filmadas en los últimos años obedezcan a una especie de lógica maquiladora en la que se “mezclan” elementos que apelan a diversos públicos a partir de criterios como la etnia, el color de piel, la nacionalidad, la orientación e identidad sexual, el nivel socioeconómico, las características físicas, etcétera, tratando de asegurar una mayor audiencia y millonaria recaudación en taquilla. Esto y mucho más son las películas.
Volviendo a Hollywood, cuyo peso dentro de la industria del cine es innegable, habrá que mencionar a aquellas películas que tenían mayores probabilidades de obtener una estatuilla. Los nombres y la clasificación aquí comentada se tomó de la plataforma Rotten Tomatoes, considerada una de las fuentes más confiables respecto de la crítica cinematográfica, y en la cual se consignan dos tipos de calificaciones, la otorgada por la crítica y la hecha por el público.
En primer lugar aparece la película Aún estoy aquí (I’m still Here) cuyas calificaciones 95% y 98% corresponden a la crítica, la primera, y al público, la segunda. Las siguientes películas se presentan siguiendo la misma enunciación: Wicked con 93% y 95%; Anora, 93% y 90%; Cónclave, 93% y 86%; El Brutalista 93% y 83%; Duna, parte dos, 92% y 95%; Nickel Boys, 90% y 77%; La sustancia, 89% y 75% y Emilia Pérez 70% y 30%.
Como puede observarse, Anora, dirigida por Sean Baker, aparecía en tercer lugar en las preferencias de los críticos y el público. Al final de la noche, esta película se llevó cinco premios Óscar: Mejor dirección, Mejor guion original, Mejor edición, Mejor actriz y Mejor película.
Anora, que bien puede ser considerada como la “cenicienta trágica” cuenta la historia de una joven bailarina de table dance, estelarizada por Mikey Madison quien ganó el Óscar a Mejor Actriz, y su lucha feroz por defender aquello que considera se ha ganado, haciendo una crítica social de aquellas élites que suponen que su dinero les da el derecho para “jugar” con los sentimientos, la dignidad y las expectativas de quien no lo tiene.
No siendo el objetivo contar la trama de esta cinta, de Anora puede decirse que se define por una bien lograda caracterización de les personajes principales. Ella, una jovencita menuda y físicamente frágil pero con una fuerte personalidad y una madurez dada por una vida difícil. Él (Nicolai protagonizado por Mark Eydelshteyn), un joven hombre rico, hijo de un oligarca ruso, cuyo cuerpo no ha alcanzado aún la robustez ni la madurez de carácter que viene con la edad. A diferencia de ella, él es caprichoso, inmaduro, inconsciente, infantil, acostumbrado a hacer su voluntad sin considerar las consecuencias de sus actos.
El encuentro entre Ani, la cenicienta trágica, y Nicolai, el príncipe azul, es hasta cierto punto fortuito y en un principio parece una historia de amor propia de los cuentos de hadas. En medio de ambos aparecen el abogado de la familia y dos guaruras que parecen miembros de la mafia pero que no se comportan como tales. Uno de ellos, Igor (actuado por Yura Borisov) representa la mirada de quien atestigua la injusticia cometida en contra de Ani, por Ninolai y su madre, y de su fiera resistencia y que, de cierta manera, se convierte en la conciencia que pide una mínima reparación del daño.
Esta película recuerda a otra, Sweet Charity (Dulce Caridad), dirigida y coreografiada en 1969 por Bob Fosse y protagonizada por Shirley MacLaine. Aunque el final en ambas cintas es semejante, en esta el protagonista masculino, John McMartin (Óscar), no es un joven irresponsable, aunque sí una especie de “hijo de mami” que teme al juicio de su familia y grupo social. Por su parte, Charity no lucha como Ani, tristemente se resigna a seguir una dura vida sin amor.
Igualmente, Sweet Charity se basa a su vez en la película italiana Le notti di Cabiria (Las noches de Cabiria) de 1957, dirigida por federico Fellini y protagonizada por su esposa y primera actriz Giulietta Masina, en el papel de Cabiria Ceccarelli, una prostituta de la zona de Ostia en Roma. El personaje de Cabiria fue tomado de una breve escena de la película del mismo Fellini titulada El jeque blanco. En esta película, Giulietta no sólo es cruelmente engañada por el “príncipe azul” sino además estafada.
Tres dramas de mujeres de la llamada “vida galante” o “salida fácil”, cuya existencia se parece pero cuyos contextos no necesariamente coinciden. Tal vez lo que las une, más allá de aquella ocupación con la que se ganan el sustento, es la esperanza de incorporarse, a través del amor, a “una vida decente” alejada de la desaprobación social que supone “el oficio más antiguo del mundo”.
La diferencia con Anora es que Ani no se conforma, no se resigna, lucha hasta donde su posición social le permite alcanzando una dignidad que no lograron Charity ni Cabiria. Aun así, no deja de ser la suya la historia de una Cenicienta trágica
Mirada desencantada
Como se sabe Emilia Pérez es la película con más nominaciones, 13 en total, incluyendo Mejor película, Mejor dirección, Mejor película internacional y Mejor actriz y que desde el momento en que se dieron a conocer los nombres de las películas nominadas pareció tener grandes posibilidades para ganar la mayoría de las categorías en las que fue propuesta, considerando además que ya había ganado otros premios. Sin embargo, su posición frente a la opinión pública se debilitó cuando se dieron a conocer los comentarios publicados en la plataforma de Twitter por su protagonista, la actriz española Karla Sofía Gascón, en torno al Islam, al que describió como “foco de infección para la humanidad que hay que curar urgentemente” y al que calificó como “maravilloso, sin ningún tipo de machismo” y que ilustró con la imagen de una mujer cubierta totalmente por un velo negro en el que se lee “aunque ellas se visten así por gusto (…) Qué asco más grande de humanidad” (en mayúsculas). En un mensaje más se refirió a George Floyd, el hombre afroestadounidense asesinado por la policía en 2020 en Estados Unidos, como un “drogadicto” y un “sinvergüenza”. Por si no bastara, el director del film, Jacques Audiard, afirmó que el español “es una lengua de países emergentes, una lengua de países modestos, de pobres y de migrantes”. La caída en la aprobación de la cinta francesa Emilia Pérez, elevó las probabilidades para que la película chilena Aún estoy aquí se llevará el premio a Mejor Película Internacional, conformándose Emilia Pérez con dos premios Óscar, uno a Mejor Actriz de Reparto para Zoé Saldaña y otro a Mejor Canción para “El mal”, interpretada por Clément Ducol, Camille y Jacques Audiard.
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