Los jaguares del amanecer. Autora: Pilar Torres Anguiano

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Jaguar. González Goyri, 2007.

«Yo voy por un mundo de hierro para convertirlo en un mundo de oro.
No me preocupa si gano o pierdo, lo importante es que yo siga en mi empeño».
Don Quijote de La Mancha.

La juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores, y pierde el tiempo en lugar de trabajar. Los jóvenes ya no se ponen de pie cuando los mayores entran al cuarto. Contradicen a sus padres, fanfarronean en la sociedad, son golosos, irrespetuosos y tiranizan a sus maestros. Esto expresó Sócrates en el siglo V a.C. pero no difiere mucho de lo que hoy se opina sobre la generación actual, a la cual algunos critican por millennials indiferentes y otros, por revoltosos y chairos.

El filósofo alemán F.W.J Schelling, en sus Lecciones sobre Filosofía, hace una exposición sobre el espíritu universitario y la lucha por la verdad como principio básico entre profesores y alumnos.  Advierte que el sentido de esta lucha es el logro de la paz. Así, el papel de la universidad es fundamental, porque es en ella en donde se gestan las ideas que transforman al mundo y se honra al espíritu de la humanidad. Un ávido seguidor de Schelling y de la filosofía idealista era José Vasconcelos, rector de la Universidad Nacional, quien concebía a la educación como motor generador de conciencias y alentador de espíritus y a la universidad como una entidad que debe trabajar por su pueblo. De alguna manera, los filósofos siempre dirigen sus discursos a los jóvenes.

En estos días hemos visto una multiplicidad de opiniones encontradas sobre el conflicto que ha traspasado las fronteras de la UNAM. No faltan los analistas de ocasión dictaminando que los jóvenes son manipulados por distintos grupos de poder. Esta crítica superficial puede estar motivada, entre otras cosas, por ignorancia, arrogancia o quietismo. Peor aun cuando ese quietismo viene de otros jóvenes.

El quietismo fue una propuesta mística del siglo XVII que enseñaba la pasividad y la anulación de la voluntad, pensando que era más probable que Dios le hablara a un alma que se encontrara quieta y sumisa. Alan Watts, filósofo británico de la contracultura en los años 60, consideraba al quietismo como una parodia del espiritualismo que confundía a la búsqueda de paz con oscuridad, indolencia mediocridad y egoísmo. En cambio, Watts propone el activismo pacífico, especialmente en los jóvenes, para levantar la mano en contra de aquello que está mal en la sociedad.

Uno de esos grandes males es el de las asociaciones delictivas, la contrainsurgencia, los grupos de choque, las sectas y las organizaciones políticas que operan en lo oscuro y se infiltran en los movimientos para desacreditarlos (aquello que Norberto Bobbio llama el poder invisible).

Es cierto que los activismos universitarios no están exentos de ser infectados por alguna de esas manifestaciones, pero ese no debe ser pretexto para cruzar los brazos, sino una motivación para ser fiel al compromiso que todo estudiante y todo maestro tiene con la búsqueda de la verdad.

Cuenta una leyenda lacandona que, hace muchísimo tiempo, habitaban la tierra los jaguares del amanecer, que eran los encargados de ayudar al Sol a salir cada mañana para iluminar al mundo, que aún era nuevo. Los jaguares empujaban al sol por el firmamento y libraban una batalla con los jaguares del anochecer, encargados de impedir el paso del sol, para que la oscuridad se extendiera por siempre.

Se dice que hubo una batalla definitiva, pero yo creo que cada determinado tiempo se tiene que volver a luchar. Ahora esta lucha debe ser pacífica. En el mundo siempre hace falta una juventud difícil, inquieta y emprendedora, que desespere a los adultos, que trabaje, cuestione, reclame e impulse los cambios necesarios para que, como en la leyenda lacandona, siga saliendo el sol.

Para los quietistas, los jóvenes siempre serán revoltosos, greñudos, chairos o huevones… los términos varían, pero no el trasfondo de la desacreditación. Otros pensamos que, como dijo Salvador Dalí, lo único malo que tiene la juventud es que ya no formamos parte de ella.

Ayer por la mañana, varios periódicos anunciaban que, poco apoco, vuelven las cosas a la normalidad en la Universidad y el Politécnico. Si eso es cierto, me parece excelente, sobre todo, tomando en cuenta que es en la vida cotidiana, dentro de sus aulas, en sus pasillos, bibliotecas, laboratorios y cafeterías donde los maestros y estudiantes forjan la patria. Uno nunca sabe cuándo se necesitarán más jaguares del amanecer.

@vasconceliana

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