Los chocolates de los hijos de López Obrador. Autor Venus Rey Jr.

1. Había una vez un niño muy pobre que se llamaba Carlitos y que vivía cerca de una fábrica de chocolates. Su papá trabaja ahí, pero el dueño decidió cerrar. Sin dinero y sin trabajo, el papá no podría mantener a la familia y todos morirían de hambre. Pero el dueño de la fábrica convocó a un concurso para que el ganador se quedara con ella. Carlitos ganó, pero cuando se vio ante la disyuntiva de irse a vivir a la fábrica, con todo resuelto, o quedarse con su familia, aun padeciendo estrechez, decidió, claro está, permanecer con la familia. El dueño de la fábrica, conmovido, se dio cuenta que el mayor valor, más que la riqueza y que todo, es la familia, así que invitó a toda la parentela de Carlitos a mudarse a la fábrica y todos vivieron felices para siempre.

2. Hay muchos cuentos de chocolates que tienen un final feliz, y parece que la historia de los chocolates de los hijos del presidente López Obrador podría no ser la excepción. ¿O sí?

3. Leí la investigación intitulada “Sembrando vida y la fábrica de chocolates” que dieron a conocer varios medios y periodistas, entre ellos Carmen Aristegui y la revista Proceso. El texto habla sobre la posibilidad, sin acusar directamente, de que un tal Hugo Chávez, tabasqueño cercano a la familia López Obrador, se esté beneficiando con “Sembrando Vida”, que, como usted sabe, es uno de los principales programas del gobierno federal, presumido por propios y admirado por extraños, entre ellos John Kerry, comisionado presidencial de los Estados Unidos para asuntos del clima y del medio ambiente.

4. El texto señala que el ingeniero agrónomo Hugo Chávez (¡vaya nombre!) ha sido director técnico y consultor de “Sembrando Vida” y al mismo tiempo ha sido asesor de “El Rocío”, la finca y negocio chocolatero de los hijos mayores de López Obrador, y que ello podría suponer un conflicto de intereses, toda vez que el programa “Sembrando Vida” ha centrado sus esfuerzos en el estado de Tabasco –lugar donde está la finca– preponderantemente en el cultivo del cacao, y eso ha sido gracias a Hugo Chávez, que además de empresario del cacao, es, según él mismo ha dicho, amigo de la infancia del segundo hijo de López Obrador.

5. Esto es lo sustancial. Lo demás son datos de los que podemos prescindir, como el tamaño de la finca (poco menos de 50 hectáreas), cómo fue adquirida (por herencia de la madre y donación de unos tíos), desde cuándo los hijos mayores del presidente están en el negocio del chocolate (desde 2014), qué tan importante es Hugo Chávez como empresario del cacao a nivel internacional (es importante), si la empresa de Chávez, Agrofloresta Mesoamericana, ya exporta grano a Europa (ya lo exporta), etcétera.

6. Lo que sí es interesante es que el cultivo del cacao haya tenido prioridad en Tabasco. Se supone que en “Sembrando Vida” la comunidad decide en cada estado a qué cultivos da prioridad, y según la investigación, que señala haberse valido de documentos obtenidos vía transparencia, habría al menos una veintena de granos que la comunidad prefería sobre el cacao, y aun así, Hugo Chávez pudo haber operado para que fuera precisamente el cacao, y no otro grano, el cultivo prioritario, cuando circunstancialmente él es empresario del ramo y asesora a los hijos del presidente, que son también chocolateros y tienen una finca chocolatera en el estado.

7. Pero hay que ser muy cuidadosos y no dejarse llevar por la vorágine en la que siempre incurren los que aman al presidente y los que lo odian. El oficialismo exonera a los suyos y condena a los otros, y lo hace siempre a priori; la oposición también, en eso son todos iguales. No importa si hay o no evidencia. El oficialismo y la oposición se comportan como turbas enardecidas que linchan primero y después ni siquiera averiguan. Han perdido casi toda capacidad crítica y con ello han renunciado a aquello que especifica al ser humano como tal.

8. Tania Gómez y Sergio Rincón, coautores de la investigación, dijeron en vivo, a pregunta expresa del periodista Julio Hernández “Astillero” de si tenían o no pruebas que demostraran que los hijos del presidente López Obrador se están beneficiando con el programa “Sembrando Vida”; que no, que se trataba en todo caso de inferencias y de “abrir una conversación”. O sea, los autores no están acusando ni probando nada. Y en última instancia, si uno lee el reportaje, en todo caso podría inferirse que el que se está beneficiado es Hugo Chávez, no los hijos de López Obrador. Tener una marca de chocolate, tener una finca chocolatera y comerciar con el cacao y sus derivados no es ilegal. Creo que este reportaje no tiene un caso sólido, por lo menos en lo que toca a los hijos de López Obrador, dicho por sus propios autores. Si hubiese elementos contundentes, otra cosa sería; pero los mismos autores admiten que no es así, de modo que, dicho por ellos mismos, se trata de meras suposiciones. Habrá que esperar si se generan elementos supervenientes.

9. Sé que lo que acabo de decir me traerá el reproche, la crítica y hasta el insulto de los opositores de López Obrador. Pero lo que diré a continuación también me los traerá, solo que de parte de los seguidores del presidente. López Obrador descalificó a Carmen Aristegui y a la revista Proceso diciendo que “nunca han hecho periodismo a favor del pueblo”, lo cual es una frase tan vacua y tan populista que suena a música para los oídos de los simpatizantes de López Obrador. También señaló que Aristegui nunca ha estado a favor del movimiento (es decir, el movimiento de López Obrador) y que ella escribe y trabaja para el Reforma, que es el aparato propagandístico del bloque conservador. ¿Resulta que sólo los periodistas que apoyan al “movimiento” son dignos de crédito? ¿Los que no apoyan al “movimiento” son mentirosos, falsos e hipócritas por default? Y aquí la palabra “movimiento”, así manejada, con esa sacralidad, me empieza a dar miedo.

10. Es verdad que los periodistas pueden tener una orientación política, y eso es lo más normal del mundo. La diversidad de opiniones enriquece el debate público. Condenar a los periodistas que no se adhieren al líder es impropio de un régimen que se dice democrático por sinécdoque. Y usar la tribuna presidencial para ello me parece, si no un abuso, sí una exageración, además de que López Obrador siempre ha dicho que él solo responde por su hijo menor de edad, y aquí salió en la defensa de los ya grandecitos. No estoy diciendo que el presidente no tenga derecho a objetar un reportaje periodístico; ese derecho lo tenemos todos los mexicanos. Lo hubiera objetado y ya. La exageración consiste en condenar a los periodistas que no apoyan al manido “movimiento”, haciéndoles pasar como traidores, hipócritas y conservadores (algunos pudieran serlo, claro, pero no todos modo bulk edition), y de erigirse él como portavoz del pueblo, bajo la máxima vox populi vox Dei, que él mismo ha invocado, lo que equivale de algún modo a colocarse en el lugar de un dios. Vaya, por asociación de imágenes e ideas, me figuro a López Obrador como un emperador romano que arroja víctimas a los leones, ante un coliseo repleto de espectadores ávidos de sangre.

11. En suma, una investigación que parece no tener sólido fundamento –esto dicho por sus propios autores– y una sobre-reacción de López Obrador, que aprovechó la investidura que tiene y el carisma que proyecta sobre sus seguidores, para descalificar a todos los periodistas críticos y a toda persona que no piense como él o no se adhiera al “movimiento”.

12. Y para terminar, no olvidemos el sabio refrán: “toma chocolate, paga lo que debes”.

Venus Rey Jr.
Venus Rey Jr.

Compositor de música sinfónica, escritor, ensayista y académico. Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana y Maestro en Filosofía por la Universidad Anáhuac. Su obra musical ha sido presentada en Estados Unidos, Rusia, Alemania, Reino Unido, Italia, Polonia, Ucrania, Austria, Argentina, Perú y México. Ha grabado diez discos de sus composiciones y publicado dos libros de narrativa, tres volúmenes de poesía y diversos ensayos jurídicos y filosóficos en revistas especializadas de la Universidad Iberoamericana, el ITAM y la Universidad Anáhuac. Es colaborador de Grupo Fórmula. Escribe en el diario El Economista y en las plataformas digitales de los periodistas Eduardo Ruiz Healy y Julio Hernández “Astillero”.

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