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¿Locuras de Trump, o Plan Maestro para relanzar el Imperio Americano? Autor: José Reyes Doria

Foto: Facebook (Donald J Trump)

José Reyes Doria | @jos_redo

En su incontrolable megalomanía, Donald Trump cree firmemente que está haciendo historia con su política planetaria de aranceles. Para el presidente de Estados Unidos, el día que anunció su programa arancelario es el día de la liberación estadounidense de las garras del resto del mundo que han explotado y saqueado la riqueza de su país.

La gran mayoría de expertos en comercio internacional, economía y geopolítica coinciden en diagnosticar una suerte de locura en estas decisiones de Trump. Es recurrente el argumento de que la política arancelaria ocasionará daños terribles a la economía estadounidense, que los consumidores, en especial la base social que voto por él, sufrirá las consecuencias, y que provocará un caos internacional que inexorablemente terminará en una recesión similar a la de 1929.

Sin embargo, se han publicado algunos pocos análisis que no se enfocan solamente en la aparente locura de Trump, sino que plantean la hipótesis de que existe cierta racionalidad en su política arancelaria, si se orienta el enfoque hacia posibles objetivos estratégicos de largo alcance. Al respecto, vale la pena comentar, o, mejor dicho, hacer una extensa cita, de un artículo que ha generado interés y polémica, titulado “El plan maestro de Donald Trump para la economía”, escrito por Yanis Varoufakis, exministro de Finanzas de Grecia, dirigente del partido MeRA25 y profesor de Economía en la Universidad de Atenas. 

Sin más, veamos los pasajes centrales del artículo, que ha destacado por proponer una interpretación estructurada y consistente de este asunto:

Los críticos centristas de Trump no han estado prestando atención: la fijación arancelaria de Trump forma parte de un plan económico global que es sólido, aunque sea algo intrínsecamente arriesgado. Su forma de pensar [de ellos] conecta directamente con un concepto erróneo de cómo se mueven el capital, el comercio y el dinero en todo el mundo. Los centristas acabaron creyéndose su propia propaganda: que vivimos en un mundo de mercados competitivos en el que el dinero es neutral y los precios se ajustan para equilibrar la oferta y la demanda de todo. Ese Trump tan poco sofisticado es, de hecho, mucho más sofisticado que ellos en el sentido de que entiende cómo el poder económico en bruto, y no la productividad marginal, decide quién hace qué a quién, tanto a escala nacional como internacional.”

“¿Por qué cree el presidente que los Estados Unidos ha recibido un trato malo? Su principal queja consiste en que la supremacía del dólar los extranjeros la están utilizando de forma que garantiza el declive de los Estados Unidos. Los bancos centrales extranjeros no dejan que el dólar se ajuste a la baja hasta el nivel “correcto”, en el que las exportaciones estadounidenses se recuperan y las importaciones se frenan.”

“Es natural que los bancos centrales europeos y asiáticos atesoren los dólares que fluyen hacia Europa y Asia cuando los norteamericanos importan cosas. Al no cambiar sus reservas de dólares por sus propias monedas, el Banco Central Europeo, el Banco de Japón, el Banco Popular de China y el Banco de Inglaterra suprimen la demanda de sus monedas (y, por tanto, su valor). Esto ayuda a sus propios exportadores a aumentar sus ventas a los Estados Unidos y ganar aún más dólares. En un círculo sin fin, estos dólares frescos se acumulan en las arcas de los banqueros centrales extranjeros que, para ganar intereses con seguridad, los utilizan para comprar deuda pública estadounidense. Y ahí está el problema. Según Trump, los Estados Unidos son un buen samaritano: sus trabajadores y su clase media sufren para que el resto del mundo pueda crecer a su costa.”

Hasta aquí, se vislumbra la situación insostenible que, según Trump (y no solo es él, es un conglomerado poderoso de poderes económicos) cambiará de raíz con su política arancelaria. Estas inercias, cree Trump, pronto llevaran a Estados Unidos a la catástrofe:

“Cuando los déficits norteamericanos superen un cierto umbral, los extranjeros entrarán en pánico. Venderán sus activos denominados en dólares y buscarán otra moneda con la que atesorar. Los norteamericanos quedarán en medio del caos internacional, con un sector manufacturero destrozado, unos mercados financieros en ruinas y un Gobierno insolvente. Este escenario de pesadilla ha convencido a Trump de que tiene la misión de salvar a los Estados Unidos: que tiene el deber de marcar el comienzo de un nuevo orden internacional. Y esa es la esencia de su plan: llevar a cabo en 2025 una conmoción global para poner fin al sistema de Bretton Woods de 1971.”

“Un elemento central de este nuevo orden mundial sería un dólar más barato que siguiera siendo moneda de reserva mundial, lo cual reduciría aún más los tipos de interés de los préstamos a largo plazo de los Estados Unidos. Sólo los bancos centrales extranjeros pueden hacerlo. Pero para que acepten hacerlo, primero hay que provocarles una sacudida. Y ahí́ es donde entran en juego sus aranceles.”

“Trump sabe que sus aranceles no reducirán por sí solos el déficit comercial de Estados Unidos. Su utilidad estriba en su capacidad para conmocionar a los bancos centrales extranjeros y hacer que reduzcan los tipos de interés nacionales. En consecuencia, el euro, el yen y el renminbi se debilitarán frente al dólar. Esto anulará las subidas de precios de los bienes importados a Estados Unidos y no afectará a los precios que pagan los consumidores norteamericanos. Los países con aranceles pagarán de hecho los aranceles de Trump.”

“Pero los aranceles son únicamente la primera fase de su plan maestro. Con unos aranceles elevados como nuevo valor por defecto, y con el dinero extranjero que se acumula en el Tesoro, Trump puede esperar su momento mientras claman por hablar amigos y enemigos en Europa y Asia. Es entonces cuando entra en acción la segunda fase del plan de Trump: la gran negociación. Con los aranceles por un lado y la amenaza de retirar el escudo de seguridad de Estados Unidos (o desplegarlo contra ellos) por el otro, cree que puede conseguir que la mayoría de los países den su aquiescencia.”

“¿Aquiescencia a qué? A una apreciación substancial de su moneda sin liquidar su tenencia de dólares a largo plazo. No sólo esperará que cada interlocutor recorte los tipos de interés nacionales, sino que exigirá́ cosas distintas de los distintos interlocutores. A los países asiáticos, que son los que más dólares atesoran en la actualidad, les exigirá́ que vendan una parte de sus activos en dólares a corto plazo a cambio de su propia moneda (que se apreciará). A una eurozona relativamente pobre en dólares y plagada de divisiones internas, Trump puede exigirles tres cosas: que acepten cambiar sus bonos a largo plazo por bonos a muy largo plazo o incluso perpetuos, que permitan que la fabricación alemana emigre a Estados Unidos, y, naturalmente, que compren muchas más armas fabricadas en los Estados Unidos.”

“Cuando un gobierno extranjero acceda a sus demandas, se habrá́ apuntado otra victoria. Y cuando algún gobierno recalcitrante se resista, los aranceles no se moverán, proporcionando a su Tesoro un flujo constante de dólares de los que podrá́ disponer como mejor le parezca. Una vez completada esta segunda fase de su plan, el mundo se habrá́ dividido en dos bandos: un bando protegido por la seguridad norteamericana a costa de una moneda apreciada, la pérdida de plantas de fabricación y la compra forzosa de exportaciones norteamericanas, incluidas las armas. El otro campo estará́ estratégicamente más cerca tal vez de China y Rusia, pero todavía conectado a los EEUU a través de un comercio reducido que todavía proporcionará a los EEUU ingresos arancelarios regulares.”

Bien lo dice al final Yanis Varoufakis: el Plan Maestro puede fallar y, con ello, hundir al gobierno de Trump en una crisis peligrosísima, y a la economía norteamericana y mundial en una espiral de caos y recesión. Pero esa, piensa Varoufakis, es la apuesta de un jugador empedernido que toda la vida se ha dedicado a jugar con grandes riesgos.

Si, en efecto, el plan de Trump apunta a esta dirección, es evidente que se trata de una tentativa de restaurar un Estado imperial conservador, propio de una derecha más radical que el neoliberalismo. Habrá que ver cómo reaccionan y se alinean los diversos grupos sociales, económicos y políticos de Estados Unidos. Tengamos presentes que la historia económica del mundo, está marcada por movimientos pendulares que obedecen al espíritu de cada época.

Aquí es donde, también entra en juego la afirmación que hizo Trump hace unos días, en el sentido de que buscará acceder a un tercer mandato, recalcando que no era broma su afirmación. Se sabe que la Constitución estadounidense prohíbe expresamente un tercer mandato. Pero Trump apuesta fuerte siempre. ¿Será que, la facción del establishment gringo que sigue a Trump va con todo y por todo, y que, si es necesario recurrir a acciones radicales, como un golpe de Estado, no se detendrán en sutilezas?

Porque hablando de vaivenes y paralelismos históricos, es inevitable la comparación con la antigua Roma. Como los Estados Unidos, por largos siglos Roma fue orgullosamente republicana, pero las contradicciones y las necesidades de la expansión impusieron el modelo político del Imperio. Así, los Estados Unidos, bajo Trump, ahora se quitan la máscara y se reconocen como lo que son: el Imperio, que, acaso, requiere o reclama formas políticas imperiales por encima de su tradición republicana-democrática.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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