Las feministas que polarizan. Autora: Renata Terrazas

Foto: Xinhua

Hablamos mucho del contexto de polarización que vivimos en este momento. Señalamos como culpables a ex presidentes y al actual titular de la administración federal; a funcionarios, legisladores y hasta a comediantes. Pero la realidad es que la polarización es producto de la desigualdad. Y eso jamás debemos olvidarlo.

La desigualdad tiene una connotación económica pero no solamente. Se refleja en la dificultad, si no es que imposibilidad, de grupos vulnerables a acceder a servicios públicos, a exigir la garantía de sus derechos, a acceder a la justicia y a los mínimos estándares de lo que llamamos una vida digna.

En México, esto se refleja en la falta de garantías en el ejercicio de derechos de grupos específicos como lo son las personas viviendo en zonas rurales, pueblos indígenas, personas con alguna discapacidad, jóvenes, personas de la tercera edad, inmigrantes, mujeres, entre tantos otros.

Otras veces, se refleja en la violencia sistemática hacia un grupo y la impunidad reinante que permite y hasta favorece esas violencias. Un caso que ha llenado la agenda en estos días, –y que ¡vaya que nos tardamos!– es el de las violencias de género.

México es un país feminicida. Duele decirlo, duele escribirlo, pero mal haríamos en negar que asesinar a 10 mujeres al día es una cifra que parece epidemia. Que, si no es eso, sí refleja el desdén de un Estado y una sociedad hacia la mitad de sus habitantes.

Porque los Estados modernos continúan demostrándonos que pueden existir para beneficio de unos cuantos. El ideal democratizador parece que se quedó estancado con la elección de nuestros representantes, pero no con el acceso a servicios públicos o a derechos básicos como la seguridad y la justicia. Podemos votar, pero nos beneficiamos muy poco de ello ya que algunos sectores de la población continúan en la invisibilidad y no cuentan.

Y en este contexto resulta urgente alzar la voz, hacerse escuchar, hacerse notar.

Cuando le dicen a una mujer que señala un abuso que se quiere hacer notar, la respuesta es sí; porque el silencio ha perpetuado el acoso y las violencias hacia las mujeres. Cuando a las mujeres feministas que marchan y pintan las calles, los monumentos y las paredes les dicen que lo hacen por llamar la atención, la respuesta es sí, porque parece que el acoso, las violaciones, desapariciones y feminicidios no forman parte de la agenda pública hasta que alguien decide vandalizar su ciudad.

Si hoy alguien me pregunta que estamos polarizadas le respondería que sí, que la polarización refleja una realidad donde las mujeres tenemos nuestros derechos limitados por las violencias de un Estado y una sociedad que nos considera ciudadanas de segundo orden, propiedad privada o seres inferiores. En este gobierno, en el anterior, el anterior, el anterior…

Y no, no todas las mujeres padecemos el machismo de igual forma. La desigualdad económica inclina la balanza y pone en peor desventaja a aquellas mujeres viviendo en zonas de alta marginación, pobreza e inseguridad. La edad resulta también en un factor de riesgo.

Y tampoco es que todos los hombres sean feminicidas ni violadores, pero debemos recordar que el punto no se centra en quienes no matan ni violan sino en que prácticamente todas las mujeres hemos sufrido de algún tipo de violencia por el simple hecho de haber nacido mujer.

Y estamos en un punto donde nos encontramos hartas y queremos acciones, compromisos de un Estado y una sociedad de la que formamos parte. Necesitamos respuestas de un presidente por el que votamos o, aunque no hayamos votado por él. Porque, parece broma que hay que señalarlo, pero los feminicidios no se tratan de López Obrador. Se tratan del pacto de impunidad de un Estado que con indolencia ve que nos están matando.

Y este hartazgo y las movilizaciones que traiga consigo no son para cargarle el peso de ser oposición. Exigir justicia y el cese a la impunidad no es oponerse a ningún gobierno, ni aliarse con nadie. No imagino al feminismo aliado con partidos de derecha.

Hay muchas dudas en el aire, clamores distintos y posturas conciliadoras hasta las más radicales. Si bien habrá diferentes caminos para avanzar y saldar una deuda con las mujeres y niñas de este país, pero la realidad es que se requiere del Estado y de acciones concretas de este gobierno para asegurarnos que ser mujer no es un riesgo en este país.

@Renaterra_zas

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