Inicio Opinión La vulnerabilidad como potencia. Autora: Aleida Hernández Cervantes

La vulnerabilidad como potencia. Autora: Aleida Hernández Cervantes

Una mujer enciende una lámpara desde su ventana para mostrar agradecimiento al equipo médico mexicano por arriesgar sus vidas en los hospitales y centros de salud. Foto: Xinhua

Grábame un poema por favor, le pedí una noche a Iris Rocío. Su voz leyendo un poema me había suavizado el rostro unas noches antes. Pausada, con énfasis poético y gentil, su voz le proporcionó a mi espíritu una calma necesaria. De pronto me sentí como El Principito cuando le pide a Antoine de Saint-Exupéry, que por favor, le dibuje un cordero. Así estaba yo, mostrando en pleno una necesidad a mi reciente amiga, en un sentido más afectivo del término. Y allí estaba ella, sin preguntar por qué, grabándome el poema de inmediato, fortaleciendo así, la red poético-afectiva que habíamos creado junto a otr@s en medio de la pandemia.

Una gran parte del pensamiento feminista asume que la vulnerabilidad nos permite pensarnos en interdependencia frente a los demás. La vulnerabilidad no se piensa como sinónimo de debilidad sino como la expresión más fiel de lo humano: de esa necesidad que tenemos de los otros para ser y estar en el mundo. Pero el pensamiento centrado en el individuo nos ha llevado por caminos aviesos y oscuros. Ha dado como resultado la cultura del egoísmo radical: cada quien pague la educación que su bolsillo le permita, cada quien pague los servicios de salud que su bolsillo le permita y si no, muera; cada quien aliméntese con lo que pueda, cada quien en su infinita y solitaria individualidad salga adelante…o quédese en el camino. Total, a nadie le importa.

En esa ruta, el egoísmo radical también se volvió política pública en casi todo el mundo. Se privatizó la educación, se privatizó la salud, se privatizaron las pensiones. Todo pasó a gestión privada para que cada quien resolviera los asuntos de su vida. Así, ganó el pensamiento de la irresponsabilidad de unos frente a otros. Se desarticuló la solidaridad como sistema de interdependencia y corresponsabilidad social. Y henos aquí en medio de una pandemia atrapados en el laberinto de una soledad precarizada al máximo.

La situación en la que nos encontramos todos y todas, obligadas por la epidemia a mantenernos en casa, en aislamiento, sin libre movilidad, con nuestra vida en muchos sentidos suspendida, con el acecho de que el virus entre a nuestra vidas en forma de abrazo o por los zapatos, que pueda afectar a alguno de nuestros seres queridos, nos coloca a todos en una situación de extrema vulnerabilidad. Aquí sí hay lugar para los vulnerables. Y hoy más que nunca hay que convertir esa vulnerabilidad en potencia para tejer sólidamente la conciencia de nuestra interdependencia. Mostrar nuestra vulnerabilidad y mirar la de los demás, es lo mejor que nos puede pasar en estos momentos, porque a partir de ello nos debe quedar claro que no somos sin los otros y que los otros, no son sin nosotros. Que es necesario consolidar formas de solidaridad social, tanto en las políticas públicas como en todas las relaciones sociales. Consolidando así, una organización social que tenga como criterio la creación de sistemas de solidaridad social en sentidos amplios como el fortalecimiento a la economía local así como redes de apoyo a la violencia contra las mujeres, entre muchas otras expresiones de organización social solidaria.

Esta vez nadie se debe quedar en el camino sin que hayamos hecho hasta lo imposible, todos, para que eso no suceda. La vulnerabilidad, esta vez, nos debe traer potencia colectiva y afectiva.

hernandezcervantes.aleida@gmail.com
Aleida Hernández Cervantes
Investigadora del Centro de Investigaciones
Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades
de la UNAM y profesora de la División de Estudios de Posgrado
de la Facultad de Derecho

Deja un comentario

Discover more from Julio Astillero

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading