La Reforma Electoral de López Obrador: ¿camino de la democracia o de la dictadura? Autor: Venus Rey Jr.

1. El presidente ha presentado con frecuencia iniciativas de ley que son anticonstitucionales y ha emitido decretos que de tan mal hechos causan preocupación, pero la propuesta electoral que presentó hace unos días es, creo, muy buena. No solo se trata de una reforma electoral, sino de una reforma democrática profunda y de gran envergadura.

2. El tema ha estado presente desde hace varios meses. Hay una actitud hostil del presidente hacia el INE y hacia el Tribunal Electoral. López Obrador sostiene que en 2006 ese instituto (que en aquel entonces era el IFE) avaló y convalidó un gran fraude: el IFE, el presidente Fox, el candidato Calderón, el PRI, los grandes empresarios y los medios de comunicación habrían fraguado y ejecutado el fraude, lo que retrasó en doce años la llegada de la izquierda al poder. Y no solo eso. López Obrador también afirma que el INE participó en un segundo fraude a través del cual un títere de Televisa llegó a la presidencia de la república, y como prueba –y parece que en esto la razón le asiste en cierta medida– está el hecho de que la campaña de Peña Nieto fue ilegalmente financiada mediante el desvío de recursos de Pemex, como ahora se sabe, sin que la autoridad electoral hubiera hecho algo. En fin, desde la óptica de López Obrador, el INE ha funcionado más como un instrumento para burlar a la democracia, y por eso no se ha ahorrado palabras para denostarlo y proponer su desaparición.

3. Debo confesar que yo me temía una propuesta antidemocrática de reforma electoral, y no porque me lo imaginara con base en alucinaciones sin fundamento, sino porque el discurso del presidente así lo hacía pensar. Yo esperaba que la propuesta desintegrara al INE y que facultara a la secretaría de gobernación a organizar las elecciones, tanto federales como locales, y que se suprimieran los diputados y senadores de representación proporcional, quedando como único método de elección del congreso la mayoría relativa. De haber sido esta la propuesta, López Obrador habría aparecido ante los ojos de millones de mexicanos como un hombre de espíritu totalitario y dictatorial. Pero no. La propuesta contiene puntos valiosos que fortalecerían nuestra democracia.

4. Desde el momento en que se empezó a conocer la propuesta de López Obrador, los “nos” de la oposición se hicieron oír. Un diputado del PAN (Romero) dijo: “defenderemos a muerte la representación proporcional”; otros actores políticos y, sobre todo, algunos medios, acusaron que la propuesta eliminaba a los legisladores plurinominales. Se ve que quienes así reaccionaron, ni siquiera habían leído la propuesta. El proyecto propone precisamente lo contrario: elimina a los legisladores de mayoría relativa. Por lo pronto hay que decir que los 300 diputados que habría (ya no 500) serían todos electos por representación proporcional. Lo mismo los 96 senadores (ya no 128). No hay sistema más democrático en el mundo que la representación proporcional pura. Más democrático que esto, nada; y es lo que está proponiendo López Obrador.

5. Como usted sabe, hoy en día hay 300 distritos electorales federales, y en cada uno de ellos se elige a un diputado por mayoría relativa. Esto es antidemocrático y permitió al PRI perpetuarse 70 años, y podría permitir a Morena perpetuarse otros 70. En la mayoría relativa gana el candidato que obtiene más votos, aunque no llegue a la mitad. Así, por ejemplo, en un distrito determinado el candidato A obtiene 38%, el B 33% y el C 29%; pues bien, el candidato A se queda con el cargo, como si todos hubieran votado por él, cuando la verdad es que la inmensa mayoría (62%) no lo eligió. Es un sistema injusto, antidemocrático y miserable. La propuesta del presidente corregiría este sistema en lo que a la elección del Congreso de la Unión toca, pero desgraciadamente no lo extiende a la elección del presidente ni de los gobernadores.

6. En la propuesta de López Obrador ya no habrá diputados de mayoría relativa; todos serían de representación proporcional. Los partidos tendrían asignaciones de diputados conforme a la votación que hubiesen obtenido en la elección, en cada entidad federativa, de manera proporcional. Esto es la democracia: todos estarán representados, y el número de diputados en la Cámara será fiel espejo de las preferencias electorales del pueblo. Me parece que este es el punto más sobresaliente de la propuesta del presidente, aunque debe ser afinado a fin de que pueda ponerse en práctica. Los estados tendrían un determinado número de diputados de acuerdo al número de electores que exista en cada entidad. El Estado de México, por ejemplo, cuya lista nominal es la más grande del país, tendría 40 diputados; estados como Campeche, Baja California Sur o Colima, sólo tendrían 2. Es fácil asignar 40 diputados conforme a los porcentajes de votación que obtenga cada partido, pero ¿cómo se asignan dos diputados de manera proporcional entre, digamos, cinco o seis partidos? Esto no lo contempla la propuesta, y por eso sería un desatino aprobarla sin moverle una coma, como quiere el presidente. La idea de la representación proporcional es muy buena, y es el método más democrático que existe, pero debe estar muy bien implementado para que funcione. La propuesta del presidente se queda corta en este punto.

7. Algo similar sucederá con la elección de senadores. Ya no serán 128, sino 96, tres por cada entidad federativa, y se elegirán de manera proporcional. La propuesta deja cabos sueltos, pues solo se eligen tres senadores por entidad. El sistema que hoy es vigente no es malo: dos senadores de primera mayoría y un senador de primera minoría, por cada entidad, más 32 plurinominales. El problema del nuevo sistema es cómo se van a dividir tres senadores tantos partidos. ¿Cómo se van a fraccionar?

8. Hay mucho miedo en cuanto a la desaparición del INE. La verdad no es tanto que “desaparezca” el INE en la propuesta del presidente. Cuando el IFE se transformó en INE nadie repeló y nadie pensó que estuviera desapareciendo nada. El presidente se ha moderado en este punto. Es más una “transformación” que una “desaparición”. Recordemos que al principio decía que las elecciones debían organizarse desde la secretaría de gobernación, lo cual sería monstruoso. Pero no. El presidente plantea una transformación profunda del órgano electoral. Seguirá siendo un organismo constitucional autónomo y, a mi juicio, el sistema de designación de sus integrantes garantiza independencia, autonomía, imparcialidad y, muy importante, probidad y conocimiento técnico.

9. Hoy en día los consejeros del INE son nombrados casi como “cuotas” partidistas. Mucha gente cree que el INE es perfecto y que no hay que moverle ni un pelo: “Yo defiendo al INE”, dicen, pero la verdad es que hay que corregirlo, perfeccionarlo, democratizarlo y fortalecerlo. En la designación de los siete consejeros participarían los tres poderes de la Unión, y la última palabra la tendrían los electores. Mire usted la paradoja: hoy en día el órgano electoral, garante de la democracia, no es democrático en su conformación. La propuesta del presidente es democrática, y a final de cuentas el pueblo tendrá la última palabra en las urnas –que es como debe ser– en cuanto a quiénes integrarán el órgano electoral y quién lo presidirá. Ya no más dedazos ni cuotas partidistas. El órgano garante de la democracia tiene que ser demócrata él mismo, y en mi opinión la propuesta del presidente abona a ello. No se vale decir que el electorado es bruto e ignorante y que no debe votar la integración del órgano electoral, porque es una cuestión técnica solo para expertos; eso es hablar desde una hipócrita superioridad, y voy a explicar por qué.

10. Cuando alguien dice “el pueblo es ignorante”, lo dice excluyéndose del pueblo, desde una posición de insostenible jactancia, como diciendo “yo no pertenezco al pueblo, esa masa ignorante e inmunda”, como si fuera una vergüenza ser pueblo. Menospreciar al pueblo es no entender la democracia. Es más, despreciar al pueblo es una de las actitudes más antidemocráticas que existen, porque la democracia es, en su más profunda esencia, el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Resulta paradójico y ridículo que quienes rebajan al pueblo digan que la propuesta del presidente es antidemocrática: lo antidemocrático es sostener que el pueblo es ignorante e incapaz de tomar sus propias decisiones, y que por eso debe haber “iluminados” que lo hagan en su lugar. ¿Capta usted la contradicción? Una cosa es que un consejero electoral deba tener necesariamente conocimientos técnicos en la materia, y ello se garantiza con la participación de los tres poderes de la unión en la propuesta de candidatos; y otra cosa totalmente distinta es negar al pueblo el derecho de participar en la elección de autoridades electorales, asumiendo que el pueblo es estúpido e ignorante. ¿O somos demócratas o no somos demócratas? Lo mismo hay que decir respecto a la integración del Tribunal Electoral.

11. Otro punto controvertido es la desaparición de los institutos electorales de los estados, de manera que habría un solo órgano electoral nacional. Se dice que esto atenta contra el federalismo, que es una propuesta centralista, estilo Santa Anna, pero eso es no entender el federalismo. Esta forma de Estado distribuye las facultades entre un poder central (la federación) y los estados miembro. En todas las federaciones (Estados Unidos, Alemania, Suiza, Canadá, Argentina, Brasil, México, etcétera) los estados miembro delegan facultades al centro, y esto es perfectamente normal. En lo que toca a esta propuesta, se garantiza la democracia a nivel estatal, lo cual fortalece el federalismo; solo que el árbitro será un órgano nacional, constitucional y autónomo, lo cual además añade imparcialidad. No nos hagamos tontos: muchos órganos electorales de los estados funcionan mal y sirven al gobernador en turno. Además está la duplicidad, no solo de funciones, sino de presupuestos. No creo que un órgano nacional electoral atente contra el federalismo ni la democracia; al contrario, creo que los fortalecería.

12. Hay muchos puntos más que deben ser analizados. No puedo agotarlos en un simple artículo de opinión. De entrada, y en lo general, me parece una propuesta interesante. Hay que ajustarla, perfeccionarla, depurarla y podría lograrse una gran reforma democrática. Hoy en día tenemos una democracia muy imperfecta y viciada, totalmente controlada por los partidos, a tal grado que se podría hablar más de una partidocracia que de una democracia. Todos los partidos han provocado esta infamia, incluso Morena; aquí nadie es inocente. La mafia del poder son todos los partidos, sin excepción. La propuesta del presidente acota el poder de los partidos y da fuerza al ciudadano.

13. Si López Obrador adopta la actitud de que no debe moverse ni una coma a su propuesta, fracasará y la reforma no pasará, y en ese sentido se podrá decir, con razón, que nació muerta. El presidente tiene que negociar; los partidos de oposición tienen que negociar, todos tienen que ceder algo, porque esta reforma conviene a todos, particularmente a la oposición. Por ahí hay una gráfica que publicó el diario Reforma en la cual se lee que si la propuesta del presidente aplicara hoy, el bloque de la 4T tendría 75% de los diputados y el 63% de los senadores, contra el 55% y 59% que ahora tienen. Este tipo de notas causan mucho miedo y hacen pensar a muchos que vamos camino a convertirnos en Cuba o Venezuela, pero basta con hacer un sencillo ejercicio para darnos cuenta que la información de Reforma está equivocada. En números redondos, en las pasadas elecciones federales de junio de 2021 Morena y aliados obtuvieron 52% de los votos y la oposición 46%. La verdad es que Morena no arrasó como ellos sostienen. Fue una votación muy pareja: no fueron ni 3 millones de votos de diferencia (Morena y aliados: 25.6M votos; oposición: 22.7M votos). Si se hubiera aplicado el sistema de representación pura en la Cámara de Diputados, Morena y aliados tendrían, números redondos, 156 legisladores y la oposición 138 (de 300, claro), es decir, 52% y 46% respectivamente (no me cierran las sumas en 300 y 100 por la cuestión de los votos nulos y las candidaturas independientes). O sea, proporcionalmente Morena y aliados tendrían menos diputados; nada que ver con el 75% que publicó el diario Reforma.

14. Respondiendo la pregunta en el título de este artículo, creo que la reforma que presentó López Obrador está más en el camino de la democracia que en el camino de la dictadura.

Venus Rey Jr.
Venus Rey Jr.

Compositor de música sinfónica, escritor, ensayista y académico. Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana y Maestro en Filosofía por la Universidad Anáhuac. Su obra musical ha sido presentada en Estados Unidos, Rusia, Alemania, Reino Unido, Italia, Polonia, Ucrania, Austria, Argentina, Perú y México. Ha grabado diez discos de sus composiciones y publicado dos libros de narrativa, tres volúmenes de poesía y diversos ensayos jurídicos y filosóficos en revistas especializadas de la Universidad Iberoamericana, el ITAM y la Universidad Anáhuac. Es colaborador de Grupo Fórmula. Escribe en el diario El Economista y en las plataformas digitales de los periodistas Eduardo Ruiz Healy y Julio Hernández “Astillero”.

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