La presa de Santos y las otras juventudes potosinas. Autor: Federico Anaya-Gallardo

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Presa El Peaje
Presa El Peaje, antes presa Gonzalo N. Santos.

Dicen que dijo El Alazán Tostado, cuando fueron a avisarle que a una presa construida en su gobierno le habían quitado el nombre Gonzalo N. Santos: “—Pero bien que no quitaron la presa, ¿verdad?”. Santos es ejemplar por su sinceridad (a un tiempo la del cínico y la del impune), por su agudeza y por su superficialidad. En su anecdotario está también el dicho de que a él se debe el cierre de la Facultad de Humanidades de la UASLP en 1962. Esta escuela se concibió como parte de la resistencia de la clase media universitaria del medio siglo al régimen santista. Era producto y parte del primer navismo –y permaneció en el imaginario de varias generaciones de jóvenes potosinos que hubiesen deseado estudiar humanidades y ciencias sociales en su tierra. La facultad publicó una revista en 1959 y 1960 en la que se trabajó en la recepción potosina de la obra de autores como Benedetto Croce (1866-1952), José Ortega y Gasset (1883-1955) y Jean Paul Sartre (1905-1980). (Se puede leer un análisis del discurso de esta revista en Irma Guadalupe Villasana Mercado, “El discurso ideológico de la Revista de la Facultad de Humanidades [1959-1960], de la UASLP”, en  Estudios del Discurso, Vol. 3, № 1, 2017.)

Podemos imaginar el disgusto de Santos con una revista que trataba de las ideas de un italiano liberal de izquierdas opositor a Mussolini, un español liberal asustado de la irrupción de las masas en política pero exiliado por el régimen franquista, y un francés marxista que apoyaba la independencia de Argelia. Dice el dicho que Santos consideró como un peligro para la sociedad potosina –como él la conocía y a la que él sabía manipular– la existencia de esa Facultad de Humanidades. El viejo huasteco intuía, correctamente, que cualquier tipo de ideas radicales pueden aparecer en la mente de los jóvenes cuando se empiezan a debatir autores y temas como los mencionados.

Cuarenta años después, en 2002, la UASLP abrió su Coordinación (hoy Facultad) de Ciencias Sociales y Humanidades (FCSyH). En su página www, esta institución reconoce como antecedente directo a la Facultad cerrada en 1962. Sus frutos permiten corroborar que los temores santistas… eran ciertos.

Hagamos un repaso a vuelo de águila sobre sus publicaciones: La rebelión frente al espejo: Desigualdad social, diversidad étnica y subordinación de género en la guerrilla de Guatemala (1960-1996) (Carrillo, 2008), Globalización, procesos locales, territorios y cambio sociocultural en San Luis Potosí (Rivera G., 2010), Etnia, género y clase en el discurso y la práctica de las izquierdas de América Latina (Urrego & Carrillo, eds., 2012), Diagnóstico de las juventudes potosinas en el siglo XXI: Avances y retos para una política pública e incluyente (Rivera G., coord.; Montes & Saldaña, antropólogos, 2016 disponible gratuito en www), Atlas de la violencia en América Latina (Solís & Moriconi, coords., 2018 disponible gratuito en www). Los simples títulos muestran no sólo que los graves problemas de la sociedad contemporánea están entre los intereses del claustro académico, sino que ese claustro participa en el debate de los problemas potosinos más urgentes.

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Cuando se abrió la coordinación en 2002 esta institución rescató y continuó los esfuerzos del Instituto de Investigaciones Humanísticas de la universidad, fundado en 1984 –en los días del segundo navismo. También recuperó la tradición histórica que El Colegio de San Luis (1997) y a través de éste, la de la Academia de Historia Potosina (1965) una asociación civil producto del primer navismo. Academia, historia y política de oposición han ido juntas –a pesar de un ambiente institucional que por cuatro décadas impidió a la juventud potosina estudiar sociología, antropología o siquiera historia en su tierra natal. Santos era superficial: construía presas pero no sabía que al pensamiento no se le puede represar.

Es verdad sabida que, en materia de justicia, ningún esfuerzo se pierde y que ninguna lucha desaparece completa en la nada. Incluso la maldad de los injustos puede producir buen fruto: dada la cerrazón santista, para abrir su nueva facultad en 2002, la UASLP debió recurrir sus cátedras a egresados de las universidades de otros estados y a intelectuales de otros países latinoamericanos. Esto trajo personajes, temas y saberes muy diversos que han buscado discutir San Luis Potosí en un contexto más amplio, mexicano y latinoamericano. Esta renovación humanística trajo nuevas floraciones.

En 2012 las facultades de Derecho, Psicología y la FCSyH de la UASLP abrieron la Maestría en Derechos Humanos que desde su inicio ganó reconocimiento dentro del programa nacional de posgrados de calidad (PNCP) de CONACyT. Está por inscribirse la sexta generación y la acreditación PNCP no sólo se mantuvo, sino que se logró la clasificación de programa consolidado. Este último logro se debió en parte a que la maestría colabora con un programa de incidencia, la Clínica de Litigio Estratégico en Derechos Humanos que –bajo la coordinación de Guillermo Luévano Bustamante– acaba de lograr un amparo definitivo a favor del Comité en Defensa de la Vida del Altiplano Potosino. Esta organización, en representación de muchas comunidades, impugnó la autorización dada a un basurero de desechos industriales y mineros que empresarios y ex funcionarios estatales pretendían instalar en el rancho Palula, afectando a los municipios de Santo Domingo, San Luis Potosí, y Villa de Cos, Zacatecas.

¿Quién es Luévano? Un joven académico con doctorado cuya tesis de licenciatura en la Facultad de Derecho potosina, publicada en 2008, ya anunciaba su compromiso: Huelgas, protestas y control social: El movimiento obrero en San Luis Potosí (1919-1936). La calidad de su trabajo de archivo fue avalada por profesores de otras generaciones como Ricardo García López y por contemporáneos suyos como Alejandro Rosillo Martínez. Este último, al tiempo que se lanzaba a trabajar su posgrado, fue consejero ciudadano en la CEDH-SLP (2005-2013) y desde entonces se ha asegurado que praxis y teoría vayan juntos en la enseñanza de la ciencia jurídica y de los derechos humanos. Él fue quien procuró que la tesis de Luévano fuese publicada por la Facultad de Derecho y el Archivo Histórico del Estado y quien impulsó la fundación de la maestría en derechos humanos.

La floración es más compleja. El compromiso de Luévano como estudiante de licenciatura incluyó colaborar con obreros independientes de la Vidriera del Potosí, que entre 2006 y 2008 lograron ganar la titularidad de su contrato colectivo de trabajo contra la CTM y un inusitado aumento salarial. Este movimiento recibió apoyo del pequeño pero firme Partido Obrero Socialista, una agrupación marxista de orientación trotskista. El recuento de esta experiencia de trabajo jurídico de base está recapitulado en la tesis doctoral de Luévano: “Los trabajadores de la Vidriera del Potosí: entre el corporativismo y el movimiento social” (CIESAS-Occidente, 2012). El día 20 de enero de 2009, en el Foro Social Mundial subsede San Luis Potosí, Luévano había hecho el recuento de las luchas potosinas recientes y, refiriéndose al aparente fracaso del movimiento contra la Minera San Xavier, dijo que “tiene esperanza aunque ya no haya cerro.” La lucha de Palula y el éxito del amparo en 2018 son prueba de esa esperanza convertida en acción y victoria. Investigación-acción, ese es el tipo de ciencias sociales y humanidades que tanto temió El Alazán Tostado.

Este y otros ejemplos similares los han seguido otros jóvenes clasemedieros de la capital potosina en las últimas dos décadas. El 1 de mayo de 2007 cinco de esos jóvenes fueron arbitrariamente detenidos luego de participar en la marcha obrera. Específicamente, protestaban contra la Minera San Xavier. Fueron golpeados y humillados. Uno de ellos apenas tenía 16 años. El mayor contaba 25. Cuando uno de ellos dijo a los policías que los golpeaban en el edificio de la seguridad  pública que eso no lo permitía la Constitución, el represor le contestó “aquí no hay Constitución.” Dos de esos chicos eran estudiantes de Derecho en la UASLP. Muchos otros jóvenes fueron correteados, golpeados y amedrentados ese mediodía. Los que lograron salir del área de la Alameda –adonde ocurrieron los arrestos– fueron a la CEDH a denunciar los atropellos. En los días siguientes, varias compañeras y compañeros de los detenidos se movilizaron, protestaron e hicieron gestiones diversas ante las autoridades. Eventualmente, los detenidos fueron liberados sin cargos. La CEDH documentó en su Recomendación 16-2009 los abusos que sufrieron y los contextualizó como parte de la represión contra el movimiento social generado por la imposición del proyecto minero en Cerro de San Pedro.

De los jóvenes arrestados injustamente el Día del Trabajo de 2007 hoy día tenemos noticia de algunos. Óscar David Reyes Medrano, entonces de 20 años, es licenciado en Derecho y parte de la organización Ganemos… sigue señalando las mil cosas que no permite la Constitución. Francisco Octavio López López, entonces de 16 estudia el doctorado en estudios latinoamericanos en la UNAM (especializándose en filosofía nuestroamericana). De sus compañeros que se movilizaron, Olga Liliana Palacios fue diputada suplente por el PVEM –adonde escandalizó porque hacía trabajo legislativo serio– y luego se ha unido al movimiento de wikipolítica. Reyes y Palacios buscaron ser candidatos a diputados independientes en la elección de 2018. Otros estudiantes de ese grupo, como Juan Pablo Ramírez Atisha y Jorge Valle participan en Sembrar y Florecer, una A.C. que acompaña bandas de la capital potosina con el proyecto “Escuelita Rodante de Derechos Humanos”. La semana pasada esta pequeña organización se pronunció en su muro Facebook en contra del clasismo y en apoyo de El Mijis señalando “el gran trabajo pendiente que tenemos, como sociedad civil, por eliminar toda clase de discriminación”. Todos los que he mencionado en este párrafo han sido parte de la maestría de derechos humanos de la UASLP.

Hay más organizaciones jóvenes. La colectiva La Castilla Combativa ha defendido los derechos de las mujeres con dureza y seriedad. El colectivo Praxis Combativa se ha movilizado para exigir tarifas justas de transporte tanto en la metrópoli potosina como en las zonas indígena-campesinas de la Huasteca. Y aparte hay organizaciones con jóvenes: Educiac, fundada por Alma Nava (quien murió recientemente), se ha distinguido desde hace más de una década por trabajar con jóvenes para jóvenes. La primera vez que estuve en su local, en 2009, quedé fascinado por la exposición que me hizo el joven Juan Gerardo López Amaro, antropólogo de la FCSyH, acerca de su trabajo de maestría sobre las comunidades del norte del estado. Las tesis de ese joven son ejemplo de la floración de que hablo. La de licenciatura, “Juventudes en Cana: La disputa por la ciudadanía” versa sobre reclusos en La Pila (2007). La de maestría, “Soy del campo: Territorio, memoria y autonomía frente al PROCEDE entre los campesinos de Coronados, Altiplano potosino” sobre las identidades de las comunidades en el desierto (2009). Ambas se pueden consultar en los repositorios electrónicos de la UASLP y del COLSAN, respectivamente.

Hace una semana hablé de El Mijis –un joven “del otro lado de las vías” como diría la élite curra de la ciudad vieja de San Luis Potosí. Hoy he hecho mención de estos otros jóvenes “de este lado de las vías”… es decir, del lado clasemediero, burgués y universitario. Hace una semana cité al profesor Azael Rangel quien sostenía que en uno de los exámenes de grado –en el cual una o uno de los jóvenes de quienes he hablado hoy obtuvo el grado de maestría en derechos humanos– El Mijis debería haber sido parte del sínodo, del jurado. Es decir, vestir la toga y el birrete que reconocen el saber porque el luchador social conocía y teorizaba.

Rangel está en lo correcto. La verdadera revolución de las consciencias requiere unir esfuerzos de los dos lados de las vías. Los chicos de Sembrar y Florecer, en su mensaje de solidaridad con El Mijis avisaron: “Desde nuestra trinchera y en distintos espacios, seguiremos mano a mano con las juventudes y bandas potosinas”. Gonzalo N. Santos tenía razón en sus temores. Pero la presa ideológica en la que trató de contener a los potosinos se ha roto. Igual que el agua, la libertad conoce sus caminos. No se puede detenerla por siempre.

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1 COMENTARIO

  1. Pregunta La Finca “El Gargaleote” todavía existe…quienes son los duenos…el hijo el actor , el rejoneador fue mi paciente de manera indirecta y nos platico en la clínica cuando acudía muchas anécdotas increíbles Gastón Santos…(ídolo de nosotros por sus películas en los años 60…Gracias un saludo

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