La preferencia política como placebo de estatus social. Autor: Alberto Carral

Es frecuente, sobre todo entre los sectores sociales con mayor capacidad de compra, que las prácticas de consumo o preferencias personales lleven implícitas, en cierta medida, una estrategia de diferenciación social. Practicar un determinado deporte, acostumbrar a ser asiduo a ciertos establecimientos o viajar a tales destinos turísticos implica, de alguna manera, que un individuo señale su pertenencia o autodefinición a cierto grupo social o clase. El consumo de una bebida en un exclusivo establecimiento o zona comercial, por ejemplo, indica las fronteras sociales entre una clase y otra.

En la sociología de Pierre Bourdieu, con las clases acomodadas, esta selección de productos o servicios mediante sus prácticas de consumo es, en los hechos, una forma de legitimar las diferencias o desigualdades del orden social existente. A través del consumo, estas personas buscan distinguirse o diferenciarse socialmente de otras con las que quieren tomar distancia, generalmente de las capas sociales más desfavorecidas como los pobres, el campesinado, las personas indígenas, las empleadas domésticas. Por eso los sectores sociales más privilegiados, al adquirir tales o cuales productos buscan, entre otras cosas, sentirse «exclusivas», «únicas» o «distintas» del resto de los individuos.

En este sentido, ¿puede la preferencia política caracterizar también una posición o estatus social? En principio no, pues el que una persona opte por una u otra opción política no la coloca automáticamente en una determinada clase social. Pero lo que sí se puede observar en la realidad es cómo optar por una preferencia política puede ser, en casos específicos, un placebo de estatus social.

El recientemente fundado Frente Nacional Anti-AMLO (FRENA) es un buen ejemplo de este tipo de placebo, sobre todo entre la «infantería» de este movimiento. En las entrevistas o declaraciones que circulan en las redes sociales digitales donde aparecen miembros de esta agrupación social no se visualiza una nutrida e irrebatible convicción política en contra del actual gobierno de la República, lo que se observa es un intento de diferenciación social. El analfabetismo político de estas personas, el clasismo, los errores ortográficos en sus pancartas, las imprecisiones conceptuales en su cantinflesca retórica muestra que las diatribas e improperios –no los argumentos– hacia el lopezobradorismo son, para ellos, parte de un repertorio del clasemediero aspiracional.

Al igual que las prácticas de consumo de diferenciación social, el espectáculo, el vituperio y el ostentarse como anti-amloísta aparecen como una estrategia de distinción o, cuando menos, de un placebo de estatus social. Aquí vale la pena recuperar el término esnob, que en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española sirve para designar a quienes intentan imitar las maneras y opiniones de aquellas personas a las cuales consideran distinguidas socialmente.

Es curioso que de todos los asuntos criticados y por criticar del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el clasemediero aspiracional de FRENA opte por el esnobismo, el fanatismo y el delirio en lugar de preferir la opinión fundamentada, informada y democrática. Si el actual gobierno morenista ha llegado a ser desconcertante en ciertas decisiones, con este tipo de opositores se involucra todavía más una situación desesperanzadora y se da cuenta del estado famélico en que se encuentra la oposición en general.

Que el anti-lopezobradorismo de los aspiracionales miembros de FRENA sea más un placebo de estatus social que una opinión política auténtica queda de manifiesto en su incapacidad para defender con solidez su punto de vista; en su ansiedad por distinguirse socialmente de las «sirvientas, jodidos, chairos y mantenidos» que votaron por alguien que, a su juicio, no debe ser Presidente de la República; en su insistencia por los lugares comunes y las consignas desprovistas de sustancia; en su ayuno por la civilidad y en su abstinencia por la reflexión profunda de los problemas públicos.

Las opiniones políticas, para ser tomadas con seriedad, requieren más que manifestaciones públicas. Una opinión política no es como una bebida, un automóvil o cualquier artículo de consumo que, en apariencia, genere exclusividad o distinción.

@carralb_

7 COMENTARIOS

  1. Me parece un artículo excelente. Yo no podría decirlo de la misma manera. Sólo podría añadir que esa gente que sale en sus coches a protestar tontamente y a pedir de manera ingenua que “Anlo” dimita a la presidencia, no parecen clase media.Siempre hemos pensado que ésta,es la que genera corriente de opinión, que es gente ilustrada, preparada; que son las personas que pudieron asistir a una universidad y terminar una carrera, incluso, de coronar su profesión con especializaciones, con posgrados. Se decía que la clase media es la que orienta y finalmente, da cierto rumbo a los países donde se asume que viven en una democracia.

    Además, un error palpable de los “frenistas”, “boístas”, “goanistas” y otros nombres que se auto adjudiquen, es que piensan que quienes votamos y apoyamos al gobierno actual, somos unos pordioseros, ignorante e iletrados; que seguimos a López Obrador por una despensa. No se dan cuenta que cuando atacan con esos recursos y ofensas, crece más el repudio de quienes nos sentimos agraviados por esos calificativos. ¿Que sucede con esto?…que la ciudadanía que votó por AMLO y muchos otros que aunque no lo hicieron, ahora están más convencidos de apoyar a quien ganó limpiamente el puesto de Presidente.

    Lo único que han logrado hacer los “frenistas” es exhibir su falta de ideas, su ignorancia, su dinero, y desgraciadamente, la escasa o nula formación que adquirieron en sus instituciones escolares.

  2. El autor de este articulo le traiciona el subconsciente clasista el dice que: “no se visualiza una nutrida e irrebatible convicción política en contra del actual gobierno de la República, lo que se observa es un intento de diferenciación social. El analfabetismo político de estas personas, el clasismo, los errores ortográficos en sus pancartas, las imprecisiones conceptuales en su cantinflesca retórica muestra que las diatribas e improperios –no los argumentos– hacia el lopezobradorismo son, para ellos, parte de un repertorio del clasemediero aspiracional” como si en la clase media o alta no existiera una falta de convicción política, analfabetismo político, escribirán con errores ortográficos, imprecisiones conceptuales ¿Qué todas estas fallas son prioritarias de una clases social baja? ¿A poco no los podrá motivar a participar en estas asociaciones el sentimiento de desilusión? esa sentimiento aflicción por la que han pasado tantos personajes históricos como José Vasconcelos que de pertenecer al grupo triunfante de la Revolución terminó apoyando al fascismo o Octavio Paz que de ser miembro de grupos comunistas terminó oponiéndose a todas las causas socialistas o comunistas. La desilusión a un movimiento (de izquierda o derecha) por el que han apostado tanto tiempo, esfuerzo, esperanzas en muchas ocasiones los vuelven muy radicales.

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