“Dada la acumulación de pruebas, no hay hipótesis más verosímil que la realidad. Dada la acumulación de pruebas de lo contrario, no hay más solución que la ilusión”. Desde hace años Jean Baudrillard nos advertía sobre toda esta simulación que ya vemos más como este espectáculo grotesco que tan solo enaltece lo más burdo de la existencia humana.
Hace años que nos habla del asesinato de la realidad pues habitamos en la falacia del existir mismo, en donde van y vienen el montón de propuestas efímeras que tan solo buscan colocarse en un espacio-tiempo de conveniencia que poco tiene que ver con la realidad.
Estamos ante un espectáculo impresionante pues ha nacido la fornicación de la estupidez con la angustia de perder privilegios, basta ver la entrevista de Adela Micha a Calderón, ese jueguito de palabras sobre sus montajes en el escenario quizá haciendo mofa del escándalo de los montajes permitidos en su sexenio, de paso haciendo mención al libro que dizque escribió el ciudadano Calderón como para hacer énfasis en que ahí está la verdad contenida. La obscenidad en todo su esplendor, el asesinato perpetuado de la verdad, ese delito constante que cometió Calderón desde que lo hicieron presidente. Como verán, vivimos en un mundo en el que la más elevada función del signo es hacer desaparecer la realidad y enmascarar al mismo tiempo la desaparición.
Es tiempo de una radicalidad histórica, sin embargo, hay una gran debilidad pues no podemos proyectar en el mundo más orden o desorden del que ya hay, no podemos transformarlo más de lo que ya se transforma a sí mismo. Todos los pensamientos del cambio, las utopías revolucionarias, nihilistas, futuristas, toda esta poética de subversión y transgresión resultan ingenuas ante la inestabilidad de este mundo. Todo parece ya tan inmoral pero a la vez se me antoja tan sensual, la misma voluntad general me parece tan sensual de modo tan accidental; pues los mismos actores de la existencia desconocen por completo su impacto y es por lo que no asumen su responsabilidad.
Por ello, siempre he considerado que a la existencia es algo a lo que no hay que prestarse, quizá sea algo así como un premio de consolación y la voluntad es una especie de ilusión que como sujetos autónomos poseemos, pero si hay algo peor que el hecho de estar sometidos a la ley de los demás es estar sujetos a la ley propia. Por ello la realidad hoy se nos presenta como una especie de simulacro y es justo la regla del juego del mundo. Hoy viven preocupados por la seguridad al grado de querer dar hasta el alma con tal de que no les pase nada y otros se niegan a dar sus biométricos con tal de no perder su libertad. He aquí la paradoja y lo más absurdo de estar vivos, vivir es un riesgo y checados ya estamos y de modo voluntario. Estamos a merced del sistema así que ponerse de revolucionario es meramente una especie de hobbie porque estamos metidos hasta la entraña en este delito.
Dice Baudrillard: “La indiferenciación afortunada de lo verdadero y lo falso, de lo real y lo irreal cede ante el simulacro, que, en cambio, consagra la indiferenciación desafortunada de lo verdadero y lo falso, de lo real y sus signos, el destino desafortunado, necesariamente desafortunado, del sentido en nuestra cultura.” Y en efecto, nuestra cultura está fusionada en la mentira, por ello, es complejo hoy día distinguir la verdad de la posverdad; la verdad de la propaganda y de ahí que en estos tiempo interesantes de elecciones, mucho no distinguen entre verdades y vil propaganda, la cual tiene por naturaleza manipular.
Estamos ante la presencia del montaje de la razón, estamos ante la imposición de una inteligencia maniquea del mal, la inteligencia del mundo como maquinación.
En ocasiones quisiera creer en dios pues quizá es así como pudiese entender la brutalidad del mundo, es decir, pensar que dios con su bondad ha tenido en cuenta tal brutalidad y nos ha regalado a modo de compensación un simulacro de historia, para hacernos soportable nuestra propia existencia. Vaya, esto sí que sería un dios bondadoso pero como no creo en dios y prefiero guiarme por las teorías de Gosse cuya proposición es extraordinaria para asegurar que las revelaciones de la Biblia convierten a Dios en un genio maligno de la simulación. Por lo tanto, el simulacro no es lo que oculta la verdad, es la verdad la que oculta que no existe, el simulacro es verdadero. Esto significa que no podemos fiarnos de nadie ni nada y que basta nuestro propio juicio y voluntad para sacar nuestra vida de la virtualidad y dejar de entregarla a la simulación. Es tiempo de vivir nuestra vida en tiempo real, pensar en tiempo real, hacer nuestra revolución en tiempo real y dejarla de hacer en los estudios de grabación que son nuestros propios dormitorios. Comencemos a vivir en versión original y dejemos de ser la versión excepcional de los happy few. Hoy se espantan del control telefónico, cuando por voluntad hemos cedido nuestra vida para convertirnos en promoción publicitaria. La única ilusión valiosa hoy día es la de la propia crítica.
@Hadacosquillas





