La luz del mundo… ¡en Bellas Artes! Autor: Venus Rey Jr.

No, amigo lector: no se trata del título de una ópera, de un oratorio o de una obra sinfónica. Tampoco es ballet ni teatro contemporáneos. No se trata del estreno de un compositor mexicano. No. Se trata de la Iglesia de la Luz del Mundo.

Todos sabemos lo que ocurrió y todos conocemos la reacción de la autoridad: por gestiones de un senador del Partido Verde, Israel Zamora Guzmán, la Iglesia de la Luz del Mundo contrató un evento en Bellas Artes para rendir homenaje a su líder, Naasón Joaquín García, venerable Apóstol de Jesucristo, por su 50 aniversario (nació el 7 de mayo de 1969), y que dicho evento se llevó a cabo el pasado miércoles 15 de mayo en la sala principal de Palacio de Bellas Artes.

La autoridad cultural –si así puede llamarse– dijo que no, que cómo iba uno a creer que ellos habrían autorizado un evento en Bellas Artes para celebrar el cumpleaños número 50 de un líder religioso, que qué mal pensada puede llegar a ser la gente; que primero está el Estado laico y sus principios constitucionales; y que, por si cupieran dudas, en ningún momento del evento se dijo que era el cumpleaños del Apóstol de Cristo y Apóstol de la Consolación, don Naasón Joaquín, ni se ofició algo parecido a un rito religioso. Es más, que ni siquiera se insinuó nada que tuviera que ver con religión o cosas de la divinidad. Que la sala principal de Bellas Artes se había contratado conforme a la normatividad, claro, con la mano auxiliadora del senador Israel Zamora, que no había habido ningún chanchullo o cosa extraña, todo claro como el agua, que se trataba de una presentación variopinta de fragmentos musicales de diversas obras, desde Carmina Burana hasta “El himno a la alegría”, una presentación, por cierto, de muy alta y exquisita calidad artística, tan alta y exquisita que ameritaba una gala, una gala-laica, tan laica como una balalaika de la era soviética, pero gala al fin.

Y no cualquier gala, sino una gala a la altura de Martí Batres, presidente del Senado de la República, que acudió en smoking, impecable, acompañado de su guapísima esposa –eso sí hay que reconocerlo: se veían espectaculares los dos–; una gala que ameritaba la presencia en el palco de honor del diputado presidente de la Comisión de Cultura, Sergio Mayer, y, desde luego, la del propio festejado, el venerable Apóstol de JC. Porque, hay que decirlo, con tanto trabajo que tienen nuestros legisladores, pocas veces van a conciertos, menos aún si no son melómanos o connosseurs, que se sepa, de esta noble arte; vaya, que ni siquiera se sabe que sean aficionados o diletantes, a no ser que se trate del grupo Garibaldi y su canción Banana (yo tengo una bolita que me sube y me baja, ay, ay, ay…). ¿Por qué habrían de ir a este concierto, si muy difícilmente van a otros? Me refiero a conciertos o recitales de música como bella arte, no un concierto de La Arrolladora Banda El Limón. Algo especial tendría que haber… ¿quizá el cumpleaños del Apóstol de Jesus Cristo?

Si no el cumple de don Naasón, ¿tal vez el rocambolesco, chirriante y kitsch programa? Mire usted que no cualquier día puede uno asistir a un concierto en donde se toquen fragmentos de Carmina Burana, Aída, La Traviata, La Flauta Mágica, La Bohemia, Fausto, Pagliacci y el ¡“Himno a la alegría”! Lo pongo entre comillas porque, desde luego, que se toque un fragmento de ocho minutos del cuarto movimiento de la novena sinfonía de Beethoven –que dura casi 25 minutos–, precisamente el pasaje del “Himno a la alegría”, y que encima de la música –que se oye muy desafinada, al menos en los videos que se han dado a conocer– un narrador disfrazado declame algo así como un texto de superación personal de los que se pueden comprar mientras se hace cola en la caja de un supermercado, es algo que no tiene parangón en la historia de la música.

¿Por qué el senador Batres y el diputado Mayer habrían de asistir a un evento así de kitsch, así de estridente, así de cargado, así de colorido? Kitsch, estridente, cargado y colorido como podría ser una función de lucha libre, una fiesta de XV años con chambelanes, bailables y coreografías, o la misma arquitectura del Templo de la Luz del Mundo en Guadalajara. ¿Por qué, si difícilmente estos personajes asisten a conciertos? Ah, pues porque quizá esta luz del mundo no sea cualquier luz del mundo: quizá sea la verdadera Luz del Mundo. Yo no sé si esta iglesia ya se cuatrotransformó o si, al revés, la Cuarta Transformación ya se nos está iluminando, pero algo muy importante tuvo que ser para distraer las muy ajetreadas agendas de estos dos legisladores, sobre todo de Batres, y de varios políticos más, entre los que podemos mencionar al senador Félix Salgado Macedonio (seguro gran amante de la ópera), a la subdirectora general del INBA, Laura Ramírez; y a don Agustín Ortiz Pinchetti, fiscal electoral.

Que no digan las autoridades culturales que no sabían lo que iba a suceder en el Palacio de Bellas Artes, porque eso no se los cree nadie, además de que quedan como tontos: “mire usted que nos vinieron a chamaquear”. Hubo publicidad previa por todos lados que claramente indicaba que el concierto era para conmemorar al líder de la Luz del Mundo: él era “El Guardián del Espejo”. Mejor que acepten el gran error y se disculpen.

Mire usted que hacer la “fiesta de cumpleaños” de un líder religioso, fiesta disfrazada de “homenaje”, “homenaje” que a su vez se disfraza de “gala operística” –eso no es una gala operística ni yendo a bailar a Chalma–, en uno de los recintos artísticos con más prestigio a nivel mundial; todo esto es un monumento al exceso, a lo recargado, a lo grotesco y raya en la vulgaridad. Que las autoridades de la Secretaría de Cultura y del INBAL hayan dado anuencia y visto bueno a semejante bodrio es algo sumamente triste y preocupante. Y que quisieran vernos la cara con sus explicaciones insensatas, es cinismo puro. ¿Cómo algo de tan “feo” gusto pudo llegar a “Bellas” Artes?

Martí Batres dijo que él había visto un espectáculo musical, fragmentos de ópera, y que en ningún momento hubo ningún acto religioso. Así se exculpó el presidente del Senado. ¿De verdad no sabía Martí Batres de qué se trataba? Pues iba muy elegante como para no saberlo. Nadie se pone un smoking y sale tan elegante con su guapísima esposa nada más porque sí. ¿Ahora resulta que don Martí es amante de la gran música? En política no existen casualidades. Si asistió, fue por algo.

Quienes defienden absolutamente todo lo que tenga que ver con AMLO, Morena y el actual gobierno, argumentan que, en efecto, no hubo nada religioso durante el concierto, que en todo caso el homenaje al Apóstol de Jesucristo se llevó a cabo en un lugar diferente del Palacio de Bellas Artes, y que, de cualquier manera, no habría que ser uno tan quisquilloso, pues podríamos caer en el extremo de prohibir la representación de los Réquiems de Mozart y Verdi, que son sendas Misas de Difuntos, o los oratorios religiosos de Bach (me refiero principalmente a las Pasiones, la de San Mateo y la de San Juan), o incluso su Gran Misa en Si menor, por ser obras, sí, artísticas, pero eminentemente religiosas. Bueno, no vale ni la pena intentar contestar semejante argumento. Quien de verdad sabe de música y ama las artes, jamás habría esgrimido semejante insensatez.

Naasón recibió la Luz de su padre, Samuel Joaquín, y este de su padre, Eusebio Joaquín, fundador de la Iglesia de la Luz del Mundo. Abuelo, padre, hijo: casi la trinidad. ¿Transmisión del poder estilo Corea del Norte, es decir, de padre a hijo? No vaya usted a mal-pensar: el sitio web de la Iglesia de la Luz del Mundo señala que no es que haya heredado la Luz de su padre, Samuel Joaquín, sino que a la partida física de éste, Naasón “recibió el llamado divino para iniciar el Ministerio del Apostolado y un nuevo tiempo de dispensación, mismo [sic] que es manifestado a la Iglesia el 14 de diciembre de 2014, para asumir la noble dirección de la Iglesia…”

Como tampoco faltan los que culpan al presidente de todo, hay que decir que AMLO manejó bien esta pequeña crisis cultural. No habrá despidos en Cultura ni en Bellas Artes –como muchos querrían–, dijo en la conferencia de esta mañana, pero sí está exigiendo a los funcionarios, empezando por Alejandra Frausto, secretaria de Cultura, que aclaren, expliquen y se disculpen. Ojalá no se vuelvan a presentar casos como este.

Por cierto, Naasón es un personaje bíblico. Fue él quien primero caminó dentro del mar, antes de que se abrieran las aguas. Me refiero al conocido pasaje del Éxodo en donde Moisés guía al pueblo de Israel para escapar de la ira del faraón. Como Naasón fue quien inició el paso, el nombre viene a significar algo así como “el que inicia”, o “el iniciador”, o “el primero”. No vaya a cumplirse la Palabra y sea este, nuestro venerable Naasón de Jalisco, el primero de muchos líderes religiosos que renten el Palacio de Bellas Artes para rendirse auto-homenaje. Dios no lo quiera.

@VenusReyJr

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