¿La lucha sigue? Autor: Federico Anaya Gallardo

Nava vive, la lucha sigue. Así va la consigna. Pero estamos transitando la tercera década luego de la muerte del Buen Doctor y el navismo no parece haber continuado. De entrada esto no es de extrañar. La semana pasada analicé cómo este movimiento conjugó los tres tipos ideales weberianos de legitimidad. Los Nava representaban a un tiempo a las élites tradicionales que lideraban a la sociedad potosina, a un liderazgo carismático y a un nuevo orden racional-legal. Esta combinación era explosiva y efectiva. La gente seguía al Buen Doctor porque le conocían de antaño, confiaban en él y sabían qué buscaban construir junto a él. ¿Fenómeno irrepetible?

La potencia de la triple legitimidad navista fue evidente en la crisis postelectoral de 1991. Conviene recordar que en ese verano hubo dos elecciones estaduales controvertidas, la de Guanajuato y la de San Luis Potosí. En la primera, compitieron Ramón Aguirre Velázquez (PRI), Vicente Fox Quesada (PAN) y Porfirio Muñoz Ledo (PRD). En la segunda se enfrentaron Fausto Zapata Loredo (PRI) y Salvador Nava Martínez (PAN-PRD). En ambas el PRI manipuló el sistema para defraudar la voluntad popular. Pero, mientras en Guanajuato se realizó una concertacesión para solucionar la crisis, en San Luis Potosí se impuso un arreglo novedoso.

Luego de conocerse los resultados oficiales en Guanajuato (PRI 53.1%, PAN 35.5%, PRD 7.7%), los dos candidatos opositores los desconocieron. La solución fue que Aguirre, pese a ser el triunfador declarado, anunciase que no se presentaría a tomar protesta. Esto obligó a la nueva legislatura guanajuatense (priísta) a designar un gobernador interino. Escogieron al alcalde panista de León –Carlos Medina Plascencia. La concertacesión consistió en que este interino no convocaría a una elección extraordinaria (que es lo que el sistema constitucional ordenaba) dejando el poder ejecutivo en manos del PAN mientras que el PRI mantenía el control del poder legislativo. Esta situación inusual duró hasta 1997, cuando Fox finalmente ganó la gubernatura que le habían birlado en 1991. En 2016, Medina Plascencia justificaba su llegada y permanencia en la gubernatura diciendo que en su larguísimo “interinato” había logrado una reforma política estadual que satisfacía a todos. (Liga 1.) En realidad, lo que se construyó fue un sistema que consolidó al PAN como hegemón en el estado –pero esta es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

En San Luis Potosí el PRI se proclamó vencedor con 62% de los sufragios, contra sólo 32% del Doctor Nava. El Frente Cívico Potosino, la organización central del movimiento al que se adhirieron el PAN y el PRD, publicó un reporte inmediato del caso: Análisis y balance de las elecciones, San Luis Potosí, 1991. El texto recupera las conferencias de 33 ponentes en un foro convocado en septiembre de aquel año. La nómina de ese foro es relevante, pues incluyó a Rosario Ibarra de Piedra y a Felipe Calderón Hinojosa; a Heberto Castillo y a Enrique Krauze. Izquierdas y derechas apoyaban a Nava y denunciaban el fraude electoral. El navismo se negó a una concertacesión al modo de Guanajuato, aunque los personeros del presidente Salinas ofrecieron varios esquemas. En todos, el legislativo permanecería en manos del PRI. Para ocupar el poder ejecutivo potosino la última presidencia imperial (Salinas) ofreció dos escenarios. En uno proponía que Nava asumiese la gubernatura pero con un gabinete priísta. En otro se sugería que fuese gobernador cualquier priísta menos Zapata Loredo, pero que el Doctor Nava nombrase a la mayoría del gabinete. El Buen Doctor rechazó ambas cosas. Lo que procedía era reconocer el fraude electoral y convocar a elecciones extraordinarias. Para presionar en este sentido, Nava Martínez empezó una caminata de la capital potosina a la federal (400 kilómetros). Tenía 77 años y ya estaba tocado por el cáncer que le mataría un año más tarde. Muchas personas se solidarizaron con Nava y le acompañaron en algún tramo de la caminata. Una de ellas fue otro caminante, como se puede apreciar en la foto que agrego aquí.

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Cabe suponer que Salinas de Gortari sugirió conceder la gubernatura al ganador defraudado a sabiendas de que éste no terminaría su sexenio y que la legislatura dominada por el PRI nombraría una nueva administración a la muerte del gobernador Nava. También es probable que el Buen Doctor, sabiendo lo mismo, radicalizase su posición y exigiese una salida constitucional. En este sentido, la circunstancia fortuita de la enfermedad terminal del caudillo opositor reforzó la legitimidad racional-legal de su movimiento.

Que el navismo se consolidase en 1991 como un proyecto racional-legal alternativo al viejo orden priísta potosino fue una bendición pero también una pesada carga. Importa recordar lo que ocurrió. Una delegación de Salinas de Gortari alcanzó en Querétaro al Buen Doctor y le informó que no era necesario que entrase a la capital federal. Zapata Loredo se retiró y la legislatura potosina (priísta) designó a una persona honorable (el embajador Gonzalo Martínez Corbalá) como interino. Sin embargo, en 1992 murió Nava y el mandato de convocar a elección extraordinaria no se había cumplido. Sin concertacesión, el PRI permanecía en el poder sin conceder nada a la oposición. En 1993 el navismo se movilizó de nueva cuenta, ahora encabezado por doña Conchita Calvillo, la viuda de Nava. Nueva caminata a México. Salinas cedió, pero con un retruécano: al convocarse a la elección extraordinaria de 1993 el candidato oficial fue Horacio Sánchez Unzueta, quien estaba casado con Conchalupe Nava Calvillo, la hija del Buen Doctor. Así las cosas, en los comicios, las y los potosinos debían escoger entre la viuda y la hija de Nava.

Debe decirse que doña Conchita no fue apoyada por la misma coalición de 1991. El PAN se separó y presentó su propio candidato (Jorge Lozano Armengol). Los resultados electorales fueron paradójicamente parecidos a los de la elección de 1991: El navismo (coalición del PRD, PDM y Nava Partido Político) obtuvo sólo el 10% de la votación, mientras que el PAN obtuvo 21%. La coalición navista de 1991, que incluía al PAN había alcanzado 32%. El PRI, ahora con un candidato cuasi-navista, obtuvo 67% frente al 62% de 1991.

En 1993, el navismo entró al palacio de gobierno potosino por una puerta inesperada. Que en realidad estábamos ante una victoria de la vieja oposición lo muestran varios hechos. Uno, que la convocatoria a elección extraordinaria subrayase que el ganador sólo gobernaría cuatro años, para terminar el sexenio 1991-1997. Había otra opción: convocar hasta 1994 y empatar la elección potosina con la federal. Otro, que en 1996 la administración Sánchez Unzueta presentó un proyecto de reforma integral a la Constitución potosina, en la cual se cristalizaron muchas de las demandas democráticas que había abanderado el navismo a lo largo de medio siglo.

La gran reforma constitucional potosina de 1996 consagró como nuevo marco legal el proyecto navista, pero al hacerlo, separó la legitimidad racional-legal de las legitimidades tradicional y carismática del viejo movimiento. Peor, el liderazgo tradicional y personal del Buen Doctor no pudo ser sustituido. Doña Conchita habría de brillar en los años siguientes en Chiapas, como parte de la mediación organizada por la Comisión Nacional de Intermediación (Conai), y no en el estado potosino. Una victoria así “no sabe”…

Hay que revisar qué ocurrió con los epígonos del navismo y qué efecto ha tenido la Constitución navista de 1996 en San Luis Potosí.

Liga usada en este texto:

Liga 1:
https://www.excelsior.com.mx/nacional/2016/09/26/1119017

Federico Anaya-Gallardo
Federico Anaya-Gallardo

Abogado y politólogo. Defensor de derechos humanos. Ha trabajado en Chiapas, San Luis Potosí y Ciudad de México. Correo electrónico: agallardof@hotmail.com

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