Hay momentos como estos en los cuales, de plano no comprendo de qué va la vida. Estamos aparentemente ante un montón de fenómenos, los cuales se presentan de modo aislado pero ¿y si todo es mas bien, una concatenación de resultados? Es decir, ¿y si más bien, son los hechos que nos tocan enfrentar debido a nuestros estilos de vida? Hoy vivimos como en un estado de emergencia constante, yo me pregunto ¿quién puede conservar su paz mental y su salud mental en un estado de emergencia? Tal parece que Foucault ya lo veía claramente cuando pronuncia: “La ‘psiquiatrización’ de la vida cotidiana, si se la examinase de cerca, revelaría posiblemente lo invisible del poder”. Estamos ante una evidente estrategia de implementar el miedo a su máxima potencia. Y no, no hablo de conspiraciones, de lo que hablo es del ya tan conocido e implementado juego de la biopolítica ese, que menciona Foucault y más tarde lo desarrolla de un modo excelso Giorgio Agamben. Somos esclavos de la ideología y vivimos creyendo en una libertad ficticia en donde nos hacen creer que podemos incluso, luchar por nuestros derechos, derechos mismos que están creados por el mismo sistema biopolítico que nos está consumiendo pero nosotros lo permitimos de modo voluntario. Por muy irracional que suene, somos nuestros propios victimarios,
Algo que tenemos claro tras estos acontecimientos pandémicos es que lo que pensábamos se vivía en igualdad como la muerte, la pandemia ha venido a ponernos de cara ante la carencia de democracia en el acto de morir, como en su momento lo señaló este gran pensador que anda de moda Byung-Chul Han la pandemia ha puesto de relieve las injusticias sociales, los grandes problemas que tenemos como humanidad, y sobre todo, los privilegios de aquellos que aun con queja y frustración se pudieron encerrar en casa a teletrabajar pero ¿qué hay de aquellos que no pudieron? Y seguro pensaran en los médicos y enfermeras los héroes y heroínas del tiempo Covid. Pero ¿alguien pensó en los que nos recogen la basura, en los que limpian los hospitales, en los que nos llevaron nuestros alimentos y hasta caprichos a nuestras casas? Vivimos tan inmersos en nuestras propias necesidades pero más aún, encerrados con nuestros propios miedos que somos incapaces de ver más allá.
La pandemia no es solo un problema de salud, se ha tornado un grave problema social y mejor dicho, ha puesto en evidencia lo que ya se esperaba venir, la crisis no sólo de un sistema sino de una especie; la humana. Y lo sepan o no, estamos ante un poder de vigilancia biopolítico; no solo vigilan lo que comunicamos, sino lo que sentimos, vigilan nuestro cuerpo, ya nuestro estado de salud es un objeto de vigilancia digital. Nuevamente nos encontramos ante la política del shock que Naomi Klein lo explica como un momento favorable para la instalación de un nuevo sistema.
Es inminente que la biopolítica digital se está consolidando a nivel mundial. El virus, es el reflejo de lo que somos como sociedad y como decía, vivimos en un estado de guerra permanente, la presencia de la muerte está por doquier y ya está instalada en nuestros cerebros una histeria colectiva por vivir incluso, a pesar de una precaria calidad de vida. Pues no importa nada, con tal de vivir estamos siendo capaces de sacrificar sociabilización, cercanía, sentido de comunidad y hasta erotismo. No cabe duda que la ideología dominante de los tiempos es la de la supervivencia por encima de todo y de todos pues hoy rechazamos a quien ejerce su derecho a no vacunarse, violentamos al que no se pone el cubreboca, rechazamos al que no se atreve a guardar la “sana distancia” (¿será realmente sana?) la pandemia es el resultado de la crueldad humana, no somos víctimas, somos cómplices de la historia que estamos escribiendo en donde el capital ha sido lo preponderante y como dijo Karl Marx “El capital reduce al hombre a su órgano sexual”. La libertad individual hoy tiene una importancia exacerbada y esto como dijo el pensador surcoreano, es un exceso del capital en donde se incurre a la explotación de sí mismo. Es menester emprender una brigada, y esta es la de la recuperación de nuestra libertad, en donde dejemos de tener miedo y afrontemos las consecuencias de nuestros propios actos.






