La hipocresía humana llamada racismo. Autora: Emma Rubio

0
521

En el año 2001 salió un documental de nombre Promisesde Justine Shaphiro y Carlos Bolado. Un texto fílmico que habla sobre la tan funesta relación ente Palestina e Israel, pero lo especial de dicho documento es que retrata la realidad desde la perspectiva de los niños. Sin duda alguna, es un trabajo que si no lo han conocido no deben perderse pues, lamentablemente, la realidad no ha cambiado.

Lo saco a cuento hoy porque justo ese film es uno de los que más he utilizado por años en mis clases, cualquiera que fuese el contenido de la materia; no perdía la oportunidad de pasarlo ya que hay mucho de análisis y reflexión en los testimonios de la infancia de esos países. Pero en especial, una de las circunstancias que yo llevaba a la reflexión, era el hecho de que mis alumnos hicieran conciencia sobre lo afortunados que eran por vivir en un país donde había paz, un país en el que no tenían que cuidarse de ataques, donde no tenían que preocuparse por volver o no a sus casas día con día. Hoy, me pregunto ¿dónde quedó la paz? Cierto es que no hemos vivido una guerra como en Medio Oriente, sin embargo, la paz, la seguridad y la incertidumbre, es ahora un motivo de manipulación para generarnos miedo. Pero no sólo en nuestro país sino también en ciudades cercanas a nuestra frontera ¿Será un aviso para los mexicanos? “Si insistes en venir habrá locos que querrán matarte sólo por ser mexicano”.

El racismo estadunidense no es cosa nueva, nunca se han liberado de tal forma de pensar, ni tampoco podemos sanarnos en culpas ya que en México somos iguales, basta ver la estúpida actitud de la sociedad entre unos “grupos” y otros, presuponiendo un tipo de superioridad de unos con respecto a los otros ¿Acaso nos queda indignarnos ante las matanzas del domingo? ¿tenemos la calidad moral para condenar dichos acontecimientos? En definitiva nada lo justifica pero tampoco nos hagamos los moralistas cuando también en México se vive la discriminación incluso de mexicanos que viven en Estados Unidos y vienen a ver a sus familiares, de repente se les olvidó el español y se sienten superiores y el habitante de México los etiqueta de “pochos”. ¿Cierto?

¿Por qué será que la raza humana tienda tanto a la hipocresía? ¿por ignorancia? ¿por miedo? ¿por falta de estima propia? No lo sé, lo que es un hecho es que estamos en tiempos de penuria como diría mi admirado Martin Heidegger, pero ¿habrá poesía que ilumine estos tiempos? Pues es evidente que la sin razón se ha metido a las mentes humanas como un tipo de gusano y cada vez le va comiendo más y más las buenas ideas.

Lo acontecido el domingo no es sólo resultado del discurso de odio del presidente estadunidense. Trump no ha despertado a la bestia del racismo, sólo sacudió el polvo que lo medio tapaba y las personas están aprovechando la sacudida para sacar su real personalidad racista y xenófoba. Así que tampoco nos queda admirarnos como si no entendiéramos que eso hace siglos que existe. Y no es de extrañar que en un país en el cual es más complejo comprar una medicina que un arma, cualquier demente se sienta con el poder que dota estar detrás de un arma y se ponga a matar individuos como en un videojuego.

El mundo es un campo de batalla, en eso lo hemos convertido, un campo con puntos ciegos, donde no sabemos ya quién es el enemigo. Un mundo en donde reinan las paradojas pues nos indignamos de lo que pasa fuera pero no de lo que reproducimos, o solapamos. Nos indigna que quieran acabar con una zona natural pero seguimos consumiendo plásticos, dependemos de los celulares cuando son tan dañinos para el mundo y la vida humana. A algunos escandaliza la diversidad sexual y se indigna pero bien que tienen amantes o son homosexuales de closet. Se habla de derechos humanos como de una película de moda y se desconocen al grado que ni cuenta se dan de que se violan todo el tiempo.

Ya estuvo bueno de vivir en la apariencia y si en verdad nos indigna lo acontecido, entonces seamos buenos con los migrantes de nuestro país, dejemos de ser rebaño, dejemos de culpar a los políticos de todo porque si bien nos han manipulado y han hecho con nosotros lo que han querido, nosotros lo hemos permitido por idiotas, ignorantes, tibios y comodinos. Ahora que se ven vejadas sus pocas comodidades sí se quieren poner activos en las redes sociales y salen a las calles dizque a manifestarse, pero la verdadera manifestación y la auténtica indignación empieza por el juicio a nosotros mismos. Seamos coherentes y congruentes. Podremos fingir ante los demás pero jamás ante nosotros mismos y cada uno de nosotros sabemos exactamente quiénes somos. Con esto no justifico a nadie sino más bien, invito a reflexionar sobre lo que muy probablemente nos toca pensar. El racismo, la xenofobia, la reproducimos día con día y si no queremos que siga pasando lo del día domingo pues empecemos por nosotros, pues como muy sabiamente dijo Ghandi: “seamos el cambio que queremos ver en el mundo”.

@Hadacosquillas

Deja un comentario