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La economía que nos espera en el resto de 2026. Autor: Arturo Huerta González

El FMI señaló que “no hay mayor golpe para la economía que las guerras. Ni las crisis financieras ni los desastres naturales tienen tal capacidad para afectar la producción como estos eventos” (La Jornada, 9 de abril, 2026).

La gran mayoría de las economías ha caído en gran dependencia de importaciones de gasolina, gas, fertilizantes y alimentos, como consecuencia de la globalización que llevó a desatender el auto abasto de estos productos y ahora está sufriendo la consecuencia de la inflación y el desabasto de estos productos ocasionado por la guerra de EU e Israel contra Irán. Tal situación afecta la producción manufacturera y agrícola a nivel mundial y está ocasionando vulnerabilidad de las bolsas de valores, caída de la inversión y de la economía mundial.

La inflación y el desabasto de dichos productos no será temporal, dada la destrucción que la guerra está ocasionando en las refinerías en el Medio Oriente, por lo que llevará tiempo su reconstrucción una vez terminada la guerra. Muchas economías no tienen condiciones para hacer frente a los problemas que están enfrentando.

Ante la inflación ya presente en la economía mundial, los bancos centrales responderán con alzas de la tasa de interés que incrementarán los problemas financieros de los sectores endeudados. Los bancos restringirán los créditos ante los problemas de insolvencia que se presentarán por la desaceleración de las economías, lo que acentuará la caída del gasto, la inversión, el empleo y desestabilizará sus mercados de capitales.

La economía mexicana, al depender de gasolina, gas, fertilizantes y granos básicos, estará sujeta a la inflación internacional y a la vulnerabilidad de los mercados financieros internacionales. El impacto que ello tendrá sobre la economía dependerá de cómo respondan las autoridades monetarias y hacendarias. Si Banxico reacciona con alta tasa de interés y Hacienda con mayores recortes presupuestales para frenar la inflación contrayendo demanda, se incrementará el costo de la deuda pública y privada, que contraerá más el gasto e inversión, aumentará los problemas de insolvencia del sector privado que desestabilizará a la banca. Esto llevará al banco central y al gobierno a otro rescate bancario a costa de seguir marginando al sector productivo y al empleo, lo que hundirá más la economía.

Mientras sigan las políticas de libre comercio, libre movilidad de capitales, la desregulación del sector bancario-financiero, la autonomía del banco central y la austeridad fiscal, menos posibilidades se tiene de encarar los problemas presentes, así como los que se acentuarán en el transcurso de 2026. Las políticas predominantes son las causantes de los problemas productivos, del déficit externo, de la dependencia y vulnerabilidad externa que enfrentamos y que nos llevan a una crisis.

El sector público y privado nacional no avizoran que el panorama internacional derivado de la guerra del Medio Oriente afectará al país, por lo que no toman medidas para encarar la inflación, el desabasto y la vulnerabilidad que se avecina y no lo hacen, pues para hacer frente a ello se tendría que replantear toda la política económica predominante causante de los problemas que enfrentamos y no están dispuestos a ello. Además, se tendría que dejar de lado la estrategia de crecer en torno a exportaciones ante la desaceleración de la economía mundial, aunado a los aranceles predominantes en varias economías. Al estar sujetos a los intereses del sector financiero y de las empresas transnacionales las autoridades monetarias y hacendarias no flexibilizan la política económica para impulsar el crecimiento hacia el mercado interno, la sustitución de importaciones, la generación de empleo formal, para reducir nuestra dependencia de productos, el financiamiento externo y la vulnerabilidad que enfrentamos.

La economía nacional no cuenta con política económica que genere condiciones que eviten la crisis. No hay viabilidad, ni voluntad de impulsar el auto abasto de gasolina, gas, fertilizantes y alimentos y productos manufacturados para evitar que la inflación y el desabasto internacional de estos productos afecte la economía nacional.

La economía se encamina a una severa crisis, al igual que muchas otras y el FMI no tendrá condiciones de entrar a amortiguar dicha problemática y de seguir imponiendo políticas que, en vez de alejarnos de las crisis económicas frecuentes, nos han perpetuado en ellas. El descontento de amplios sectores productivos, de trabajadores y desempleados, demandarán que se instrumenten políticas que satisfagan sus demandas y que no continúen las políticas que nos han llevado a acentuar los problemas productivos, el desempleo, subempleo, las desigualdades de ingreso y riqueza, la creciente dependencia externa y la delincuencia presente a lo largo y ancho del país.

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