La desolación. Autor: Iván Uranga

El ser que pueda vivir en soledad es una bestia o un dios.
Aristóteles.

Los seres humanos somos genéticamente gregarios, no podemos sobrevivir solos, necesitamos coexistir con otros seres humanos, desde que nacemos no podríamos perdurar sin el cuidado de otro ser humano. Durante el último año enfrentamos como especie a un enemigo que nos obliga a aislarnos de otros seres humanos, que nos infunde miedo de nuestra propia especie, de los otros que necesitamos. Y no es por nada, ya que a la fecha van 125 millones de contagiados, de los cuales se reportan recuperados sólo 60% en el mundo, se incrementaron los suicidios 25% y se perdieron dos años de expectativa de vida. A pesar de ello millones han decidido salir a buscar un reposo mental a alguna playa o sólo a buscar un abrazo, porque es mejor morir de Covid que de desolación.

Cada ser humano posee y cultiva su propia dimensión individual que desarrolla su personalidad y su ser, lo que lo hace único e indivisible, pero es porque necesita distinguirse de entre los demás, quiere y debe ser diferente porque eso forma a la persona, por lo que se genera esta dicotomía de ser únicos en sociedad.

El proceso de sociabilización no es otra cosa que la suma de aprendizajes que el ser humano necesita para relacionarse con autonomía, autorrealización y autorregulación dentro de una sociedad. Por ejemplo, la incorporación de roles, el lenguaje, la cultura, etc. En suma, sólo tiene sentido aprender para mejorar la capacidad de comunicación y la capacidad de relacionarnos en comunidad. Sin sociedad estaríamos condenados a simplificar nuestra vida a la sobrevivencia; si sólo viviéramos para comer y dormir, no necesitaríamos consciencia.

Un ser humano aislado no podría desarrollarse como persona, porque nuestra consciencia y nuestro espíritu necesita de los otros para existir, por eso es que las redes sociales virtuales se incrustaron tan rápida y profundamente en el ADN de la sociedad, porque es un instrumento de maximización de la unicidad, para mostrarla a más individuos de la misma especie.

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Las redes sociales virtuales se convirtieron sin quererlo en el arma más efectiva contra la pandemia, porque sin internet, esta enfermedad nos hubiera extinguido. La posibilidad de aislarnos físicamente de otros seres humanos y continuar en contacto a través de la virtualidad, nos ha mantenido con vida a muchos, pero no es suficiente.

Las plantas en la naturaleza se comunican entre sí, por medio de redes constituidas por hongos. Estas redes simulan el internet de las plantas y se definen como el conjunto de finos hilos de hongos denominados micelio que une a las raíces de al menos dos plantas, el cual se produce en todos los ecosistemas terrestres principales; este complejo sistema de comunicación les permite a las plantas ayudarse entre sí, cuando una planta es agredida por el medio, entre todas le aportan energía vital y nutrientes a través de los micelios. El internet de los seres humanos no es tan eficiente como el micelio, porque no nos transmite energía vital.

Con la pandemia nos hemos dado cuenta que nos necesitamos físicamente, que la virtualidad no podrá nunca satisfacer la necesidades de la consciencia y el espíritu humano. Que necesitamos compartirnos físicamente para existir, que no existe red social que sustituya un buen abrazo. Que al no estar sembrados en una misma tierra, sólo podemos compartirnos en comunidad, mientras no seamos capaces de expandir nuestra conciencia al todo.

  • Si no salimos ya a abrazarnos, no habrá vacuna que cure la pandemia de la soledad.

Sólo durante 2020 se incrementaron 25% los suicidios en el mundo, en México la Secretaría de Salud reportó más de 5 mil suicidios y 7 mil intentos de suicidio el año pasado, lo que significaría un incremento de 20% en relación al año anterior. Durante este aislamiento se ha presentado un fenómeno psicológico que obliga a las personas a regresar con su ex pareja, porque la soledad les llevó a decidir, que es menos toxico para su estado emocional, regresar con una persona con la que ya no querían tener relaciones, que afrontar la soledad.

Esta situación no es extraña, las relaciones de pareja se fundamentan en el acompañamiento. En un ensayo anterior publicado como artículo de opinión en este mismo medio, llamado “Qué es el amor” (https://cutt.ly/4xXDgKH) abordo a detalle la dinámica de la relaciones de pareja, pero desafortunadamente a la gran mayoría de las parejas no es el amor lo que las mantiene unidas, sino un pacto implícito de no soledad. Es mucho más fuerte nuestra necesidad instintiva de acompañamiento a nuestra necesidad de afecto.

Pero existe una forma de soledad aún más terrible, que es la falta de esperanza, eso provoca la desolación. La desolación es la sensación de falta de consuelo que experimentamos los seres humanos, cuando nos sentimos profundamente heridos por la vida, como consecuencia de hechos que han desbordado nuestras expectativas de un modo negativo. Es una sensación de hundimiento o vacío provocada por una angustia, dolor o tristeza tan grandes que se pierde la esperanza.

Quise alcanzar el cielo subiendo por tus caderas a dominar lo alto…
Mejor hubiera sido contener mis palabras
que como olas llegan a tus altos riscos
y sólo a tus pies se estrellan…
bañándome en desolación…
Fragmento de “Elegía a tu luz” Iván Uranga

Uno de los principales problemas que enfrentamos, es que bajó ya de facto la esperanza de vida de todos los seres humanos del planeta, hecho que no sucedía desde la Segunda Guerra Mundial. La esperanza de vida o expectativa de vida es la media de la cantidad de años que vive una población absoluta o total en un cierto periodo de tiempo. Es decir, los años que un recién nacido podría vivir en el lugar donde nace.

Según los datos del Instituto de Estadística de la Unesco, la diferencia entre nacer en Japón, el país cuyos ciudadanos son más longevos, y Sierra Leona, el país donde menos expectativa de vida hay, es de 32 años. No se trata de una disparidad aislada, pues Europa y los países asiáticos con un estado del bienestar más asentado, como Japón, Singapur o Corea del Sur, ocupan los primeros puestos en la clasificación mundial, mientras que África es la región con los registros más alarmantes. De hecho, los 17 únicos países cuya esperanza de vida se situaba por debajo de los 60 años en 2019 pertenecían al continente africano, mientras que las 32 naciones peor clasificadas en la lista global también eran africanas.

  • Perdemos 2 horas diarias de vida debido a nuestros hábitos alimenticos.

En el lado opuesto sobresalen los casos Suiza y España, los países que junto con Japón, cuentan con una mayor esperanza de vida al nacer. Según un estudio de la Universidad de Washington de 2018 antes del Covid. En 2040, los países con menos dietas de alimentos procesados y más cercanos a la dieta mediterránea incrementarán en 2.5 años, lo que significaría un incremento diario de dos horas en la vida sólo por la dieta. A diferencia de países como el nuestro con mayores riesgos para la salud del futuro: el consumo de tabaco y alcohol, los niveles elevados de glucosa en sangre, la hipertensión arterial y el sobrepeso generado por los alimentos chatarra generan la disminución de la esperanza de vida en la misma proporción, es decir, perdemos 2 horas diarias de vida debido a nuestros hábitos alimenticos.

La esperanza de vida en México hasta antes de la pandemia era de 75 años, en los últimos 50 años sólo se ha incrementado un año y ha sido gracias al desarrollo de la medicina, pero durante los próximos años los avances médicos ya no compensarán los malos hábitos, a lo que ahora le aunamos los estragos de la pandemia que estima la pérdida de expectativa de vida hasta hoy en 2 años a nivel mundial. Por lo que el próximo año saldremos de la elite de los 83 países del mundo con una esperanza de vida de 75 años o más.

Según la mitología griega, Prometeo robó el fuego de Zeus para dárselo a los hombres, lo que lo enfureció. En venganza, Zeus le pidió a Hefesto, dios del fuego, que forjara a Pandora, cuyo don era la curiosidad, para que el hermano de Prometeo se casara con ella, y creó un hermoso pythos (tipo de jarrón) que contenía todos los males y se la dio como regalo de bodas, con la advertencia de no abrirla bajo ninguna circunstancia, Pandora por su naturaleza no pudo contenerse y la abrió y todos los males fueron liberados al mundo; cuando alcanzó a cerrarla solo la esperanza, el único bien puesto por Zeus permanecía en el fondo.

La esperanza está íntimamente ligada a la vida, entre los nórdicos su concepto del coraje valoraba más una valentía animada en la ausencia de esperanza. Paulo Freire nos decía que la esperanza es una necesidad ontológica, que nos mueve y nos marca el rumbo.

Me llegan todos los días decenas de textos e investigaciones que hablan de los peligros de las diferentes vacunas, que leo ávidamente para mantenerme informado, es información que está censurada a nivel mundial, no se pude publicar, porque la eliminan o cancelan tus redes sociales, como recientemente le pasó a Rubén Lenguas, pero la realidad es que aunque toda esa información fuera cierta, y el mundo la conociera, la absoluta mayoría de los seres humanos elegiría vacunarse, porque las vacunas contra el SARSCoV2 aun en su grado de experimentación o de efectos secundarios como la infertilidad y otros, le han regresado la esperanza de vida a la humanidad.

Si millones salieron y salen de su aislamiento sin vacuna en busca de un abrazo sabiendo que les podría costar una terrible muerte, le aseguro que casi todos prefieren tomar el riesgo de la infertilidad o que le salga cuernos y cola a la soledad, a la falta de esperanza, o a la desolación.

La vida es una construcción consciente
Iván Uranga
@CompaRevolución

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