La cuestión de los toros. Autor: Federico Anaya Gallardo

Primero me confieso. Mi Nana Mary era taurina. Cosa extraña (y cosa antigua) era una taurina popular. Sabía de la fiesta brava, tanto que un día sorprendió a un mi primo Regueiro Anaya que se las daba de serio aficionado. Allá en los lejanos 1970, varias veces nos llevó a mi hermano Juan Jaime y a mí a la Plaza México. No aprendí nada de la fiesta porque siempre íbamos a los asientos de hasta arriba. Así que para los niños Anaya Gallardo los toros eran un espectáculo de miniaturas y no de minotauros. Ya mayor, en 2001, me tocó invitarla a ella y a su amiga de toda la vida, Consuelo Vázquez. Escogí barrera de sol, es decir, hasta adelante pero del lado oriente de la Plaza México, adonde el astro rey pega. Algo había aprendido: los aficionados serios pero pobres van a sol. Los fifís disfrutan la de sombra. Mary nunca me habría aceptado barrera de sombra. Tenía muy clara su consciencia de clase.

Fue una buena corrida –aunque yo seguía (y sigo) sin diferenciar una Verónica de cualquier otro lance. Moriré villamelón. Mary disfrutó mucho. Casi de inmediato hizo migas con un señor sombrerudo que fumaba puro. Entre ellos intercambiaban opiniones doctas que yo nomás no podía entender. Pero Mary, Consuelo, el sombrerudo y yo fuimos felices. (Notar que aquí habla más bien el niño que recrea momentos felices de una infancia bien cuidada… salvo por el puro maduro de San Andrés que fumé esa tarde gloriosa.)

Con todo, lo que más recuerdo es que en el cuarto o quinto de la tarde, en el último tercio (el de muerte) el matador llevó al toro hasta la barrera –justo enfrente de nosotros. El animal nos daba la espalda y pudimos ver cómo el torero preparaba la estocada. A esa distancia y en esa posición me quedó claro que aún en agonía el toro puede matar a su contrincante. Recordemos que ya ha sido picado con una larga lanza en el costado (tercio de varas) y ya le han enterrado seis saetas en los hombros (tercio de banderillas). El toro está furioso y puede atravesar con sus astas a su asesino. Pese a esto –o precisamente por ello– el matador se descubre frente a la bestia y se le abalanza de frente, exponiendo su cuerpo mientras trata de enterrar la espada a través de los omóplatos del animal. Así lo hizo frente a mis ojos ese diestro.

Y mató de una sola estocada. Y yo oí y sentí el resoplar del monstruo moribundo. Y gocé. Profundo en mis entrañas, sentí satisfacción por la sangre derramada, el dolor de la bestia y la supervivencia del hombre.

Pero, precisamente por lo que acabo de confesarte, lectora, es que la fiesta brava debe desaparecer.

Porque desde entonces tengo la duda: ¿también fue glorioso presenciar esa muerte? Y mi respuesta es que no. Podríamos imaginar mil eventos más para reunirnos en espléndidas tardes soleadas con las masas, fumar puros y alabar las habilidades de jinetes, acróbatas y animales … sin matar a ninguno de éstos. Toda la riqueza cultural de la fiesta brava podría recapitularse y aún mejorarse sin necesidad de sangre. ¡Y que no rezonguen los tradicionalistas! que tampoco es que la fiesta no haya evolucionado… En los 1600 Quevedo reportó al rey Felipe IV Habsburgo matando a un toro de un arcabuzazo y sólo en los 1700 empezó a ser común la lidia a pie.

Mi querencia con la fiesta brava está íntimamente relacionada con mi Nana Mary y las experiencias infantiles que hoy he rememorado. Pero nota, lectora, que fue sólo hasta 2001, ya adulto, cuando caí en la cuenta de la fascinación perversa por la sangre. Y recalco que esa consciencia me llegó a través del gozo. Este placer estaba allí y había venido preparándose poco a poco en mi psique desde chiquillo. La palabra moderna, anglosajona, es grooming y es un acto que, en la www, debe penalizarse cuando una persona adulta atrae, prepara y condiciona menores de edad para abusar de ellas y ellos.

Por todo lo anterior me fascina el litigio que están llevando a cabo en San Luis Potosí un grupo de egresadas de la maestría en derechos humanos de la universidad autónoma de ese estado. Allá por 2019, Lizbeth Muñoz trató de convencerme de firmar una proposición para prohibir los toros. Le dije que no estaba seguro y le expliqué mi querencia –ya culpable, pero al fin querencia. Y ella me explicó que su grupo había decidido abordar el tema de un modo indirecto, más sutil y más profundo. Peleaban por prohibir la socialización de las y los niños en la fiesta brava. Eso era perfecto. Allí mismo me tomó la foto que incluyo en este artículo.

Hoy están litigando el caso.

La Asociación Potosina por la Dignidad Animal (APDA) y el Colectivo Antitauromaquia de San Luis Potosí (ATSLP) –cuyo lema en Teenek es Wuuk Wakax lograron hace un año que la Comisión Estatal de Derechos Humanos de San Luis Potosí (CEDHSLP) emitiese la Recomendación 15/2021. La ombudswoman exigió al Ayuntamiento de la capital potosina que garantizara “los derechos de niñas, niños y adolescentes y [que] con sustento en el interés superior de la niñez, derecho a la integridad y seguridad personal y a la no violencia … [hiciese reformas] al Reglamento Taurino para el Municipio de San Luis Potosí y al Reglamento de Espectáculos Públicos del Municipio de San Luis Potosí” para evitar que las personas menores de edad asistan a corridas de toros. Primer round ganado. (Liga 1.)

Si se permite la entrada de menores a las corridas, se “envía un mensaje de violencia en el entorno de desarrollo del menor”. El Ayuntamiento aceptó la recomendación en todos sus términos. Ahora bien, desde 2009, la Ley potosina establece que “La aceptación que de estos actos [las recomendaciones de la CEDHSLP] haga la autoridad señalada como responsable será considerada un acto administrativo propio y libre. En consecuencia, la autoridad quedará obligada en los términos de dicha aceptación” (artículo 140 segundo párrafo de la Ley de la CEDHSLP). Por lo mismo, el cabildo tiene obligación constitucional (Artículo 1 de la Constitución General) y legal de prohibir la entrada de menores a las corridas.

Pese a esa obligación, los munícipes de la capital potosina incumplieron. Tan sólo modificaron los reglamentos para exigir que los menores ingresaran a las corridas acompañados de sus padres o tutores. Por lo mismo, APDA y ATSLP acudieron a los juzgados de distrito para pedir el Amparo y Protección de la Justicia de la Unión. El 15 de agosto de 2022, Fabiola Delgado Trejo, jueza primera de distrito en el Estado, decretó la suspensión del acto reclamado indicándole al Ayuntamiento que por ahora deberá impedir la entrada de menores a las corridas. (Liga 2.)

Las asociaciones taurinas han puesto el grito en el cielo. (Liga 3.) Alegan, en la más tradicional línea de los conservadores del siglo pasado, que madres y padres tienen primacía y que son los responsables directos de decidir sobre la crianza de sus hijas e hijos. Con estos argumentos la derecha pretendió impedir que sus críos acudiesen a la escuela porque allí se enseñaba la educación socialista. Con ese alegato se opusieron a los libros de texto gratuitos en todas las escuelas primarias. Y ahora, insisten en que tienen derecho a condicionar a los menores en un espectáculo violento.

Mi Nana Mary no estaría de acuerdo con prohibir los toros. Pero creo que podría convencerla de no llevar a mis sobrinos a las corridas. Este es el paso correcto para que quede atrás la violencia sangrienta de la fiesta brava.

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://derechoshumanosslp.org/wp-content/uploads/2021/11/recomendacion-15-21.pdf

Liga 2:
https://www.facebook.com/AntitauromaquiaSLP/photos/5666901460032423

Liga 3:
https://laorquesta.mx/taurinos-potosinos-preparan-estrategia-contra-prohibicion-de-ninos-en-las-plazas/

Federico Anaya-Gallardo
Federico Anaya-Gallardo

Abogado y politólogo. Defensor de derechos humanos. Ha trabajado en Chiapas, San Luis Potosí y Ciudad de México. Correo electrónico: agallardof@hotmail.com

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