José Reyes Doria | @jos_redo
El injerencismo de Estados Unidos en México durante el gobierno de Francisco I. Madero, ejecutado de la forma más brutal por el embajador Henry L. Wilson, desembocó en el derrocamiento y asesinato del presidente mexicano en 1913. Ese intervencionismo llegó al máximo extremo de gravedad un año después, con la invasión de tropas estadounidenses de Veracruz en 1914. Desde entonces, no había ocurrido una dinámica de agresión tan amenazante y humillante, como en el momento actual. Veamos algunos aspectos.
1.- Los modelos de análisis ya no funcionan. Tratar de entender la estrategia de agresión del gobierno de Donald Trump contra México, aplicando los esquemas de análisis vigentes hasta 2025, sería un gran error, sobre todo, en Palacio Nacional. Las agresiones de EEUU en el último año y medio indican que las formas y los límites de la diplomacia gringa han sido dinamitados.
Por ejemplo, pensar que EEUU jamás utilizaría a sus fuerzas de élite para extraer a Rubén Rocha de suelo mexicano, hoy es un cálculo erróneo. No es que existan altas probabilidades que ocurra, pero el antecedente de Maduro obliga a considerar que Trump puede ordenar una acción por el estilo.
Pero no solo sería un error de cálculo. Si las próximas decisiones estratégicas del gobierno de Claudia Sheinbaum se sustentan en la creencia de que EEUU “no se atrevería”, entonces estaría entrando a una zona de riesgo extremo. Porque una acción armada gringa en México, así sea quirúrgica o minúscula, generaría consecuencias devastadoras para el régimen y el país.
En la óptica de Palacio Nacional, ceder a algunas exigencias del gobierno de EEUU, como la captura y extradición de Rubén Rocha, implicaría serios riesgos de resistencias internas e inestabilidad, además de que subrayaría una percepción de debilidad y sometimiento. Por lo tanto, puede abrirse paso la tentación de optar por no detener ni procesar a Rocha, mucho menos extraditarlo, confiando en que el gobierno de Trump “no se atreverá” a usar la violencia armada para extraerlo. Pero, como dijimos, visto lo visto hasta ahora, todo es posible.
2.- Estados Unidos va con todo en su embestida contra el gobierno de Claudia Sheinbaum. La escalada del gobierno de Trump es demoledora y asfixiante. El presidente norteamericano repite una y otra vez que los carteles de la droga gobiernan México; estas acusaciones son inéditas en la historia de la relación bilateral. Además, Trump impone un tono de burla insolente contra la Presidenta, intentando cosificarla y reducirla al nivel de una mujer tradicional indefensa y pusilánime.
La exigencia de aprehensión y extradición de un gobernador en funciones también es algo inédito. Además, el gobierno de Trump, a través de la DEA, la Secretaría de Guerra o la CIA, reiteran con hostilidad creciente que esta embestida contra narcopolíticos apenas comienza, y amenazan con perseguir a decenas de connotados miembros del régimen de la 4T que presuntamente tienen complicidades con la delincuencia organizada.
Hay que agregar las recientes filtraciones de la CIA, que ponen sobre la mesa la versión de que esta agencia de inteligencia despliega acciones letales en México contra los carteles. La filtración de que la CIA operó o ayudó a autoridades mexicanas a poner una bomba en el coche de El “Payín¨, es de lo más ominoso. Porque la CIA siembra la percepción de que México consiente o desconoce esas acciones, lo cual pone en tela de juicio el discurso soberanista de la Presidenta y socava la seguridad nacional mexicana.
A esta escalada paramilitar de los EEUU, hay que agregar, porque es una estrategia integral de agresión, las políticas de aranceles, investigaciones financieras, imposición de decisiones unilaterales como prohibir el envío de petróleo a Cuba, así como la amenaza de cancelar el T-MEC. De este modo, tenemos un panorama completo de la estrategia inéditamente intervencionista de EEUU contra México. Nuevamente, pensar que “no se atreverán” a, por ejemplo, cancelar o condicionar el T-MEC, sería un error.
¿Por qué y para qué despliega este injerencismo EEUU? Seguramente el gobierno de Sheinbaum tiene información más fina, precisa y confidencial al respecto. Pero los EEUU no dan pasos a lo loco. De las respuestas o escenarios que se construyan en Palacio Nacional respecto a estas cuestiones, dependerá en gran medida la postura y el destino del gobierno de la 4T.
3.- La embestida de EEUU coincide con el proceso de consolidación del régimen de la 4T: no es casualidad. El régimen de la 4T está en plena fase de consolidación de las bases de su modelo de dominación. Uno de los procesos políticos más encarnizados es de carácter interno, que se expresa en una intensa disputa por el poder y el liderazgo del régimen entre los grupos afines a AMLO y los grupos que apoyan a Claudia Sheinbaum.
En medio de esa disputa, las diversas facciones del régimen lograron los consensos necesarios para reformar la Constitución, las leyes y las instituciones necesarias para implantar un modelo político, electoral, judicial, regulatorio e institucional funcional a la concentración de poder. Pero, como hemos dicho en este espacio, la mera concentración de poder no es, o no debería ser, en sí mismo, el objetivo de la acción estratégica de un régimen poderoso.
Hacia cuáles proyectos y objetivos sustanciales se enfocará el régimen, es una cuestión que en gran medida dependerá de la disputa interna AMLO-Claudia. Pero esa decantación estará también condicionada por la forma en que escale y se resuelva la embestida de EEUU.
Decíamos que no es una coincidencia inocua que la agresión incesante de EEUU ocurra en medio del proceso de consolidación de la 4T. Una alternativa de análisis que no debe ser descartada por el régimen, consiste en que la élite gobernante estadounidense podría estarse planteando el arrasamiento de la clase gobernante mexicana y, por lo tanto, la eliminación de la 4T.
4.- Las vulnerabilidades del régimen y el reto de separar el poder político del poder criminal. El punto más vulnerable del régimen es el relativo a las presuntas complicidades de la clase política con el crimen organizado. Esta complicidad es letal en el plano externo, como lo está demostrando de forma contundente la embestida de EEUU. Las acusaciones contra presuntos narcopolíticos mexicanos tiene el potencial de colapsar al joven régimen obradorista-claudista.
Pero también en el plano interno tiene consecuencias corrosivas la complicidad entre políticos y criminales. Porque el crimen organizado va colonizando territorios y funciones del Estado, hasta niveles que pueden escapar a los controles públicos. La soberanía del Estado es acotada o condicionada por el poder de la delincuencia organizada cuando existen complicidades en las altas esferas.
La coyuntura se manifiesta a través de una crisis mayúscula en la relación con Estados Unidos y la dificultad de mantener la gobernabilidad interna. Pero, como han interpretado observadores de diversos signos ideológicos, esta crisis también representa una enorme oportunidad para que la Presidenta empiece a limpiar la casa. Una oportunidad para iniciar un profundo proceso encaminado a desarticular las redes de la narcopolítica.
Para comenzar a separar el poder político del poder criminal, o al menos establecer límites que devuelvan al Estado la soberanía interna. Le ha tocado en suerte esta encrucijada histórica a la presidenta Sheinbaum. Se trata de una tarea colosal y plagada de riesgos inmensos, pero ineludible para una auténtica depuración de la vida pública nacional.





