Inicio Opinión La carrera presidencial hacia 2024 ha iniciado. Autor: Venus Rey Jr.

La carrera presidencial hacia 2024 ha iniciado. Autor: Venus Rey Jr.

Foto: Xinhua

La carrera presidencial de 2024 inició, y no desde la oposición, sino desde las entrañas de la 4T. Dos voces importantes alzaron la mano y se dijeron listos para suceder a Andrés Manuel López Obrador: el senador morenista Ricardo Monreal y del diputado petista Gerardo Fernández Noroña.

Es natural que después de las elecciones intermedias un sexenio inicie su declive. Así sucede siempre: Peña, Calderón, Fox, Zedillo. Incluso sucedió en tiempos en los que el presidente era todopoderoso y se tomaba como grave insolencia que uno de sus subordinados se destapara abiertamente como posible candidato “a la grande”. De ahí la cultura de “El tapado”. Si alguien se movía, no salía en la foto, como solía decir Fidel Velázquez.

Pero la disciplina se resquebrajó desde Salinas. El final de su sexenio fue un desastre. No solo el desprestigio a causa de la corrupción, su incómodo hermano, la insurrección del EZLN, los asesinatos políticos, sino particularmente la rebeldía de uno de sus hombres más cercanos, Manuel Camacho Solís, que hizo tremendo berrinche cuando Luis Donaldo Colosio, y no él, se convirtió en el candidato del tricolor. La rebeldía de Camacho Solís hizo ver mal a Salinas. Claro que ahora es normal que cada quien haga lo que quiera y que no se tenga ninguna consideración por el presidente, pero en aquellos tiempos el presidente era omnipotente, y con uno como Salinas, autoritario y controlador, no se podía andar con juegos. Yo estaba en mis tempranos veintes en aquella época, y me di cuenta de que el poder y la figura presidenciales empezaban a perder sacralidad. Hoy en día cualquiera puede decir en un medio que el presidente es un inepto o un desquiciado, como sucede todos los días, pero en aquellos tiempos no: el presidente era incuestionable, incontestable.

Zedillo ya no quiso participar en el ritual de “El tapado” y se inventó unas “primarias”, como en Estados Unidos. Contendieron Francisco Labastida, Roberto Madrazo, Manuel Bartlett y Humberto Roque. Labastida ganó las primarias y se convirtió en candidato. El viejo refrán de “el que se mueve, no sale en la foto” probó ser letra muerta.

Todo mundo sabía que el candidato del presidente Fox para sucederlo era Santiago Creel. También Martha Sahagún, su cónyuge, pasó por su cabeza como posible sucesora, a ese grado de irracionalidad conduce el poder. Una vez puesta en quietud Marthita, Creel se sintió el candidato y se vio como el nuevo presidente, con el beneplácito de Fox, como si no existieran ni el PRD ni el PRI, y muchos panistas, en un ritual similar al que Francis Ford Coppola describe en “The Godfather”, fueron a presentar respetos. Pero no tomaron en cuenta que Felipe Calderón se insubordinaría, que entraría en franco conflicto con Fox y con Creel, y que saldría de esa contienda siendo el candidato del blanquiazul.

El sexenio de Calderón también acabó en desastre. Cualquier panista podía lanzar su candidatura sin la venia del presidente, y aún con la oposición del presidente. Sin duda el candidato de Calderón habría sido Juan Camilo Mouriño, pero éste había muerto en una temprana etapa del sexenio. Otro hombre de su confianza era Ernesto Cordero. A esta carrera se sumaron Santiago Creel y Josefina Vázquez Mota. Si por Calderón hubiera sido, Cordero habría sido el candidato, pero era un impresentable, y lo sabían todos los panistas. Así que decidieron impulsar a una mujer, pensando que así podrían ser más competitivos ante lo que se vislumbraba como una sepulcral derrota. El desastre estaba cantado desde que los propios panistas abandonaron a Vázquez Mota en un mitin en el Estadio Azul. El PAN quedó sepultado en un lejano tercer lugar.

El sexenio de Peña empezó a morir a partir de la matanza de estudiantes en Iguala. Desde ese momento, septiembre de 2014, su administración se fue en caída libre. Los escándalos de corrupción protagonizados por el Nuevo PRI –no sólo gobernadores y altos funcionarios, sino el propio presidente y su esposa– causaron la náusea de toda la nación. Desde 2017 era claro que el PRI perdería las elecciones presidenciales del 18. No había ni a quién poner de candidato. Osorio Chong y Aurelio Nuño ya se veían portando la banda presidencial, como si no existiera López Obrador. La verdad es que los dos priístas eran impresentables, y ellos mismos lo sabían. José Narro vino a hacer comparsa en este ritual democrático, sin ninguna posibilidad. Yvonne Ortega y Enrique de la Madrid también se sumaron. El PRI estaba en absoluta crisis y en total descrédito –en un mitin, el presidente Peña sugirió que la marca PRI estaba tan desacreditada, que sería buena idea cambiarle el nombre–, así que tuvieron que elegir a un candidato que no tuviera militancia priísta, y ese fue José Antonio Meade. Pero la suerte estaba echada. No había posibilidad de que el PRI triunfara. En su desesperación, pensaron que dejando fuera de la competencia al candidato del PAN, Ricardo Anaya, el electorado se vería forzado a elegir entre Meade y López Obrador, y ante ese dilema elegirían a Meade; entonces idearon un plan cuyo efecto fue encumbrar a López Obrador y entregarle la victoria en bandeja de plata. El plan consistió en imputar delitos a Anaya en plena contienda, sin tener pruebas, cuando la brecha entre él y López Obrador no era tan brutalmente amplia. Por momentos tuve la impresión de que el PRI estaba operando para que ganara López Obrador y que lo de Meade era una farsa (no de Meade, que es una persona seria, sensata y honorable, sino del PRI).

Y ahora estamos a mitad del sexenio de López Obrador. Bueno, casi a la mitad. Como dice Dante en Divina Comedia, “me encontraba a la mitad de mi vida”, y, sabemos, la primera mitad es un ascenso, la segunda un descenso, un declive. Así es la vida, nada es eterno. Conforme pasen los meses, la figura de López Obrador se irá apagando. En la medida en que el tiempo avance, lo importante no va a ser él ni su cuarta transformación, sino el sucesor, sea de Morena o de la oposición. Cuando López Obrador quiera imponer un candidato, los demás no van a estar la mar de contentos gritando “es un honor estar con Obrador”. Muchos quieren sucederlo en la presidencia, y no se van a quedar quietos.

López Obrador no tiene el control absoluto de los hombres y mujeres de su movimiento, como sí lo tuvieron los presidentes priístas en el siglo XX. Ello puede ser interpretado como signo de debilidad o como marca de los nuevos tiempos. Como sea, el caso es que López Obrador no es dios y no podrá tener control absoluto de todas las cosas. Los dos personajes que, vox populi vox dei, podrían ser sus favoritos, Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard, están atravesando una situación difícil a causa del colapso del metro. Por lo pronto a Ricardo Monreal y a Gerardo Fernández Noroña el asunto del metro Olivos y un eventual conflicto Sheimbaum-Ebrard, les ha venido como anillo al dedo para sus aspiraciones presidenciales. Los dos se reportan listos para suceder a López Obrador.

Antes era: “el que se mueve, no sale en la foto”. Pero hoy es al revés: “el que no se mueve, no sale en la foto”. Así que, amigo morenista o petista, si usted ya se vio portando la banda tricolor, va a tener que empezar a trabajar, como Monreal o como Noroña, no le vayan a comer el mandado.

Venus Rey Jr.
Venus Rey Jr.

Compositor de música sinfónica, escritor, ensayista y académico. Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana y Maestro en Filosofía por la Universidad Anáhuac. Su obra musical ha sido presentada en Estados Unidos, Rusia, Alemania, Reino Unido, Italia, Polonia, Ucrania, Austria, Argentina, Perú y México. Ha grabado diez discos de sus composiciones y publicado dos libros de narrativa, tres volúmenes de poesía y diversos ensayos jurídicos y filosóficos en revistas especializadas de la Universidad Iberoamericana, el ITAM y la Universidad Anáhuac. Es colaborador de Grupo Fórmula. Escribe en el diario El Economista y en las plataformas digitales de los periodistas Eduardo Ruiz Healy y Julio Hernández “Astillero”.

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