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La batalla por Andy: ¿Legado, víctima, demonio insaciable o simple alfil? Autor: José Reyes Doria


Autor: José Reyes Doria | @jos_redo


La figura de Andrés Manuel López Beltrán (Andy), hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, se ha colocado en el centro de una intensa batalla discursiva donde unos buscan condenarlo por corrupción desmedida, tráfico de influencias y complicidades con la delincuencia organizada en diversos giros. Otros, emprenden una defensa entusiasta de Andy, señalando que todas las acusaciones son falsas y tienen el objetivo de manchar el legado de AMLO.


Unos más, piensan que Andy es el ojo del huracán de un eventual enfrentamiento entre la presidenta Claudia Sheinbaum y AMLO que podría derivar en una fractura de grandes dimensiones en el régimen. No debemos dejar fuera las versiones de que, sin excluir necesariamente las motivaciones antes descritas, la andanada contra Andy venga de Estados Unidos con el objetivo de minar la imagen de la llamada Cuarta Transformación y avanzar en un hipotético intento de derrocarla.


Andy es un personaje relevante debido a que es el hijo del ex presidente AMLO, por sí mismo su trayectoria pública es prácticamente inexistente, salvo por su paso en la secretaría de organización de Morena. Desde 2018, la figura de AMLO adquirió una dimensión casi mítica para los seguidores de la 4T, y para una buena porción de la sociedad, o el pueblo, para decirlo a tono del obradorismo. Quienes son o se sienten parte orgánica de la 4T, ven a López Obrador no solo como fundador del movimiento y del régimen 4T, sino como el héroe fundacional de un nuevo México.


Durante todo su sexenio, AMLO se empeñó en colocar en el imaginario popular una imagen de gobernante y líder honesto, infalible y poderoso. Para muchos, muchísimos, lo sigue siendo, y por ello aceptaron como posibilidad que Andy podría ser candidato natural e incuestionable a la Presidencia en 2030. Por lo tanto, la familia y la obra de AMLO deben mantener un aura intachable, pues de otra manera sobrevendría la demolición del mito y el poder, tanto simbólico como real, de López Obrador.


Por todo esto, algunos grupos y actores políticos estarían muy interesados en pulverizar la imagen de Andy. Enjuiciarlo y encarcelarlo, o extraditarlo a EEU por corrupción y complicidades con el crimen organizado sería un golpe letal a la línea de flotación de AMLO y de la 4T. Es el sueño dorado de la oposición partidista, mediática y social, cuyos representantes y voceros llevan a cabo una línea de comunicación incesante en las acusaciones contra Andy, aportando elementos, argumentos y documentos que podrían sustentar acusaciones creíbles para, al menos, abrir investigaciones formales en la FGR.


Pero, si por un momento consideramos que existe una confrontación de poder entre el grupo de AMLO y el entorno de la presidenta Claudia Sheinbaum, entonces los opositores no serían los únicos interesados en derruir la imagen de Andy, sino que se sumarían a ese objetivo los grupos y personajes anti AMLO dentro del propio régimen. Esto último podría parecer contradictorio, pues si los claudistas golpean a Andy, en efecto debilitan a López Obrador, pero el impacto negativo se extiende a toda la 4T y debilitaría la posición del régimen en su conjunto.


En este caso, es decir si se tratara de fuego amigo la andanada contra Andy, es probable que el cálculo se base en un singular fenómeno de percepciones que registran todas las encuestas: las acusaciones y sospechas de complicidad con los carteles del narcotráfico, con redes inmensas de corrupción y derroche y despilfarro faraónico de altos personajes de la 4T no se están reflejando en costos político-electorales. En efecto, incluso en Sinaloa con todo lo que ha pasado en torno a Rubén Rocha, las preferencias electorales apuntan a una victoria aplastante de Morena.


Así, un eventual derrumbe de la imagen de Andy, y por consecuencia, de AMLO, no se traduciría en pérdida inmediata de poder formal en las gubernaturas. Esto otorgaría margen para impulsar o permitir que fluyan las embestidas contra el hijo de López Obrador, sin preocuparse de que un efecto inmediato sea la pérdida de elecciones, lo cual sí generaría inconformidad y cuestionamientos en las cúpulas del régimen.


Otro ángulo de análisis es el papel que juegan los Estados Unidos. A juzgar por acciones particularmente hostiles y amenazantes, como el retiro de la visa de Andy, así como las filtraciones e insinuaciones de que la justicia estadunidense cuenta con pruebas de los malos pasos del hijo de AMLO, es viable suponer que el gobierno de Trump pretendería golpear a la 4T en la figura de un personaje que, como dijimos, condensa los puntos vulnerables del régimen.
Para Estados Unidos, lanzar una acusación judicial contra Andy sería una jugada ambiciosa encaminada a condicionar al gobierno de Sheinbaum, a neutralizar a López Obrador y, en una mirada más estratégica, destinada a un desmantelamiento del régimen de la Cuarta Transformación vía la desmitificación de sus emblemas dinásticos.


Más o menos ése es el panorama del campo de batalla en torno a la figura de Andy. Las acusaciones o sospechas específicas que se utilizan como arietes para acorralarlo, consisten en presuntos actos de corrupción mayúscula en contratos y obras públicas; tráfico de influencias a través de la colocación de amigos en cargos públicos de enorme relevancia; participación en tramas gigantescas de huachicol como la encabezada por los almirantes Farías; indicios de complicidad en la trama sinaloense en el contexto de las acusaciones de alianzas con los carteles que pesan sobre Rubén Rocha Moya; entre otras.


Algunas publicaciones y señalamientos mediáticos contra Andy tienen elementos que los pueden hacer creíbles. Otras acusaciones son francamente delirantes o marcadamente débiles. Lo cierto es que el tema Andy está tan implantado en el centro de la batalla de propaganda nacional, que será muy difícil simplemente dejar pasar las andanadas discursivas y el desfile de supuestas evidencias. Tal vez por eso, en la mañanera de hoy la Presidenta, sin dar crédito a las acusaciones, ha dicho que la FGR debe investigar y explicar todos los señalamientos.


El tema es sumamente sensible. Estamos hablando del hijo de un ex Presidente. Más aún: del hijo de un ex Presidente que se ve a sí mismo, y es visto por una gran porción de la clase política y de la sociedad, como ejemplo de honestidad y trascendencia. Que el hijo de una figura para muchos mítica sea acusado de corrupción gigantesca y de crimen organizado, sacude los cimientos del imaginario político mexicano. Si llegara a encontrarse culpable, el efecto sería telúrico para el régimen de la 4T, y en particular para AMLO.


En México no existe, para bien y para mal, esa tradición política de juzgar a Presidentes y sus familias por delitos de corrupción o delincuencia organizada. Por eso el tema Andy suscita escándalo e incertidumbre. Pero en otros países de América Latina y el mundo es moneda corriente. En Brasil, el hijo del presidente Lula está siendo investigado judicialmente por corrupción: la Corte no tuvo empacho en autorizar el proceso, la Fiscalía no se inhibió para realizar las indagatorias. Nadie es intocable en Brasil, el propio Lula ha estado preso por corrupción.


Pero todo es relativo y obedece a los contextos históricos, culturales y políticos. En Brasil enjuiciar al hijo del Presidente en funciones es normal. En México, respecto al hijo de un ex Presidente, es algo impensable, es casi una herejía política que podría condenar a todos.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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