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La Batalla de Inglaterra: Ora sí Virgencita, tienes que ayudar a México. Autor: José Reyes Doria


Por José Reyes Doria | @jos_redo


El ruego a lo divino tiene que ser a la Virgen de Guadalupe, no directo a Dios, porque los ingleses también le van a encomendar el triunfo de su equipo. Para no trasladar la disputa al terreno de los designios divinos, lo más práctico es pedir el favor de la Guadalupana, que es la patrona de México.


Porque, ahora sí, México necesita toda la ayuda posible si queremos ganarle a la poderosa selección de Inglaterra. En general, los jugadores ingleses tienen más capacidad, más talento y más roce de élite que los mexicanos. Eso no quiere decir que en el Tri no haya jugadores magníficos, claro que los hay, pero, al menos en el papel, no tenemos a un Harry Kane, un Bellingham, un Saka, tampoco contamos con un Declan Rice, un Madueke, un Eze o un Rashford, curtidos en mil batallas de altísimo nivel.


Con todo, creo que es posible la victoria ante Inglaterra el próximo domingo, y, por lo tanto, el pase a los cuartos de final del Mundial. Las posibilidades existen, claro que sí. Contra los pronósticos más pesimistas, Javier Aguirre ha podido armar un buen juego de conjunto, recurso invaluable para competir contra equipos plagados de estrellas como Inglaterra.


Además, para alimentar el optimismo, podemos creer en que nuestros gladiadores seguirán incrementando su rendimiento y su determinación. El Tala puede seguir realizando atajadas imposibles, Johan convertir la defensa en una muralla impenetrable, Lira puede ascender al cielo del equilibrio en la mitad del terreno, el Piojo terminar de convertirse en el crack irreconocible que ha sido los últimos partidos, Raúl y Quiñones ser los más implacables goleadores. Y el bebé Mora, ojalá se consagre con un gol o asistencias mágicas.


Pero, aunque el Tri se sublime en grado superlativo, tal vez no sea suficiente para ganarle a Inglaterra. Es cierto que tenemos algunas ventajas: jugar en el Azteca es un plus relevante, la altura de la CDMX también puede pesarle a la armada británica. Sin embargo, necesitamos más que todo eso para consumar la hazaña.


Los antecedentes no nos favorecen. En nuestra historia mundialista nunca le hemos ganado a una potencia mundial en juegos de eliminación directa. En 1970 fuimos anfitriones de nuestro primer Mundial, y en cuartos de final nos tocó la poderosa Italia: nos golearon 4-1.


En 1986, también en casa, le ganamos en octavos de final a Bulgaria, que no era ni de lejos un equipo potente. Ya en cuartos de final, nos echó la poderosa Alemania, aunque dimos una batalla épica obligando la definición en penales, donde fallamos casi todos.


En el Mundial Francia 98 la suerte nos puso contra la siempre poderosa Alemania otra vez, en octavos de final. La Mannschaft estaba en horas bajas, nos pusimos 1-0 en ventaja, pero al final pesó la historia, los alemanes dieron la voltereta y se esfumó la posibilidad de la venganza. En el Mundial Alemania 2006 enfrentamos en octavos a la poderosa Argentina, y nos eliminó con un golazo imposible en los últimos minutos.
En Sudáfrica 2010 nos volvió a tocar Argentina, en octavos, y nos volvió a derrotar, esta vez con más facilidad. Brasil 2014: en octavos enfrentamos a la poderosa Holanda, nos pusimos en ventaja, pero en los últimos cinco minutos nos ganaron 2-1. En el Mundial Rusia 2018 los octavos nos depararon un verdugo temible, el pentacampeón Brasil: nos eliminó sin problemas.


Es clarísimo que las tendencias juegan en nuestra contra para el domingo. Nunca hemos eliminado a una potencia en fase de eliminación directa de ningún Mundial, ni siendo locales ni afuera. De hecho, en eliminación directa solo hemos ganado dos veces: en 1986 a Bulgaria y apenas el martes a Ecuador, dos selecciones realmente modestas. No solo hemos perdido con las potencias, también nos eliminaron en octavos Bulgaria en 1994 y Estados Unidos en 2002.


Pero las tendencias y las maldiciones están hechas para romperse, y en el ambiente mundialista mexicano flota un fuerte aroma a victoria de cara a la batalla contra Inglaterra.


Más que optimismo desbocado, se trata de una especie de hambre de gloria permanentemente insatisfecha. Al pueblo de México, la política no le ha dado nunca motivos para sentirse ganador, salvo algunos momentos en la lucha de Benito Juárez por la soberanía nacional, algunas gestas efímeras de la División del Norte de Francisco Villa, o ciertas políticas populares de Lázaro Cárdenas. La economía igualmente ha sido mezquina en logros para el pueblo, al contrario, ha sido fuente de sacrificios y expoliaciones incesantes.
En el terreno de la cultura o la educación, tampoco contamos victorias atronadoras. Otros deportes sí han aportado atletas mexicanos triunfadores a nivel global, pero se han presentado en deportes y competiciones que no concitan ni el 5 por ciento de la pasión y la dimensión trágica del Mundial de Fútbol.


El deseo de gloria es más arrollador en las gestas más populares, emerge con una potencia irrefrenable cuando se condensa en un nacionalismo primitivo, trivial y sencillo, como el que genera la competencia de fútbol entre naciones. Es un nacionalismo sin ambiciones expansionistas ni ánimos de agresión excluyente. El nacionalismo mundialista, desdeñado desde la pedantería intelectual, es simple e inasible, banal si se analiza desde atalayas escolásticas, pero es el más auténtico y profundo posible en México, y en muchos otros países del planeta.
La explosión nacionalista del Mundial es, también, difícil de capturar por el poder.

Hemos visto intentos de políticos y gobernantes por apropiarse del furor mundialista, ajolotes, mañaneras con patos, playeras naranjas masivas y grotescas, mensajes estridentes y cursis en redes sociales con la camiseta verde, pero nada: el pueblo en las calles y en el ambiente mundialista ignora esas intentonas, y a veces las desprecia.


Tal vez por ello, la presidenta Claudia Sheinbaum ha mostrado una frialdad palpable hacia le fiesta mundialista, un desapego incómodo respecto a esta pasión popular incontrolable. Y tal vez haga bien, porque ahorita el pueblo, unido y diverso a la vez, no el pueblo monolítico que se quiere desde el poder, tiene como prioridad en su agenda emocional impulsar a muerte el triunfo ante Inglaterra.


El pueblo mundialista sabe, sabemos, que no vamos a ganar la Copa del Mundo. Pero una victoria ante los ingleses en octavos ya sería una epopeya reivindicatoria del espíritu colectivo; y una batalla heroica contra Brasil o Noruega en cuartos de final colmaría el hambre de gloria. Ya si pasamos a semifinales, podríamos ir cambiando las estatuas en Paseo de la Reforma.


Por eso es tan importante la batalla contra Inglaterra el domingo. En la Segunda Guerra Mundial, se llamó la Batalla de Inglaterra a los bombardeos masivos descomunales de la Alemania nazi contra Londres en los albores de la guerra. En esa batalla Inglaterra resistió y a la larga ganó. Pero ahora, los que van a bombardear el campo inglés serán, no los malignos nazis, sino los próceres mexicanos vestidos de verde impulsados por millones de corazones. Inglaterra puede perder esta vez.


Hay que apelar al esfuerzo extrahumano de los futbolistas en la cancha, el apoyo incesante de la afición en el Azteca, la intensidad de las oraciones de los futboleros más fanáticos. Incluso, puesto que Inglaterra fue eliminada por Argentina en el Azteca en el Mundial 86, hay que invocar al espíritu de Maradona que aniquiló en ese juego a los ingleses. Diego, ese Dios, sí nos apoyaría sin titubeos, que se le meta en la piel a nuestro Morita o al Piojo.


Y que la Virgencita de Guadalupe haga el resto. Mi pronóstico-deseo: México 2, Inglaterra 1.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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