La abrogación de la reforma educativa y el futuro (incierto) de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Autora: Rosalina Romero Gonzaga

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Esteban Moctezuma.
Esteban Moctezuma.

Primer acto. La disputa política por la educación pública.

Las distintas y encontradas declaraciones sustentadas recientemente por diversos actores políticos, sindicales, sociales, académicos sobre el destino que tendrá la reforma educativa (¿abrogación?, ¿cancelación?, ¿suspensión?, ¿derogación?, ¿reforma?) nos llevan a suponer que Esteban Moctezuma quizá no sea la persona idónea para ocupar el cargo de secretario de Educación Pública y concertar un renovado Acuerdo Nacional sobre la Educación. Los hechos hablan por sí mismos. Un ambiente marcado por las iniciativas legislativas ambiguas (la del senador Martí Batres y la del grupo parlamentario del PT en la Cámara de Diputados), las posiciones radicales de la CNTE, los despropósitos del SNTE, las resistencias del actual secretario Roldán y del INEE, los discursos puristas de Mexicanos Primero, las inconsistencias del próximo secretario y las contradicciones del presidente electo, AMLO, nos hablan de una democracia vapuleada: se anteponen el protagonismo, las simulaciones y la mezquindad política de los actores. Y frente a ello, ¿cuál ha sido el papel y la posición que ha tomado Esteban Moctezuma? Se ha constreñido a encabezar los foros de la consulta y a reiterar que seguirá la evaluación sin establecer orientaciones precisas. Todo parece indicar que la intersección entre la educación y la política seguirá el mismo derrotero que antaño: pagar deudas a los grupos políticos y sindicales, antes lo fue con el SNTE, ahora lo será con la CNTE. Como se vislumbra, poco o casi muy poco se hará en favor de la educación pública.

Segundo acto. El ¿futuro? de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes

De los 33 064 767 niños, niñas, adolescentes y jóvenes, sólo 25.7 millones de niños en la educación básica fueron atendidos.[i]

21.4 millones de niños, niñas y adolescentes se encuentran en situación de pobreza.[ii]

696 000 niños y niñas viven con alguna discapacidad.[iii]

2 719 985 niños y jóvenes de 6 a 17 años realizaban actividades domésticas, extra-domésticas, o ambas, que les demandaban 20 o más horas a la semana.[iv]

6 395 339 jóvenes identificados como ninis (no estudian ni trabajan), donde poco más de seis millones realizaban trabajo doméstico semanalmente; de estos, 77% dedicaba más de 20 horas a la semana a actividades en el hogar, en particular las mujeres (86.6%), contra 16.9% de los varones.[v]

A nivel de distribución de recursos, se le ha destinado el mayor porcentaje de gasto a la educación primaria, después al nivel superior y, en tercer lugar, a la educación secundaria. En 2012, preescolar fue el nivel educativo que recibió menos recursos públicos, con tan sólo 10% del gasto.[vi]

En pleno siglo XXI, no se ha alcanzado la cobertura universal de la educación básica obligatoria. La cobertura para preescolar es de 73%, para secundaria de 82% y para media superior de 62%. Para incrementar la cobertura de la educación secundaria, el nivel se expande a través de las telesecundarias y las secundarias comunitarias (en zonas rurales); en el caso de la media superior, lo hace mediante los telebachilleratos comunitario y de educación media superior a distancia (EMSAD) donde las condiciones materiales de los planteles, la organización escolar, la formación docente y sus prácticas en aula siguen siendo lamentables. Se sigue reproduciendo el patrón de antaño: se ha invertido más en escuelas preescolares y primarias generales; los apoyos se han concentrado en localidades con mayor número de habitantes; se ha atendido a escuelas con menos carencias de infraestructura; las escuelas indígenas, las comunitarias, las telesecundarias, los telebachilleratos y los EMSAD son las modalidades en las que se ha apoyado el crecimiento y cobertura del sistema educativo nacional.

Y frente a ello, ¿qué ha propuesto o planteado el futuro secretario de Educación Pública? La coyuntura social y política amerita encontrar el equilibrio político entre las fuerzas en pugna, proponiendo una nueva redacción del artículo 3º constitucional que se antoja sea sobria y apegada a la realidad de la escuela, a los intereses de los niños, niñas, adolescentes, jóvenes, y las capacidades de los profesores, sin atavismos políticos e ideológicos.

Tercer acto. La abrogación de la reforma o la reconstrucción de la educación pública

Los datos, seguramente poco conocidos por los actores políticos y sindicales, refieren la gran deuda educativa aún pendiente para garantizar la educación básica obligatoria en el país. Las políticas focalizadas implementadas en el sexenio que está por concluir no fueron suficientes para abatir las desigualdades educativas. Ni el servicio profesional docente ni los programas Escuelas al CIEN, Escuela al Centro y en Nuevo Modelo Educativo lograron revertir los bajos resultados educativos.

Mientras los aprendizajes de los estudiantes se mantienen estancados, un alud de iniciativas, declaraciones, posicionamientos se precipitan para crear mayor incertidumbre. Frente a ello, se requiere un secretario de educación que esté a la altura de las circunstancias; que desempeñe una función directiva en la elaboración de un plan nacional de educación obligatoria, supervisando los trabajos y motivando al magisterio y a la opinión pública a aceptar la necesidad de la reconstrucción de la educación pública; un secretario que sepa ganarse la confianza de todos los actores políticos, sindicales y educativos para integrar una política educativa nacional sólida y coherente que no derive en foros simulados, declaraciones adelantadas, decisiones ambivalentes; un secretario con tacto político y manejo del conflicto para integrar un proyecto pedagógico centrado en los intereses, expectativas y necesidades de los estudiantes; en la reorganización y elevación de la calidad de la formación del magisterio; en la organización de una comisión de revisión y coordinación de planes, programas educativos y textos escolares; en el rediseño la SEP; en la transformación (no reforma) de las Normales; en el balance amplio de lo que se ha hecho y dejado de hacer en los distintos niveles de la educación básica y obligatoria. En fin, en una auténtica y necesaria reconstrucción de la educación pública en México.

rrgonzaga@comunidad.unam.mx
Twitter: @rrgonzaga23

Notas

[i] INEE (2018). La educación obligatoria en México. Informe 2018, pp. 69-96).

[ii] (UNICEF (2015). Informe anual 2015. UNICEF, México, pág. 8. Disponible en: https://www.unicef.org/mexico/spanish/UNICEFMX_15_low.pdf

[iii] Ibid, pág. 37.

[iv] INEE, op. cit., pág. 75).

[v] Ibid, pág. 79.

[vi] UNICEF, op. cit., pág. 11.

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