Muy probablemente el gobierno de la autollamada Cuarta Transformación será recordado, entre otras cosas, por la liberación directa y deliberada de Ovidio Guzmán por parte del presidente López Obrador, por la exoneración del general Cienfuegos y por la gran amistad y simpatía hacia Donald Trump.
Las cosas nunca son o blancas o negras. Hay millones de colores en medio. El problema es que estos asuntos se politizan y se convierten en estandartes de batalla. Así, los incondicionales del presidente de repente justifican lo que en otros presidentes habría sido motivo de escándalo. Los seguidores del presidente hasta celebran la liberación de Ovidio y ahora se han convertido en defensores de Cienfuegos, cuando hasta hace poco era repudiado por ser el secretario de la Defensa de Peña Nieto y muchos le atribuían responsabilidad en la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y otros episodios ominosos. Hoy en día, criticar a Trump es echarse encima a miles de simpatizantes del presidente López Obrador. Por otro lado, los que están en contra del presidente han erecto las figuras de Ovidio, Cienfuegos y Trump en símbolos de lo que, a su juicio, es la pusilanimidad del actual gobierno. Por eso resulta tan difícil hacer análisis libres de discurso emotivo. En el momento en que los lectores de una u otra facción leen algo que sale ligeramente de la programación y condicionamiento mental en el que se encuentran, se desatan las descalificaciones y las ofensas.
No se trata de cogitar sobre la culpabilidad o inocencia del general Cienfuegos. Para ello sería necesario ser experto en derecho penal mexicano y de los Estados Unidos, leer, analizar y valorar jurídicamente todo el cúmulo probatorio que obra en autos, tanto en Estados Unidos como en México, además de dominar plenamente no solo el inglés, sino el inglés legal y, muy particularmente, el inglés técnico del Criminal Law. De lo que se trata es de analizar las implicaciones de la exoneración. Yo no voy a pronunciarme sobre la culpabilidad o inocencia de Cienfuegos, y creo que ningún analista que no haya hecho un examen en los términos que he expuesto, debería hacer un pronunciamiento así. Simplemente voy a enumerar las repercusiones que, creo, se van a desencadenar; la principal de ellas, por supuesto, es la tensión y deterioro que sufrirá la relación México-USA en materia de narcotráfico y seguridad.
El presidente López Obrador ha descalificado a la DEA (Drug Enforcement Administration) y la ha acusado de “fabricar” delitos y de presentar evidencia falsa. El punto fino está en que el presidente López Obrador afirma que la detención de Cienfuegos en octubre de 2020 se llevó a cabo por motivos políticos-electorales (las elecciones en nuestro vecino fueron unas semanas después, a principios de noviembre) y que se intentó afectar la muy buena relación entre su gobierno y el de Trump. Vaya, es como si AMLO dijera que el caso Cienfuegos fue una maniobra electoral para hacer perder a Trump la elección, y con ello reafirma su inequívoca e incondicional solidaridad con el derrotado presidente americano. Hasta el último momento, el presidente de México se mantiene fiel a Trump. (En este link se puede leer la versión estenográfica de la conferencia de prensa de López Obrador del viernes 15 de enero: https://www.gob.mx/presidencia/es/articulos/version-estenografica-conferencia-de-prensa-del-presidente-andres-manuel-lopez-obrador-del-15-de-enero-de-2021)
En la conferencia del viernes pasado, AMLO subrayó el compromiso con Estados Unidos para compartir información en materia criminal y sostuvo que la investigación de las autoridades estadunidenses sobre Cienfuegos, sin conocimiento del gobierno mexicano, violaba ese acuerdo. Por eso es que el gobierno de México se entregó a la tarea de rescatar a Cienfuegos de las garras de la justicia estadunidense. Y lo logró con el apoyo de Trump, pues de otro modo habría sido imposible.
Los simpatizantes de López Obrador y la prensa oficialista dan por cierta, a pie juntillas, su versión: las autoridades de Estados Unidos, particularmente la DEA, no tenían un caso sólido contra Cienfuegos, inventaron pruebas falsas y fabricaron delitos. Allende a eso, López Obrador ha desenmascarado a la malévola DEA y ha exhibido la corrupción de la justicia en los Estados Unidos. En el polo opuesto, la prensa de linchamiento ve en el caso Cienfuegos una prueba irrefutable de que AMLO encabeza un narcogobierno.
Lo que yo pienso es que alguien acabará pagando los platos rotos del ridículo. Si es verdad lo que dicen muchos simpatizantes del presidente y lo que afirma el propio gobierno, en el sentido de que al no tener un caso sólido los Estados Unidos quisieron deshacerse de Cienfuegos para evitar un monumental ridículo, entonces habría que admitir que López Obrador se comió una manzana a todas luces envenenada; y se la comió de la manera más inocente e ingenua. Así, el ridículo que habrían sufrido las autoridades de Estados Unidos lo va a terminar haciendo México.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha manifestado su indignación. Sostiene que hay evidencias contundentes contra Cienfuegos y respalda y avala la investigación. Las pruebas –que, según ellos, no fueron fabricadas, como dice el presidente mexicano– fueron legalmente obtenidas conforme a la ley estadunidense y fueron analizadas por un Gran Jurado que determinó acusar a Cienfuegos, insisten. Todo indica que para el Departamento de Justicia, el gobierno mexicano encubre a un malhechor.
Y además, según el Departamento de Justicia, en el momento en que AMLO publicó el expediente que enviaron las autoridades estadunidenses, el gobierno mexicano violó el Tratado de Mutua Asistencia Legal. El Departamento de Justicia se pregunta si Estados Unidos podrá seguir compartiendo información con México. Parece que están perdiendo la confianza.
(Y hablando de violación de tratados internacionales –abro paréntesis–, el conflicto que se vislumbra a propósito de los organismos autónomos que AMLO quiere desaparecer, entre ellos el IFT y los órganos reguladores de energía y de competencia económica, luce sombrío. Las extinciones de estos organismos requerirían reformas constitucionales y supondrían sendas violaciones al T-MEC. No sé si AMLO lo sepa, pero bajo la letra del tratado, estos organismos deben ser independientes del poder ejecutivo mexicano. La desaparición de ellos sería una violación al T-MEC. ¿Estará López Obrador dispuesto a objetar el tratado y renegociarlo, como lo hizo Trump hace cuatro años, con tal de desaparecer los tan odiados organismos autónomos? Eso parece una locura –cierro paréntesis–.)
Y si usted agrega a todo lo anterior lo que ha expresado el embajador Landau en el sentido de que al gobierno mexicano no le interesa el apoyo de Estados Unidos para combatir el tráfico de armas y que México no hace mayor cosa para evitar este tráfico –para ilustrar su punto el embajador refiere el episodio de la liberación de Ovidio Guzmán en Culiacán: ahí se muestra el tamaño de ese tráfico que pone en superioridad a un grupo criminal sobre el ejército mexicano, tanto que el presidente de México ordena que liberen a un narcotraficante ya sometido y detenido–; que ni siquiera ha aceptado nuestro gobierno el ofrecimiento de extraditar desde los Estados Unidos a criminales que están en prisión por tráfico de armas; si consideramos todo esto en conjunto, el asunto Cienfuegos es una pieza más que abona al desequilibro y deterioro de la relación México-Estados Unidos.
Trump y AMLO estaban felices el uno con el otro. Se venían mutuamente como anillo al dedo, para parafrasear a López Obrador. Mientras México se constituyera en el infranqueable muro en que se convirtió al desplegar casi 30 mil soldados para contener a los migrantes de Centroamérica, Trump estaría feliz. Los demás temas con nuestro gobierno le tendrían sin cuidado: el T-MEC, la democracia, los derechos humanos, la agenda ambiental, la competencia económica, etcétera. Pero el escenario es radicalmente diferente con un Biden presidente y una aguerrida Kamala Harris en la vicepresidencia. De ahí el apoyo incondicional que nuestro presidente mostró y seguirá mostrando hacia Trump.






Tendenciosa esta publicación. Yo simpatizo con la politicas de AMLO pero no quiere decir que es perfecto, a nadie le cae bien Cienfuegos, ni estoy de acuerdo con la liberación de Ovidio, sin embargo eso pensamos nosotros por que no estabamos en el fuego cruzado, ni amenazados a consecuencia del operativo quevorganizo EU en México