En las primeras horas de este martes, el ejército de Israel inició una incursión terrestre en el sur de Líbano, acompañada por fuego aéreo y de artillería, como parte de una operación dirigida contra objetivos de Hezbolá en la zona fronteriza. Las autoridades israelíes describieron esta acción como una serie de “redadas limitadas, localizadas y selectivas”, cuyo objetivo es neutralizar amenazas inmediatas a las localidades del norte de Israel. La operación, denominada “Flechas del Norte”, fue aprobada por el gabinete de seguridad israelí, liderado por el primer ministro Benjamín Netanyahu, y se enmarca en la estrategia militar que Israel ha implementado desde el 23 de septiembre. Esta fecha marcó el día más sangriento en Líbano desde el fin de su guerra civil en 1990, con más de 550 muertos en pocas horas.
Camila Olvera Burdiles | Redacción Astillero Informa
La incursión terrestre comenzó a las 02:00 horas locales, según confirmaron fuentes oficiales israelíes, y se centró en atacar infraestructura de Hezbolá, tras semanas de intensos bombardeos en la región. El ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, calificó esta ofensiva como “la próxima fase de la guerra”, subrayando que la operación tiene un carácter táctico para garantizar la seguridad de Israel ante la creciente amenaza de Hezbolá en la región fronteriza.
En paralelo, las Fuerzas Armadas del Líbano anunciaron su retirada de cinco kilómetros hacia el interior, dejando una franja desmilitarizada cerca de la frontera, mientras los ataques israelíes alcanzaban el suburbio sur de Beirut, una zona conocida por su alta concentración de militantes y líderes de Hezbolá. Las autoridades libanesas habían advertido previamente a la población civil sobre la necesidad de evacuar varias áreas, ante el incremento de las hostilidades.
Israel había informado a sus aliados estadounidenses sobre la inminente incursión, tras una serie de bombardeos en localidades estratégicas como Wazzani, Jiam y Marjayoun, ubicadas cerca de la frontera con Israel. La operación “Flechas del Norte” llevaba meses de preparación, con soldados israelíes entrenándose específicamente para este tipo de incursiones en territorio libanés.
En medio de esta escalada, Estados Unidos ha jugado un papel crucial, tanto en términos de apoyo a Israel como en la gestión diplomática de la situación. El Departamento de Defensa estadounidense confirmó haber mantenido conversaciones con su homólogo israelí para coordinar la operación y asegurarse de que Hezbolá no pudiera llevar a cabo ataques similares a los que lanzó en octubre. El secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, subrayó la necesidad de desmantelar las infraestructuras de ataque de la milicia chií a lo largo de la frontera y anunció el despliegue adicional de tropas estadounidenses en la región para apoyar a Israel y disuadir posibles ofensivas por parte de Hezbolá o sus aliados regionales.
Sin embargo, Hezbolá negó este martes que haya tropas israelíes dentro del territorio libanés. Según el portavoz del grupo, Mohamed Afif, no ha habido enfrentamientos terrestres directos con el ejército de Israel. En un comunicado, las autoridades israelíes reiteraron que la operación es de carácter limitado y está enfocada en destruir la infraestructura de Hezbolá. A pesar de estas declaraciones, los intensos bombardeos de las semanas anteriores ya han dejado más de mil muertos en Líbano, generando una crisis humanitaria en la región.
La situación se intensificó aún más cuando, horas después de la incursión israelí, Irán lanzó un ataque con 180 misiles balísticos contra Israel, en lo que fue visto como una represalia directa. Las sirenas de alarma se activaron en todo el territorio israelí, instando a la población a buscar refugios de inmediato. El sistema de defensa aérea israelí, conocido como Domo de Hierro, interceptó la mayoría de los misiles, aunque algunas explosiones se registraron en Tel Aviv y otras zonas. A pesar de la magnitud del ataque, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron que no hubo víctimas mortales ni heridos graves, y que la mayoría de la población pudo abandonar los espacios protegidos poco después de que se disolviera la amenaza.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de Irán confirmó que el ataque fue una represalia por la muerte de dos líderes clave en la región: Ismail Haniya, líder de Hamás, quien fue asesinado en julio, y Hassan Nasrallah, el líder de Hezbolá, quien falleció el pasado viernes. A través de un comunicado, el CGRI advirtió que podrían lanzar nuevos ataques si Israel decidía responder militarmente. El portavoz de las FDI, Daniel Hagari, respondió afirmando que este ataque “tendría consecuencias”, y añadió que Israel se encontraba en “alerta máxima”, preparado para actuar en cualquier momento si la situación se deterioraba.
Antes del ataque iraní, fuentes de inteligencia estadounidenses ya habían advertido sobre la posibilidad de una ofensiva inminente por parte de Irán, como respuesta a la invasión israelí en el sur del Líbano. Un alto funcionario de la Casa Blanca advirtió que un ataque directo de Irán podría desencadenar “consecuencias severas” para la región y el propio país. Además, el ejército de Estados Unidos confirmó haber interceptado algunos de los misiles lanzados por Irán, reforzando su compromiso con la defensa de su aliado israelí.
A medida que la situación avanza, el gobierno de Estados Unidos intenta moderar la escala de la ofensiva israelí. Aunque no ha desautorizado la invasión, altos funcionarios estadounidenses han advertido sobre el riesgo de que una operación prolongada pueda descontrolarse, lo que podría derivar en una crisis de mayor envergadura. En palabras de Matthew Miller, portavoz del Departamento de Estado, “la presión militar puede respaldar la diplomacia, pero también puede derivar en errores de cálculo y consecuencias no deseadas”.
En medio de este conflicto, Hezbolá mantiene su postura desafiante. Naim Qasem, el número dos del grupo, advirtió que sus fuerzas están listas para la batalla en caso de que la invasión terrestre israelí continúe. “Si el enemigo decide entrar por tierra, nuestras fuerzas están preparadas”, señaló Qasem, en una referencia directa al conflicto de 2006, cuando Hezbolá resistió una incursión israelí durante 34 días, consolidando su posición como una fuerza relevante en la región.
Por otro lado, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, reiteró el lunes que un alto el fuego sería la mejor solución para detener la escalada del conflicto. A preguntas sobre su posición respecto a la invasión terrestre de Israel en Líbano, Biden afirmó: “Deberíamos tener un alto el fuego ya”. Naciones Unidas también confirmó que Israel les había informado previamente sobre la operación terrestre, en un esfuerzo por mantener cierta transparencia a nivel internacional.
Mientras tanto, la situación en Líbano es cada vez más crítica. El primer ministro libanés advirtió que el país enfrenta “una de sus fases más peligrosas”, con un millón de personas desplazadas a causa de los bombardeos israelíes y la creciente violencia en todo el territorio. Las FDI han intensificado los ataques aéreos en Beirut y en zonas cercanas, incluidas áreas como Sidón, donde se encuentran varios campos de refugiados palestinos, lo que ha generado preocupación a nivel internacional sobre la magnitud de la crisis humanitaria en la región.





