Hay que romper con las calificadoras internacionales y postergar los proyectos del Tren Maya, del Istmo, Aeropuerto de Santa Lucía y Refinería Dos Bocas. Autor: Arturo Huerta González*

A la SHCP le preocupa la acción de las calificadoras internacionales por la baja nota que están otorgando al país. A un gobierno soberano que controla la moneda y trabaja con tipo de cambio flexible no le debe preocupar lo que las calificadoras digan. El gobieno debe financiarse con su moneda y no recurrir a los mercados financieron internacionales, ni para refinanciar la deuda externa. El pago de la deuda externa del gobierno federal, así como de Pemex y la CFE deben postergarse hasta después que salgamos de la crisis de pandemia y económica por la que atravesamos. Las calificadoras responden a los intereses de los acreedores internacionales, por lo que no les preocupa la problemática por la que los países emergentes estamos atravesando. El gobierno no debe seguir instrumentando políticas de austeridad fiscal para ser bien vistos por las calificadoras internacionales. El secretario de Hacienda dijo la semana pasada que “vamos a mantener la disciplina fiscal en el mediano y largo plazos”. Seguir con la disciplina fiscal implica no responder al combate a la pandemia del Covid-19, ni a la contracción económica y al desempleo y a la mayor miseria que ello genera. Tambien el Secretario dijo que “endeudarse no es tan fácil” y que sería muy costoso que el país lo hiciera, pues a la tasa de interés actual “tendríamos que pagar 375,000 millones de pesos en intereses cada año”. El secretario de Hacienda dijo que “están siendo cautos para ver cómo enfrentan la crisis sin comprometer tanto las finanzas públicas del país” y sin caer en endeudamiento. El problema es que con el equilibrio fiscal no podrán enfrentar la crisis, sino al contrario, la ahondarán, y al contraerse más el ingreso nacional, menor será la recaudación tributaria, por lo que se manifiestará el déficit fiscal y el mayor monto de la deuda, a pesar de no aumentar el gasto público. De ahí que es mejor que incrementen el gasto público deficitario (gastar más de sus ingresos) para frenar la pandemia y evitar mayor crisis económica, y al incrementar el ingreso nacional, se aumentará la recaudación tributaria y se reducirá el déficit fiscal impulsor del crecimiento económico.

México tiene que hacer lo que el gobierno del Reino Unido y su banco central decidieron el 9 de abril. El banco central va a financiar el gasto deficitario del gobierno a cero tasa de interés, sin que éste tenga que emitir deuda, por lo que el gasto no le representará costo alguno. El gobierno de México no se da cuenta de la gravedad por la que atravesamos, o si lo reconoce, no se atreve a romper con la ortodoxia neoliberal y con las calificadoras y los mercados financieros internacionales y al no hacerlo, representará un fuerte costo económico, político y social al país.

No hay problema de financiarse con la moneda, si el gasto público se encamina al combate de la pandemia, como a preservar las empresas productivas y el empleo, y a asegurar ingreso a los desempleados y a los que viven al día en la economía informal. Al mantener e incrementar la producción, el mayor gasto público no sería inflacionario, ni generaría presiones sobre el sector externo.

La atonia que padece el gobierno para encarar la crisis, llevará a que ésta se profundice y se prolongue, por lo que mayores serán los costos para superarla.

En el contexto actual, donde ha caído la actividad económica mundial y con ello el precio internacional del petróleo, el turismo, el comercio internacional y la aviación, entre otras muchas cosas, no es posible que el gobierno se empecine en poner como prioritaria la construcción del Tren Maya, dirigido a promover el turismo, como el aeropuerto de Santa Lucía, donde están quebrando muchas líneas aéreas y no se sabe hasta cuándo se reestablecerán el turismo y el tráfico aéreo. Asimismo, el Tren del Istmo está encaminado a promover el ingreso de empresas maquiladoras exportadoras, y no hay viabilidad de que vuelva a crecer el comercio internacional en el mediano plazo. De hecho, éste viene cayendo desde 2009 y crecerá mucho menos una vez superada la presente crisis, debido a que muchas economías se volcarán hacia la producción interna. El precio internacional del petróleo y de la gasolina permanecerá por muchos años a bajos niveles. De hecho a México le cuesta más producir un barril de petróleo, en relación al precio internacional actual. Con la refinería de Dos Bocas, no se logrará un precio de la gasolina menor al precio internacional. Si bien es estratégica la producción de la gasolina para no depender de importaciones, perfectamente se puede garantizar el abasto si México compra refinerías en Texas, que le costarían mucho menos que la inversión que está realizando en Dos Bocas. Los recursos del Tren Maya, del Tren del Istmo, como del Aeropuerto de Santa Lucía y de Dos Bocas, serían más útiles y rentables si se canalizan al combate al coronavirus y a apoyar la preservación de la planta productiva y el empleo nacional, como a asegurar ingreso a los que menos tienen, que seguir canalizando recursos a proyectos que no reactivarán la economía y no se terminarán en este sexenio.

ahuerta@unam.mx

* Profesor del Posgrado de la Facultad de Economía de la UNAM desde 1975.

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