Habitantes de Torreón intentan evitar presunta detención ilegal

Foto: julioastillero.com

Por Mariana Hernández Luna.

La sensación de inseguridad y vulnerabilidad que vivimos cotidianamente no solo proviene del crimen organizado, proviene también del actuar de los diversos cuerpos policiacos, pues todos hemos sabido y conocido de desapariciones forzadas, conocemos a alguien que fue detenido de manera arbitraria, luego vejado o extorsionado a cambio de su libertad.

El día de hoy, alrededor de las tres de la tarde a la salida del Walmart ubicado en Diagonal Reforma en Torreón, Coahuila, un muchacho fue detenido por varios sujetos sin uniforme ante el desconcierto de quienes salíamos del lugar.  El joven gritaba que él no había hecho nada, que se equivocaban de persona e intentaba huir; sin embargo, tres hombres lograron someterlo.  Casualmente, se encontraban en el lugar algunos policías bancarios fuertemente armados que recargaban de efectivo los cajeros, pero solo se limitaron a mirar la escena.

A la salida, intentaron subir al joven a un vehículo negro con vidrios polarizados.  La gente se arremolinó.  Los ciudadanos congregados, al ver que los sujetos que se llevaban al muchacho y el vehículo al que lo subieron no portaban algún tipo de insignia oficial que los acreditara como miembros de algún cuerpo policial, decidieron impedir que se lo llevaran.

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La gente pedía a gritos que se identificaran y, de ser policías, mostraran no solo las credenciales, exigían también una orden de aprehensión que justificara el jaloneo y maltrato del que era objeto el joven y saber por qué lo privaban de su libertad.

El vehículo fue rodeado por mucha gente, en su mayoría mujeres de todas las edades y varios hombres, uno de ellos documentó en video todo lo sucedido, exigían mirar una orden de aprehensión para confirmar que la detención era legal.   Ante la imposibilidad de mover el vehículo, los supuestos agentes policiales decidieron quedarse en el lugar hasta que llegaron dos policías municipales en motocicletas y una camioneta con más policías que bloquearon al auto negro.  Los sujetos del interior no abrían las ventanillas y se negaban a hablar con ellos, finalmente lo hicieron y mostraron credenciales que, dijo un policía municipal, eran de agentes de la Fiscalía del Estado de Coahuila y que ellos no podían hacer nada.  La gente exigía a los municipales que solicitaran la orden de aprehensión para comprobar que se trataba de una detención legal, pero los policías se quedaron impávidos.

Varias personas se pusieron frente al vehículo mientras grababan a los supuestos agentes y tomaban fotografías de las placas del auto, gritaban a los policías municipales que hicieran algo, pues dentro golpeaban y sujetaban de manera violenta al muchacho, exigían respeto a los derechos humanos del prisionero. Algunos proponían ponchar las llantas y varias mujeres intentaron desinflarlas; otros, romper los cristales del automóvil y sacarlo a la fuerza. La exigencia colectiva era saber por qué razón detenían al joven de manera tan violenta, pedían un documento oficial que justificara que se trataba de una detención legal.

Alrededor de 10 minutos después llegaron al lugar otros tres vehículos con supuestos agentes de la Fiscalía de Coahuila que, con actitud altanera y prepotente, exhibiendo algunas armas cortas y otras de largo calibre, intimidaron a los ciudadanos.  Sin intención alguna de mediar diálogo con los inconformes lograron retirar a quienes obstruían el paso del automóvil negro.

Luego de que se fuera el vehículo en donde llevaban al muchacho, los otros supuestos agentes de la Fiscalía se subieron a vehículos sin insignias entre rechiflas y mentadas de madre, así como entre los reclamos de la gente de afrontar a los grupos del crimen organizado y no a un joven solo y desarmado.

Ninguno de los presentes sabemos si el joven detenido cometió un delito, pero todos desaprobamos la manera en que lo sometieron y el trato que le dieron, fue notorio que los supuestos agentes de la Fiscalía no están capacitados para lidiar con situaciones semejantes.  Ante la posibilidad de que se tratara de una detención arbitraria, de una posible desaparición forzada fue lo que detonó el descontento y el temor generalizados.

A todos nos invadió la incertidumbre, la desconfianza, el enojo, la frustración y, peor aún, el temor de ser presas de una aprehensión ilegal.  Algunos comentaron, en tono sarcástico, que el muchacho formaría parte de las estadísticas de desaparición forzada, otros intentaron hacer malogradas bromas de humor negro sobre el asunto.

El temor de los ciudadanos comunes y ordinarios no solo es de caer en manos de la delincuencia organizada, ahora lo es también de caer en manos de los cuerpos policiales, la diferencia entre unos y otros no parece ser mucha.

Foto: julioastillero.com
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