Guanajuato: SEDESHU con brote y un fallecimiento por forzar asistencia de trabajadores (por Alonso Merino Lubetzky en PopLab)

Foto: Sedeshu

Esta nota es dedicada a Edwin Poot Sélem y a todas aquellas víctimas de la violencia institucional del Estado de Guanajuato en medio de la pandemia de COVID-19

Alonso Merino Lubetzky en PopLab

El 03 de agosto recibieron la esquela de Edwin Cristóbal Poot Sélem, pero ninguna explicación sobre la causa de su muerte. Al poco tiempo se enteraron, pero nunca por fuentes oficiales: su deceso fue producto de la COVID-19, agudizada por la diabetes y la hipertensión. La instrucción de la institución a partir de ello fue que al día siguiente debían acudir a las oficinas a realizarse una prueba de coronavirus; les enviaron los turnos en los que les serían tomadas las muestras, pero ninguna palabra respecto al fallecimiento de Edwin.

Mientras que muchas oficinas gubernamentales y otros centros de trabajo privados cumplieron con la cuarentena y el trabajo desde casa para evitar la propagación del coronavirus, la Dirección General de Inversión para la Infraestructura Social (DGIIS) de la Secretaría de Desarrollo Social y Humano (SEDESHU) fue una de las direcciones que, salvo el periodo de vacaciones de Semana Santa, nunca paró, reincorporándose a sus actividades habituales después de los primeros días de conmoción por la contingencia.

“El director general no quería que nos retiráramos porque había mucho trabajo”, dicen empleados de la dependencia en el testimonio. En el centro de trabajo del personal de la DGIIS ubicado en Paseo de la Presa No. 99 en Guanajuato capital la gran mayoría de las actividades pueden hacerse desde casa, y pese a ello, se les obligó prácticamente a ir durante las primeras semanas de pandemia; cosa que solo fue cambiando conforme pasó el tiempo, pero nunca con resguardo absoluto.

A la población vulnerable no se le envió a casa en su totalidad, como lo estipulaban instrucciones sanitarias a nivel federal. El director general, José Luis Morán González, reunió a su personal “y a varios que sí eran de población vulnerable les dijo: no, ustedes se van a tener que quedar hasta el final“. Dicen que según Morán González la dirección tenía mucho trabajo y su personal “tenían que aguantarle”.

“Siempre estuvimos muy temerosos, porque son oficinas en las que hay mucho contacto con municipio”, explican los compañeros y compañeras de Edwin. “Todos creíamos que las iban a cancelar, pero no: las siguieron hasta lo último”.

Efectivamente, el personal de la DGIIS de SEDESHU ha hecho roles de asistencia a las oficinas por instrucción oficial y también ha recibido numerosos correos electrónicos y mensajes de WhatsApp con guías sanitarias y llamados al cuidado durante la pandemia. “Pero a pesar de todo eso, el director sí nos ha mandado a llamar varias veces a todos a quienes estamos, con regaños. Porque lo veo como muy nervioso porque tuvo a gente vulnerable en oficina todo el tiempo. Y siempre como muy paternalista: “pónganse el cubrebocas, y lávense las manos. Que todos lo hacíamos, pero andaba sobre nosotros”.

Según explican, Morán González, subordinado de Gerardo Trujillo Floressubsecretario de Inclusión e Inversión para el Desarrollo Social y expresidente estatal del PAN, sabía que estaba haciendo algo mal. Además, “todos sus superiores sabían que nos tenían ahí trabajando aún, lo sabían”. Y pese al incremento sostenido de contagios en el estado, así como de brotes de COVID-19 en oficinas gubernamentales, Trujillo Flores nunca ordenó el resguardo de una gran parte del personal, con todo y que la gran mayoría de las actividades podría haberse hecho desde casa.

“Va a sobrevivir quien tenga que sobrevivir”

La señales de alarma no fueron suficientes ni cuando un trabajador de León del área de verificación de obra se enfermó. Si bien al director se le veía asustado, insistía en culpar al trabajador y no en que el trabajo que hacía bien podría haberse hecho a distancia. Explican que Morán González les llamaba a sus trabajadores muy molesto diciéndoles que ese contagio había sido por descuido. Y que si algo malo pasaba que iba a ser su culpa, porque él no había estado arriesgando la vida de nadie, según su propia opinión.

“Muchos lo que le comentábamos a los jefes era que esta semana ya se tomara como la institucional de vacaciones, para estar todos en casa en resguardo. Pero el director general ya estaba muy molesto, dijo: “no, no, no’. O sea, así literal nos dijo: “va a sobrevivir quien tenga que sobrevivir”.

Finalmente, y a pesar de los múltiples llamados al cuidado mutuo, al uso de cubrebocas, del respeto a la sana distancia, al lavado constante de manos y a que sí se envió a personal vulnerable a casa, hubo a quienes, como Edwin Poot, nunca se les resguardó de un posible contagio, con todo y que padecía de diabetes e hipertensión.

“Ay, claro. No era para que estuviéramos ahí y mucho nos cuestionábamos las personas vulnerables que ahí seguían, entre ellos un joven que tenía más de cuarenta, que era diabético e hipertenso, y ahí lo tenían casi diario”.

Según explica el personal de SEDESHU no eran los únicos acudiendo a las oficinas, pues el edificio en Presa no. 99 “estaba lleno de gente de los Centros Impulso” para habilitar un call center para la entrega de apoyos económicos durante la contingencia. “Se cerraron los Centros Impulso, pero de todo el estado empezaron a venir por días para atender un call center, que el call center estaban ahí amontonados y para nada tenían el 1.5 metros de distancia”, explican.

Se culpa a trabajadores por los contagios

Al edificio llegó gente de otros municipios, todos compartiendo los mismos baños, los mismos pasillos, las mismas áreas comunes. El sentir de los trabajadores era tensión y preocupación por estar ahí con el riesgo de infectarse por trabajar en cosas que podían hacerse a la distancia. En parte también para recibir el visto bueno a sus actividades, de parte de Morán González, quien —dicen— no confía en que hagan bien su trabajo. Externar las y los trabajadores de la DGIIS que el director se mostraba siempre molesto, culpabilizando a sus empleados y hasta regañándolos.

“Muchos les dijimos: ‘Oigan, porque no adelantan la semana institucional de vacaciones”. Y dijo: ‘No’. —’Mire para estar en casa, por si alguien más se contagió’. —’No, no, no. Va a sobrevivir el que tenga que sobrevivir y ya’. Siempre como que ya trasladando la culpa para nosotros, porque decía: ‘es que si algo les pasa va a ser su culpa porque ustedes no están usando el cubrebocas, no están respetando la sana distancia’, etcétera”.

Hace una semana la oficina entró finalmente en vacaciones institucionales tal y como lo habían sugerido las y los trabajadores, pero ya fue muy tarde. El lunes pasado, ya habiendo regresado parte del personal a Presa no. 99, se enteraron del lamentable fallecimiento de Edwin, un hombre en sus 40 años de edad con comorbilidades, a quien SEDESHU nunca envió a casa justificando que había trabajo que no podía esperar.

Sin embargo, explican que antes de salir de vacaciones hubo mucha gente ahí. Incluso se decía que íban a habilitar el edificio para más apoyos y que ya habían tenido reunión para la logística de los Centros Impulso. Todo eso en el contexto de un semáforo epidemiológico en rojo y cuando los contagios rondaban ya los 20 mil (hoy cerca de los 26 mil casos).

“Resultaba contradictorio, porque decía [el director]: ‘es que hay que acatar las medidas’. Pues sí, pero para acatar las medidas él debería haber puesto el ejemplo respetando, como las demás oficinas de gobierno o la gran mayoría, que no estuviéramos ahí. Eso se nos hacía muy incongruente”.

Ahora esperan resultados de las pruebas de coronavirus que se realizaron los días martes 03 y miércoles 04 de agosto. No saben cuántos más de sus compañeros/as puedan estar contagiados, pero tampoco creen que vaya a haber mucha comunicación de parte de la dirección general o sus superiores en SEDESHU. De la muerte de Edwin les avisaron sus familiares, si no nunca hubieran sabido que fue por COVID-19.

Efectivamente, su contagio se dio durante las semanas previas al periodo vacacional donde, si bien había horarios escalonados y roles por día, las oficinas tenían mucha gente en su interior, contra todas las recomendaciones sanitarias. “Ni supimos que estaba mal, solo nos avisaron que lo internaron y luego, al poco tiempo, que ya había fallecido. El lunes en la mañana ya sabíamos que había muerto”, dicen. “Apenas le dieron permiso a una compañera de comentar dónde iban a estar sus cenizas y todo esto”.

De Edwin Poot Sélem, originario de Quintana Roo, exalumno de la Universidad de Guanajuato, ni su esquela pudo hacer bien el Gobierno de Guanajuato.

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