Gracias a los golpes de ayer tenemos libertad hoy: pionera de marcha gay

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Por Nelly Segura Granados
México, 27 Jun (Notimex).- En 1978 tenía 16 o 17 años y un grupo de amigos me invitó, no sabía bien lo que haríamos, pero me sentía identificada con ellos, yo también quería que me respetaran, que no me gritaran “puto” cuando salía a la calle, recuerda Emma Yesica Duvaly, sobre la primera marcha del orgullo gay.

En cartulinas escribimos: “exijo respeto”, sólo eso porque no sabíamos que teníamos derechos, éramos entre 30 y 40, estábamos hartos de los abusos, nos reunimos en una casa en la colonia Santa María la Ribera y salimos a caminar rumbo al Ángel de la Independencia, yo vestida como mujer porque en aquel entonces había iniciado mi transición.

La marcha siguió, pero no todos llegamos a La Alameda, los judiciales se metieron a las filas, a unos los corretearon y a otros los subieron a patrullas para golpearlos y meterlos a los separos… «ya agarraron a la Juana, a la Paca, ni modo se van a chingar su semanita en los separos… ya saldrán todas madreadas y rapadas”.

En entrevista con Notimex, explica que entre el contingente había personas como Juan Jacobo Hernández, quien tenía más conocimiento de experiencias internacionales, como los disturbios de Stonewall en Nueva York, que ocurrieron la madrugada del 28 de junio de 1969, primer antecedente de manifestaciones en favor de los homosexuales.

Regresando a la marcha del 78, en el contingente había compañeros influidos por la Revolución Cubana y algunos que habían participado en el Movimiento Estudiantil de México en 1968, todos tenían en mente que el movimiento no debía parar, detalló.

Emma ya había superado la discriminación de su familia y amigos, pretendía ser parte de la segunda marcha en 1979, sin embargo, aún tenía que enfrentar el ataque feroz de la autoridad: fue detenida en la esquina de su casa por estar vestida de mujer; la llevaron a los separos, la golpearon y fue víctima de una violación tumultuaria.

Hija única de un carnicero del Mercado de Jamaica, Emma sufrió el embate del odio, explica que para su padre no fue fácil, “me culpé durante mucho tiempo porque no fui el hombre que mi papá hubiera querido, y en cambio la gente le decía tu hijo se ve amaneradito”.

Pese a los dogmas él y su madre aceptaron su identidad, en correspondencia Emma cuido a su padre hasta su último día, y ahora que su mamá tiene 98 años, la cuida y la ayuda, como dice, “a transitar hacia la muerte”.

“Los tuve que educar a todos… mi mamá no entendía como las personas transexuales tenían sexo, y para mi papá era inconcebible que yo me identificara como mujer. Yo le preguntaba, ¿si perdieras tu pene y tus testículos serías una mujer? y él respondía no; porque la identidad está en la cabeza, no en los genitales”, explicó.

Expresa que con casi 60 años, es una mujer plena y productiva; dueña de una tienda de abarrotes en Santa Clara, en el municipio mexiquense de Ecatepec, contigua a su casa, lo que le permite cuidar a su madre y a sus perros y gatos, además ofrece pláticas, talleres y conversatorios, se mantiene como activista en redes sociales, tiene una vida sexual y amorosa activa y es respetada en su comunidad.

Las primeras marchas en México fueron reprimidas, recuerda, igual que en otros países del mundo, pero tuvieron que evolucionar y crecer. “Antes nos detenían porque éramos 30, pero ahora en México se reúne medio millón de personas, eso nadie lo puede parar”, enfatiza.

Hoy la 41 Marcha del orgullo LGBTTTI ya no es sólo de homosexuales, sino de la gran diversidad sexual, y ha tomado un ambiente de carnaval: “Cada quien se da su lugar de libertad en este país como puede y como quiere, por eso, si ahora va un compañero con unas maracas en las pompas… hay que respetárselo”.

Pese a los logros, Emma espera que dentro del carnaval, cuyo lema este año es: «Orgullo 41 ser es resistir», se mantenga un espíritu anti sistema que le permita exigir los derechos que aún se le niegan a la comunidad.

Asegura que los principales retos del movimiento se encuentran en el interior de la República, “no es lo mismo ser una chica trans que saliste de Tepito con toda la carga que lleva, a ser una chica trans que naciste en la Zona Rosa o en la Roma Sur, hay muchas diferencias y no se diga si naciste en Chihuahua o en la sierra, en donde incluso te pueden apedrear o matar por tu identidad”.

Señala que la marcha también debe servir para que el actual gobierno federal no elimine instituciones y derechos obtenidos a través de leyes.

Otra de sus criticas es la comercialización de la marcha, dice que las marcas y los productos deben ser las últimas en participar y además, se deben transparentar los recursos que otorgan porque hay personas que “han vivido de la marcha durante muchos años”.

Afirmó que existen quienes utilizan los escenarios para difundir pronunciamientos con respecto a los problemas que enfrentan y no sólo para la presentación de artistas.

Con nostalgia refiere que al ver a una pareja que se toman de la mano y se besa piensa que la lucha emprendida por los de su generación y anteriores ha dado frutos, muchos de “ellos no saben que gracias a los putazos, a las rapadas, a las corretizas y a las muertes de muchas hermanas, a la guerra que emprendimos es que ellos pueden tomarse de las manos”.

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