Gatell en Zipolite. Autor: Venus Rey Jr.

Foto: Xinhua

Que López-Gatell haya ido a Zipolite a descansar no sería en absoluto reprochable si fuera cualquier otra persona, si fuera usted que lee o yo que escribo; no nos vamos a dar golpes de pecho ni vamos a juzgar a nadie desde un templo de pureza. Yo mismo estuve el fin de año en Veracruz y miles de mexicanos abarrotaron las playas de todo el país. Todo mundo, incluidos los funcionarios, tienen derecho a vacacionar y a relajarse.

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Pero tampoco seamos inocentes y a partir de estas premisas justifiquemos una actitud que, en una primera aproximación, parece irresponsable. Con el episodio de Zipolite, la tan manida política del #QuédateEnCasa y el mismo zar anti-Covid se han convertido en un hazmerreír, aun cuando este funcionario hubiere observado –como dice que lo hizo– las medidas de distancia, tanto en el avión que lo llevó a Oaxaca como en el restaurant frente a la playa. Gatell se puso “de pechito” para que todos los críticos de la 4T lo hagan pedazos. Vaya, ni el presidente ha salido a defenderlo: “que lo explique él”, dijo. Permítaseme un símil: es como si hubiesen sorprendido a un zar anti-drogas echándose una raya al estilo Tony Montana.

Especulo: si Claudia Sheinbaum y su equipo (Oliva López) estuvieran al frente de la pandemia, creo que otra cosa muy distinta sería. Algunos de los países que mejor han manejado la pandemia tienen gobiernos encabezados por mujeres (Nueva Zelanda, Finlandia, Dinamarca, Islandia, Taiwan). Y algunos de los que peor la han manejado están encabezados por hombres, muchas veces populistas. Tiene razón la jefa de gobierno cuando reprocha a López-Gatell: “estando la situación de la ciudad como está, no podríamos de ninguna manera tomarnos algún descanso.” Es como si la jefa de gobierno dijera que le molesta la frivolidad: “de ninguna manera”, subraya. El desencuentro entre ella y Gatell, que no es nuevo, resulta evidente, por más que los simpatizantes de la 4T hagan quebrados mentales para armonizar lo inarmonizable. Y no es para menos: resulta chocante –frívolo, como sugiere a mi entender Sheinbaum– que el responsable de enfrentar la pandemia se deje retratar vacacionando en Zipolite cuando el número de muertos por Covid-19 en México se aproxima a los 250 mil, según ha admitido el propio gobierno (si bien la cifra “oficial” ronda los 130 mil), y el sistema sanitario esté muy próximo a colapsar, como también el gobierno ha admitido.

Insisto: todos tenemos derecho a descansar, a vacacionar y a relajarnos, incluidos los funcionarios públicos. Pero no existe ese derecho subjetivo en abstracto y de manera absoluta. Todos los que iban en el Titanic tenían derecho a buscar salvación, niños y mujeres primero; y si bien el capitán también tenía ese derecho, no lo tenía en la misma medida que los pasajeros, así que no podía salir corriendo primero que nadie; al contrario: tenía la obligación de salir al último. El capitán Edward Smith murió en el hundimiento junto con numerosos miembros de la tripulación. Muy diferente la actitud del capitán Francesco Schettino, del Costa Concordia, crucero que zozobró en 2012 frente a la costa toscana. El barco chocó con una roca, encalló, se venció sobre uno de sus costados y se hundió parcialmente. ¿Qué hizo el capitán Schettino? Se bajó del barco. Ni siquiera dio aviso de alarma a las autoridades. Su estupidez y negligencia costaron la vida de 32 personas, a las que habría que agregar 64 heridos, algunos de gravedad. Schettino fue sentenciado a 16 años de prisión.

La actitud de Gatell me recuerda más al capitán Schettino que al capitán Smith. Cuando la gente que no tiene conocimientos jurídicos habla de “derechos” (ni siquiera se sabe en qué sentido se está utilizando el vocablo “derechos”), es incapaz de hacer distingos y termina diciendo insensateces. Por eso quienes apoyan ciegamente a Gatell sostienen que tiene derecho a vacacionar, que no hay mal alguno en ello, que bien por él que se fue a Zipolite a disfrutar tras tanto trabajo, y llaman hipócritas a quienes lo critican, más aún si lo hacen desde alguna playa. Pero ese no es el punto. El argumento ad hominem es una falacia, y eso lo sabe cualquier estudiante de bachillerato. El asunto primordial que ocupa a las autoridades sanitarias de este país es la pandemia de Covid-19 y el inminente colapso del sistema sanitario –no lo digo yo, lo dice el gobierno–. Gatell ha advertido a la opinión pública de la gravedad de la situación. Por eso digo que con su actitud se comporta más como el capitán del Costa Concordia que como el capitán del Titanic.

No es casual que esté hablando yo de hundimientos de barcos. La metáfora del barco como símbolo del Estado, de la polis, viene desde la antigüedad clásica. En materia de salubridad, parece que se está hundiendo esta nave, por eso extraña que el capitán ande vacacionando.

No se trata de criticar por criticar, eso no sirve de nada. Simplemente quiero expresar que el gobierno federal ha enviado desde el principio –y sigue enviando ahora mismo– un mensaje confuso respecto al Covid-19. Tengo la impresión de que tanto AMLO como Gatell podrían estar ya vacunados. Si así fuere, qué bueno. O tal vez ya tuvieron Covid, fueron asintomáticos o tuvieron síntomas leves y ahora gozan de cierta inmunidad. Si así fue, también qué bueno, pero que lo digan –igual ya lo dijeron y yo lo ignoro–. Lo que no se vale es confundir a la gente y hacerle creer que la fuerza moral impide el contagio, como si el presidente y Gatell fueran Batman y Robin en la Liga de la Justicia. Millones creen incondicional y ciegamente todo lo que ellos dicen. Me parece que la actuación de Claudia Sheinbaum es por mucho más seria, responsable, profesional y razonable, y estoy seguro que si ella y su equipo estuvieran al frente de la pandemia, jamás se bajarían del barco a vacacionar.

Y para terminar, una observación sibarita: “Gatell en Zipolite” parece nombre de ópera, como “Nixon en China” (Adams), “Ascanio en Alba” (Mozart), “Ifigenia en Táuride” (Gluck), “Ciro en Babilonia” (Rossini) o “Julio César en Egipto” (Handel). Y la que viene: ¡“Assange en México”! ¡Caray!

Venus Rey Jr.
Venus Rey Jr.

Compositor de música sinfónica, escritor, ensayista y académico. Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana y Maestro en Filosofía por la Universidad Anáhuac. Su obra musical ha sido presentada en Estados Unidos, Rusia, Alemania, Reino Unido, Italia, Polonia, Ucrania, Austria, Argentina, Perú y México. Ha grabado diez discos de sus composiciones y publicado dos libros de narrativa, tres volúmenes de poesía y diversos ensayos jurídicos y filosóficos en revistas especializadas de la Universidad Iberoamericana, el ITAM y la Universidad Anáhuac. Es colaborador de Grupo Fórmula. Escribe en el diario El Economista y en las plataformas digitales de los periodistas Eduardo Ruiz Healy y Julio Hernández “Astillero”.

3 COMENTARIOS

  1. Cuando dejaremos de actuar como rebaño y que necesitamos que nos guíen para actuar tanto en lo individual como en lo social. Cada quien es libre y tiene la capacidad de decidir sus comportamientos; ya desterremos el paternalismo, tan caro al antiguo régimen

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