José Reyes Doria | @jos_redo
La humillación propinada por Estados Unidos a México, un 3-0 contundente, confirma que el fútbol mexicano se encuentra en una etapa terrorífica, un verdadero hoyo negro marcado por la codicia y la estupidez de los directivos, los dueños de los equipos, las televisoras y muchos periodistas. La debacle también tiene como causa y efecto la desesperanzadora escasez de jugadores talentosos. Tal vez esta sea la época más flaca en la producción de jugadores. Mientras Estados Unidos tiene a su mejor generación amenazando con quedar en el Top 3 del próximo Mundial, México tiene a la camada más rudimentaria de muchas décadas. Solo el Chucky Lozano, campeón en Italia con el Nápoles, tiene calidad internacional, aunque ha bajado su nivel y de hecho no fue titular indiscutible en la escuadra napolitana. De ahí en fuera, no tenemos más. Éramos felices en los Mundiales de 1994 a 2018, y no lo sabíamos. Esas Selecciones tenían cracks de nivel mundial o al menos de raza internacional como Rafa, Chicharito, Cuauhtémoc, Matador, Aspe, Ramón, Cabrito, Claudio, Vela, Giovanni, Luis García, Zague, Guardado, Raúl antes del cabezazo.
El fútbol mexicano, o, mejor dicho: la Selección Nacional, nos ha dado a lo largo de la historia más amarguras que felicidad. El romance de la afición con la Selección es masoquismo puro, fundado en una serie de engaños, espejismos, esperanzas, decepciones y, hay que decirlo, algunas alegrías. Desde el principio de los tiempos (Mundial Uruguay 1930), hasta que logramos el primer punto en un Mundial (Chile 1964), el noviazgo estaba marcado por la debilidad y el pánico escénico de la Selección, el romance estaba apabullado por el “Síndrome del Jamaicón”, es decir: el miedo descomunal del futbolista mexicano de enfrentarse a los extranjeros fuera del suelo nacional. Con el primer punto (un empate ante Checoslovaquia), y la digna actuación en el Mundial México 1970, parecía que la afición y la Selección entrarían en una etapa de felicidad. Pero no, vinieron los fracasos más humillantes hasta entonces: eliminación del Mundial Alemania 1974, debacle vergonzante en el Mundial Argentina 1978 (último lugar, goleado, ridículo), la eliminación del Mundial España 1982.
A partir del Mundial de Estados Unidos 1994 donde calificamos a la siguiente ronda por primera vez fuera del país, las cosas mejoraron. El año anterior, en su primera participación, la Selección quedó subcampeona en la Copa América. Esa Alegría impulsó la unión formal Selección-Afición: el matrimonio se dio de forma inmediata y durante los Mundiales de Francia 1998, Corea-Japón 2002, Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y Rusia 2018, la Selección superó la fase de grupos y paso a octavos de final (solo Brasil lo ha logrado además de nosotros). Pero hasta lo bueno, cuando no crece, cansa. Siempre fuimos eliminados en esa fase, el matrimonio empezó a tambalearse: si no me regalas el Quinto Partido, o sea pasar a cuartos de final mínimo, nos separamos.
Pero para entonces, los dueños del balón ya estaban en una espiral demencial de codicia, ambición, soberbia y estupidez. Su manejo del fútbol mexicano refleja una voracidad suicida, pues con el afán de ganar y ganar cada vez más dinero mataron las bases y principios del fútbol. Son muchas las barbaridades que han llevado a cabo dirigentes y dueños. Casi todos los periodistas deportivos los han denunciado. Entre las peores locuras de los dueños del balón están las siguientes:
1.- Abolieron el descenso y ascenso a la primera división, lo cual mata el espíritu de competencia, de responsabilidad y de honor deportivo de equipos, entrenadores y futbolistas. Los que están en primera división, ya no se preocupan por nada, pues, aunque hagan campañas deplorables, saben que no descenderán. Los que están en segunda división, ya solo simulan porque saben que nunca subirán. Esto lo hicieron los dirigentes para proteger a muchos equipos de primera división con posibilidades de descender y, por ello, perder su inversión.
2.- Abrieron la puerta a un número demencial de extranjeros en los equipos. Además, la “naturalización” de extranjeros se volvió una industria. De tal forma que cerraron la puerta a los jugadores mexicanos para debutar y desarrollarse en los equipos de primera división, y hasta en los de la segunda. Los mexicanos que destacan, es porque hacen verdaderas hazañas. Equipos como Tigres, Monterrey, América, Xolos, han llegado a alinear hasta 11 jugadores no nacidos en México. Estupidez total. En parte ocurre esto por el negocio de las comisiones en la contratación de jugadores; traen extranjeros de pésima calidad a precios inflados y ganan comisiones los promotores, los entrenadores, los directivos. En una ocasión, en esta locura al Necaxa le metieron a un luchador, de lucha libre, que ante sus fracasos en el cuadrilátero se metió a practicar fútbol; apenas tenía un año jugando y un promotor lo trajo para ganarse su comisión. En el México-Estados Unidos del jueves, el promotor de Diego Cocca y de muchos jugadores, sin pudor alguno, estaba en el palco de la Federación Mexicana
3.- Por codicia comercial, los dueños del balón sacaron a la Selección y a los equipos de las competencias sudamericanas, es decir, de la Copa América, la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana. Gracias a estos torneos, desde 1993 el fútbol mexicano creció, los futbolistas adquirieron roce internacional de calidad. Pero como los dueños del balón no sacaban mucha ganancia comercial de esto, por sus pistolas decidieron sacar a los equipos mexicanos.
4.- La multipropiedad: a los dueños del balón les parece bien que un dueño pueda tener dos y hasta tres equipos. El chiste se cuenta solo.
5.- Poder desmedido e impune de las televisoras, es decir, sobre todo Televisa y Tv Azteca, pero también ESPN, Fox, Vix, Izzi, etcétera. Hacen y deshacen locuras. Llenan las pantallas con hasta 200 anuncias en cada transmisión. Programan partidos a las 12 del día con el calor mortal. Sobre todo, ponen y quitan entrenadores, vetan jugadores (increíble que el Chicharito no haya jugado el último Mundial), explotan hasta la náusea a la Selección.
En conclusión, cuando parecía que con el fracaso en el Mundial de Qatar habíamos tocado fondo, ahora estamos en una pesadilla sin fin, en una caída libre que ya ocasionó el divorcio Selección-Afición. Ninguna explicación por el fracaso, siguen vetando jugadores (inexplicable que el Bebote no haya sido titular cuando metió decenas de goles en Holanda y fue el segundo goleador en la Europa League con el Ajax), los promotores son dueños absolutos de la Selección. Ningunos de los vicios fundamentales se va a corregir. Todo seguirá igual, es decir, deteriorándose cada vez más.
El fútbol es el deporte nacional. El juego que pone a volar y a soñar al mundo. La pasión y la profundidad de sentimientos de arraigo y pertenencia que genera, sobre todo los torneos de Selecciones, no tiene igual. En México, a pesar de los fracasos, el fútbol y la Selección son fundamentales para la afición, e incluso para los no aficionados (el sueño guajiro del béisbol como deporte favorito por dedazo es eso: una ocurrencia). Por todo eso, es inaceptable que los dueños del balón estén hundiendo nuestro gran juego con absoluta impunidad. Deberíamos hacer presión ante la FIFA, ante órganos reguladores como la Comisión Federal de Competencia, el Instituto Federal de Telecomunicaciones, la Unidad de Inteligencia Financiera, la Profeco, donde haga falta, para que vuelva la racionalidad en el manejo del fútbol; es un negocio privado, pero también es una expresión cultural que influye en la sociedad.
El recuento del bipolar romance Selección-Afición, abarca a los aficionados de todas las edades, pues va de 1930 a 2023. Pero es importante también que los jóvenes se expresen y compartan sus puntos de vista sobre este interesante fenómeno. Para mi hijo, por ejemplo, “las sensaciones después de la derrota de México ante Estados Unidos parecen ir al unísono: enojo, hartazgo, burla e inclusive decepción, a pesar de que en el fondo el país es consciente de las limitantes de la escuadra nacional, y aun así, el hecho de perder 3-0 frente a Estados Unidos de una forma humillante, agrega una sazón de impotencia por parte del aficionado mexicano. Ante la tragedia, siempre queda la comedia y la resignación como estandartes. En redes sociales circulan amplios y diversos memes, publicaciones y opiniones que lo develan. El problema aquí es que todo mundo sabe en mayor o menor medida qué necesita la Selección Nacional para ir por un mejor rumbo, pero los que deben guiarlo quedan marcados por la opacidad en función de sus intereses económicos y personales.”
La mirada de los jóvenes aficionados es determinante, pues tarde o temprano incidirá en los destinos del fútbol y la Selección. En su corta vida, solo habían visto una Selección digna, que superaba la fase de grupos en los Mundiales. Hoy les toca vivir el demencial ciclo de ridículo, decepción e impunidad en los manejos del fútbol. Esperemos que todos estos reclamos deriven en una verdadera revolución que nos anime a renovar las esperanzas de que, al menos en sueños, la Selección gane un Mundial, o al menos llegue al Quinto Partido, o mínimo que ya no pierda con los condenados gringos.






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