El líder histórico del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, murió este martes a los 96 años tras décadas de protagonizar polémicas y debates en Francia. Luego de cuatro décadas como líder del Frente Nacional, fue expulsado por su propia hija, por sus comentarios xenófobos y antisemitas.
Camila Olvera Burdiles | Redacción Astillero Informa
Jean-Marie Le Pen, líder histórico y fundador del partido de ultraderecha francesa Frente Nacional, murió este martes a los 96 años, según confirmó su familia en un comunicado a la agencia AFP. El político falleció al mediodía rodeado de sus seres queridos tras un periodo prolongado de complicaciones de salud. Su muerte cierra el capítulo de una vida marcada por la controversia, la política y la consolidación de la ultraderecha en Francia.
🟡 BREAKING: Jean-Marie Le Pen, the fascist founder of France‘s far-right National Front and later National Rally party and a lifelong symbol of bigotry, has died. pic.twitter.com/ESVn2uu0ro
— red. (@redstreamnet) January 7, 2025
Nacido el 20 de junio de 1928 en La Trinité-sur-Mer, en la Bretaña francesa, Le Pen creció en un entorno modesto. Tras completar sus estudios, optó por una carrera militar, participando como paracaidista en conflictos emblemáticos de la posguerra como la guerra de Indochina y la de Argelia. Estas experiencias le ayudaron a forjar el discurso nacionalista y autoritario que lo caracterizaría posteriormente.
La cúspide de su carrera: 2002, un terremoto político
Le Pen fundó en 1972 el Frente Nacional, y promovió una agenda abiertamente antiinmigración, nacionalista y euroescéptica.
Fue candidato a la presidencia de Francia en cinco ocasiones, y en 2002 cuando logró clasificarse a la segunda vuelta, dejando fuera al socialista Lionel Jospin. Este hecho sacudió a Francia y al mundo, dado que era la primera vez que un candidato de extrema derecha alcanzaba esa instancia desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, fue derrotado por Jacques Chirac, quien obtuvo una victoria aplastante con más del 80% de los votos.
Este momento representó tanto el punto más alto de su carrera como el inicio de una nueva etapa en la política francesa. Aunque no volvió a alcanzar el mismo nivel de protagonismo, su influencia sobre el debate público y el discurso político fue duradera.
Una figura envuelta en la polémica
Jean-Marie Le Pen no solo fue conocido por su carrera política, sino también por las controversias que desató con sus declaraciones incendiarias. En 1987, generó indignación mundial al calificar las cámaras de gas utilizadas por los nazis como “un detalle de la historia”, lo que le valió una condena judicial por negacionismo y dañó irremediablemente su reputación internacional.
A lo largo de su trayectoria, continuó haciendo comentarios provocativos contra inmigrantes, musulmanes, homosexuales y otras minorías, lo que lo convirtió en una figura polarizadora dentro y fuera de Francia. Sus detractores lo señalaban como un símbolo del odio y el racismo, mientras que sus seguidores lo consideraban un defensor de los valores tradicionales y de la soberanía nacional.
Su vida estuvo marcada por varios procesos judiciales en su contra, que incluyeron condenas por incitación al odio racial y apología de crímenes de guerra. A pesar de ello, siempre se presentó como un “patriota” y rechazó las acusaciones, afirmando que eran parte de una conspiración para silenciarlo.
El cambio de rumbo del Frente Nacional
En 2011, Jean-Marie Le Pen cedió la dirección del partido a su hija, Marine Le Pen, quien buscó moderar la imagen de la formación para ampliar su base electoral. Este cambio de estrategia dio frutos, permitiendo a Marine llegar a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en 2017 y 2022, aunque fue derrotada en ambas ocasiones por Emmanuel Macron.
La relación entre padre e hija, sin embargo, estuvo lejos de ser armoniosa. En 2015, Marine Le Pen expulsó a su propio padre del partido tras nuevas declaraciones controvertidas en las que este reiteró su postura negacionista del Holocausto. A pesar de su exclusión, Jean-Marie mantuvo un puesto honorífico y continuó siendo una figura relevante para una parte de la base más radical del partido.
Declaraciones por su muerte
El fallecimiento de Le Pen generó una amplia gama de reacciones en Francia, reflejo de la polarización que siempre lo acompañó. Jordan Bardella, actual líder de la Agrupación Nacional (antes Frente Nacional), destacó su papel como “un hombre de convicciones” y “un tribuno excepcional”. Eric Zemmour, otro líder de la ultraderecha francesa, escribió: “Más allá de las controversias, más allá de los escándalos, lo que recordaremos de él en las próximas décadas es que fue uno de los primeros en alertar a Francia sobre las amenazas existenciales que la esperaban. Su legado será su visión y su coraje, en una época en la que los hombres valientes no eran tan numerosos”.
Por otro lado, figuras de la izquierda no tardaron en condenar su legado. Jean-Luc Mélenchon, líder del partido de izquierda La Francia Insumisa, señaló que el respeto a la dignidad de los muertos y el dolor de sus familiares “no anula el derecho a juzgar sus actos. Los de Jean-Marie Le Pen son insoportables […] La lucha contra este hombre ha terminado. La lucha contra el odio, el racismo, la islamofobia y el antisemitismo que difundió continúa”.
Su hija Marine Le Pen, quien estaba de visita en Mayotte evaluando los daños tras el ciclón Chido, lamentó la pérdida de su padre. Mientras tanto, ella enfrenta una posible pena de prisión y una prohibición de postularse para cargos políticos si es declarada culpable en un juicio por malversación.
Un legado controvertido
Jean-Marie Le Pen deja tras de sí un legado que ha marcado profundamente la política francesa. Su capacidad para articular un discurso ultraderechista en términos populistas transformó el panorama político del país, consolidando a la extrema derecha como una fuerza duradera en Francia. Al mismo tiempo, su retórica divisiva y sus posturas extremas han dejado heridas que aún dividen a la sociedad.
Aunque en los últimos años estuvo alejado de la vida pública, Le Pen continuó siendo un referente para sectores más radicales de la derecha. Su muerte representa el fin de una era en la política francesa, pero también plantea preguntas sobre el futuro del movimiento que fundó y su influencia en la política europea.







