Fallece Enriqueta Basilio, símbolo de la mujer en Juegos Olímpicos

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Foto: EFE. Fotografía de archivo del 11 de octubre de 2018, de la exatleta Enriqueta Basilio durante una reunión con exatletas en Ciudad de México.

La mexicana Enriqueta Basilio, primera mujer en encender el pebetero olímpico, en los Juegos de México 1968, falleció este sábado a los 71 años de edad, informó el Comité Olímpico Mexicano (COM).

«La familia olímpica lamenta el deceso de nuestra querida Enriqueta Basilio, emblema del olimpismo mundial», escribió el COM en su cuenta de Twitter.

Hace 51 años Basilio compitió en 400 metros planos y 80 con vallas, pero pasó a la historia en la Apertura de la fiesta al prender el fuego de los primeros Juegos celebrados en América Latina.

En una época en la que apenas de hablaba de los derechos de la mujer, Enriqueta fue un símbolo de rebelión. En Mexicali, su ciudad de origen en la frontera con Estados Unidos, su familia le prohibió hacer atletismo porque, según ellos, no era algo femenino y solo al llegar a Secundaria pudo mostrar su talento de corredora de vallas.

«Había tabúes, entonces estaban de moda otros conceptos. Yo había jugado baloncesto, pero me pasé al atletismo porque no era un deporte de contactos hasta que mi entrenador polaco me descubrió y la autoridades convencieron a mis padres de que me dejaran venir a la capital», explicó a Efe el año pasado cuando encendió el pebetero de manera simbólica en el 50 aniversario de la fiesta deportiva.

Fue una de sus últimas apariciones en público. Con la salud deteriorada por el mal de Parkinson perdió peso y la capacidad de comunicarse.

La imagen de Basilio rumbo a las alturas del estadio fue de las más hermosas de los Juegos Olímpicos de México 1968.

Vestida de blanco, con una cinta en su pelo corto y la antorcha en la mano derecha, la joven subió los 92 escalones con movimientos artísticos y unos 29 segundos después salió de su estado de levedad para dar una media vuelta, saludar y prender el fuego.

A lo largo de los años contó en entrevistas que al pisar el primer escalón rumbo al pebetero sintió que el mundo se había quedado sin ruidos y solo recuperó la conciencia segundos antes de entrar a la historia.

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