Estar en la mesa o ser el menú: ¿Cómo evitar que EEUU nos bombardee? Autor: José Reyes Doria

Es crucial que México arrebate de cualquier forma una silla en esa mesa.

José Reyes Doria | @jos_redo

¿HABRÁ BOMBARDEOS O NO?

Las opiniones están divididas, los pronósticos son reservados. Pero sobre la mesa está el plato amargo de la posibilidad de un ataque militar de Estados Unidos a México. Desde hace un año Trump lo ha anunciado, primero como advertencia, y luego de la intervención en Venezuela, como una inquietante amenaza. Los especialistas en asuntos internacionales y en la relación México-EEUU vislumbran escenarios divergentes, unos descartan por completo que Estados Unidos atacará militarmente a nuestro país: imposible, improbable e imprudente, afirman sin reconocer que a Trump no lo está deteniendo ni el derecho internacional, ni la prudencia ni la racionalidad.

Otros, se manifiestan sumamente preocupados y expresan con el tono más sombrío, que existen altas probabilidades de que suceda una operación militar gringa contra los carteles de la droga en territorio mexicano.

¿CUÁNDO OCURRIRÍA?

Este último bando de opinión, por lo tanto, no se pregunta si ocurrirá o no la agresión. Sus interrogantes giran en torno a tres cuestiones: la primera es cuándo ocurriría el ataque, y en este punto consideran que podría ocurrir entre este momento y principios de marzo, que es el lapso de tiempo de la alerta de operaciones aéreas civiles emitida por EEUU ante la posibilidad de operaciones aéreas militares en aguas y territorio mexicano. Algunos analistas estiman que si para la fecha de las elecciones intermedias estadounidenses, en noviembre próximo, no ha ocurrido la intervención militar, México ya la habría librado.

¿CÓMO SERÍA LA AGRESIÓN?

La segunda cuestión es lo relativo a las dimensiones y las formas de la intervención militar. Descartan que sea como en Venezuela, pues en ese país EEUU destruyó bases militares e infraestructura estratégica para evitar una reacción de las fuerzas armadas venezolanas que pudieran dificultar la extracción de Nicolás Maduro. En México, el objetivo sería solamente bombardear laboratorios y almacenes de drogas, en particular de fentanilo, así como capturar a determinados capos del narco y eventualmente a algunos políticos sospechosos de ser cómplices de los carteles. Por lo tanto, la operación militar estadounidense en México sería quirúrgica y no tocaría infraestructura gubernamental ni afectaría a civiles. Así lo imaginan quienes piensan que ocurrirá.

¿IMPOSIBLE EVITARLO?

La tercera cuestión es la más apremiante: ¿cómo puede el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum impedir que Trump ordene los bombardeos en territorio mexicano? En los términos más crudos que ofrece el escenario internacional, es imposible evitarlo si Trump decide hacerlo. Quienes piensan que sí puede ocurrir la intervención, consideran que de nada valdrán las acciones del gobierno mexicano en materia de combate al tráfico de fentanilo o la captura y entrega de capos a las autoridades gringas; poco habrá de pesar el hecho de que somos socios comerciales.

Nada: si Trump y el poderoso grupo que lo respalda consideran que serán más los beneficios de atacar militarmente a México, lo harán, Los halcones gringos ya estarían armando los detalles del operativo y las justificaciones jurídicas y políticas necesarias, para el escenario de que llegue la orden de Trump.

El margen de maniobra del gobierno de México, en estas circunstancias donde predominan los criterios de la fuerza y la imposición de los intereses del expansionismo imperial gringo, es realmente estrecho. Las estrategias diplomáticas que México pueda desplegar dentro y fuera de Estados Unidos, difícilmente podrán detener los bombardeos si Trump y sus halcones lo deciden. Los esfuerzos del gobierno mexicano podrán encarecer la agresión, pero no frenarla: es la conclusión de varios internacionalistas, analistas, periodistas y dirigentes políticos de diversas filiaciones, tanto afines al régimen, como neutrales y opositores.

CANADÁ, LA MESA Y EL MENÚ

El ya célebre discurso del primer ministro de Canadá en el Foro Económico de Davos es claridoso y clarividente, en el sentido de que las relaciones de poder en el mundo han cambiado radicalmente en el último año, pues han transitado de la prevalencia de un derecho internacional casi ficticio pero funcional, a una dinámica basad en la fuerza cruda y la ambición desbocada de potencias como Estados Unidos o Rusia. En su catilinaria, Mark Carney convocó a las potencias medias, como lo es Canadá, a sumar esfuerzos para impedir que la política expansionista conquistadora de EEUU les imponga una situación de vasallaje y oprobio.

“Si no estás en la mesa, estás en el menú”, es la frase que acuñó Carney. Resistir, organizarse y exigir respeto por parte de las potencias medias, para ganar el derecho de sentarse a la mesa, o al menos para evitar ser el menú en la cena de los imperialismos desbocados.

MÉXICO NO ES CANADÁ

La presidenta Sheinbaum declaró que el discurso del canadiense le pareció muy bueno, lo cual permite suponer que aprueba las proclamas de Carney. No faltaron las voces simplonas que exigen que la Presidenta lance un posicionamiento igual de categórico que el primer ministro de Canadá. Estas voces ignoran que México y Canadá experimentan condiciones económicas, políticas e internacionales muy distintas, donde nuestro socio comercial tiene más aliados, más herramientas y más fuerza interna para intentar un desafío al destino manifiesto de Trump.

De entrada, México no es una potencia media, podría catalogarse como un país con una economía emergente con posibilidades de consolidarse como una potencia mediana; pero México experimente desigualdades sociales estructurales profundas, nuestra institucionalidad no es tan fuerte, el Estado de Derecho no se ha consolidado como sería deseable. Esta realidad es inocultable y se traduce en debilidades políticas hacia el exterior, y en una división interna tan profunda que hace inviable una postura de unidad nacional para enfrentar la adversidad actual.

IMPERIALISMO Y TERCER MUNDO

Ahora que se retoman procesos y denominaciones del siglo XX, como imperialismo, expansionismo, conquista y protectorados como el que quiere imponer Trump en Venezuela, también es útil rehabilitar el término de Países Tercermundistas o Subdesarrollados. México se inscribe en esa categoría, y desde ahí hay que tejer fino para construir los andamiajes que nos permitan superar esta coyuntura tan amenazante. Nuestro país tiene muchos pendientes por resolver en términos de vigencia de las leyes, violencia criminal, existencia de poderosas corporaciones criminales, corrupción sistémica, que son factores que irremediablemente capturan o corrompen a la política y a los políticos. Esta realidad, también inocultable, nos hace doblemente vulnerables ante la rapacidad de Trump y sus halcones injerencistas.

BUSCAR LUGAR EN LA MESA

Pero México está obligado a resistir y avanzar en este momento político crucial. El objetivo debe ser sentarse en la mesa donde se están decidiendo las coordenadas del reparto mundial que pretenden EEUU, China y Rusia. No hay buenos y malos, sin embargo, es crucial que México arrebate de cualquier forma una silla en esa mesa, tal vez, siendo realistas, no para ser de los principales comensales, pero sí para tener una voz y preservar la dignidad. Para evitar estar en el menú o, peor aún, ser el postre en la gran comilona de los imperios.

RUMORES O REALIDADES

Circulan innumerables rumores y versiones respecto a lo que EEUU exige al gobierno de Sheinbaum para evitar el bombardeo. En esas versiones, algunas realmente fantásticas, la constante es que Trump exigiría acciones por parte del gobierno mexicano que, de concretarse, equivaldrían a una capitulación o generarían una confrontación autodestructiva entre las facciones del régimen. Esas elucubraciones establecen que, por lo tanto, existe un dilema brutal para el gobierno mexicano: o entrega soberanía, territorio y personajes políticos de altísimo perfil a EEUU, o vendrá la agresión militar.

En la política nacional e internacional siempre puede haber más de una salida. Ojalá las versiones que confluyen en ese dilema trágico no sean más que rumores o afanes telenoveleros. Pero Venezuela nos debe alertar de que, hoy, en la Era de la Fuerza, todo es posible, y como decían los clásicos griegos de la Tragedia, esperar lo mejor, prepararse para lo peor y aceptar lo que venga.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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