¿Están en peligro las libertades de prensa y manifestación? A propósito de #EstoTieneQueParar y Frenaaa. Autor: Venus Rey Jr.

El jueves 17 de septiembre, un grupo de al menos 650 personas publicó un manifiesto en el que se asegura que la libertad de prensa está bajo asedio. Dos días después, el sábado 19, los simpatizantes de FRENAAA (Frente Nacional Anti-AMLO) no pudieron manifestarse contra López Obrador en el zócalo capitalino porque las fuerzas públicas de la CDMX les impidieron el paso. ¿Están en peligro las libertades de prensa y manifestación? Vamos por partes.

#EstoTieneQueParar

Seamos justos: decir que en México la libertad de prensa está bajo asedio y que con ello está amenazada la democracia es una exageración. Si de verdad estuviera bajo asedio, veríamos periódicos, revistas, estaciones de radio y canales de televisión clausurados; veríamos prensas secuestradas, tirajes de diarios confiscados y periodistas críticos en graves problemas. Pero no está pasando nada de eso. Los medios más críticos de López Obrador y los periodistas que más se le oponen gozan de libertad y todo lo que publican circula sin restricción. No veo que hayan desaparecido las columnas de Pablo Hiriart, Carlos Loret, Ricardo Alemán, Denise Dresser o Fernando Belaunzarán. Tampoco veo que hayan desaparecido los programas de Chumel Torres, Brozo o Fernanda Familiar, aun cuando el primero de estos tres comentaristas profirió un inexcusable y ruin insulto al hijo menor de edad del presidente. Tampoco veo que hayan sido acallados opositores como Javier Lozano, Pedro Ferriz de Con, Pascal Beltrán del Río, Diego Fernández de Cevallos o Beatriz Pagés. Hay dos expresidentes muy activos, Calderón y Fox, que critican a sus anchas todos los días.

Por otro lado –sigamos siendo justos–, es francamente exagerado sostener que AMLO es el presidente más atacado de los últimos cien años. Sí parece ser el más sensible y el más susceptible a la crítica. También es cierto que es muy estridente y que su estrategia de comunicación se basa en la confrontación. Es verdad que tiene derecho de refutar una nota periodística, incluso tiene derecho de decir que se trata de fake news, como Trump. Lo hace todo el tiempo. Vaya, hasta ha dicho que Reforma es un “pasquín inmundo”. Lo que también es cierto y puede ser muy peligroso es que, teniendo tantos y tan fieles seguidores, al denostar a un medio o a un periodista puede propiciar un ambiente que pase del linchamiento en redes a posibles agresiones físicas, y eso sería muy lamentable. Por eso tiene él que serenar los ánimos. Sé que es algo imposible, porque ese es su estilo y no lo va a cambiar, menos aún si le ha funcionado tan bien, pero, como presidente que es, es responsable, igual que sus opositores, de recrudecer los ánimos. Hay que decirlo, la estridencia y la confrontación vienen de ambos lados, y ambas facciones son igualmente responsables: eso es lo que tiene que parar.

Quienes firmaron el documento #EstoTieneQueParar tienen hoy en este país la libertad de escribir, publicar y transmitir lo que quieran. Pueden criticar, incluso insultar o ridiculizar al presidente. Lo hacen todos los días, porque así lo permite la democracia. Así que es exagerado sostener que la libertad de prensa está llegando a su fin y que nos precipitamos a una dictadura. Por lo demás, es cierto, como dice el manifiesto, que el presidente no simpatiza con el feminismo, que el medio ambiente y las energías limpias se oponen a sus políticas y que no ha sido sensible con el dolor de las víctimas de la violencia –reírse de la página de Reforma que hacía referencia a 45 masacres que han sucedido durante su gobierno fue una reacción incomprensible y absolutamente reprobable; no hay manera de defender eso–. Finalmente, las 650 personas que firmaron el manifiesto tienen todo el derecho de expresar su opinión, aunque sea hiperbólica, y sería abusivo e injusto acallarlos.

Frenaaa

El sábado 19, el gobierno de la Ciudad de México bloqueó los accesos al zócalo para impedir una manifestación de Frenaaa contra López Obrador. Desde luego, no estoy de acuerdo con ese grupo, pero defiendo irrestrictamente su derecho a manifestarse en el zócalo de nuestra ciudad contra el gobierno. Es irrelevante si este grupo es de ultraderecha, si son pocos o muchos, si nos gustan o no, si son católicos, o si los acompañan en sus marchas simpatizantes de Provida y se ponen a rezar rosarios, avemarías y vivas a Cristo Rey. Lo que es relevante es que quisieron manifestarse en el zócalo y hacer un plantón, pero la fuerza pública de la Ciudad de México lo impidió, y eso fue un exceso. Así como defendí el derecho a manifestarse de quienes se oponían a la reforma energética en 2014 (yo mismo participé en esas manifestaciones), así defiendo el derecho de Frenaaa, por odiosos que pudieran resultar –a mí o a cualquier persona–, a manifestarse en el zócalo contra el gobierno de AMLO. Sostener lo contrario me convertiría en un hipócrita y en un autoritario disfrazado de demócrata.

Los simpatizantes de la 4T sostienen que el gobierno de la ciudad impidió el acceso al zócalo por la pandemia, pero sabemos que esa no fue la razón porque de todos modos los de Frenaaa se manifestaron y daba lo mismo contagiarse en el Monumento a la Revolución, en la avenida Juárez o en la plancha del zócalo. Al negarles acceso al zócalo, el gobierno amplificó a Frenaaa. Mucha gente ni sabía de ellos ni conocían a su líder, Gilberto Lozano, que ahora es tendencia en redes sociales y está siendo entrevistado por medios nacionales e internacionales. El gobierno de la Ciudad de México, motu proprio o a petición del presidente –no lo sé–, al bloquear el acceso al zócalo confiere a Frenaaa una tremenda notoriedad, y está haciendo que un grupo antidemocrático sea percibido como un grupo de luchadores de la democracia y la libertad, cuando Frenaaa dista mucho de ello, empezando por su antidemocrática pretensión de destituir a un presidente constitucional que goza de amplio respaldo popular. De haber llegado al zócalo, hubiera sido otra marcha gris y desinflada de este grupo, sin mayores repercusiones, como lo han sido las anteriores, incluso las que han tenido lugar en el zócalo. Me parece que fue un error del funcionario o funcionaria que ordenó el bloqueo.

Me preocupa que el gobierno y sus simpatizantes cada día pierdan más la autocrítica. No he escuchado voces, de las muchas que acompañan al régimen, que llamen la atención sobre el error de esta decisión y sobre el peligro que puede implicar. Si bien el presidente dijo que garantiza el derecho de los opositores a manifestarse y que hasta los cuidará, lo cierto es que, al impedirles acceso al zócalo, su imagen queda en entredicho, al menos para los cada vez menos demócratas de verdad que quedan en este país.

Venus Rey Jr.
Venus Rey Jr.

Compositor de música sinfónica, escritor, ensayista y académico. Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana y Maestro en Filosofía por la Universidad Anáhuac. Su obra musical ha sido presentada en Estados Unidos, Rusia, Alemania, Reino Unido, Italia, Polonia, Ucrania, Austria, Argentina, Perú y México. Ha grabado diez discos de sus composiciones y publicado dos libros de narrativa, tres volúmenes de poesía y diversos ensayos jurídicos y filosóficos en revistas especializadas de la Universidad Iberoamericana, el ITAM y la Universidad Anáhuac. Es colaborador de Grupo Fórmula. Escribe en el diario El Economista y en las plataformas digitales de los periodistas Eduardo Ruiz Healy y Julio Hernández “Astillero”.

1 COMENTARIO

  1. Concuerdo en que la situación del país requiere serenidad y mesura, pero, parafraseando a Wilde: “Un intelectual no miente por equivocación”; decir que “es una exageración” la afirmación, respecto de la libertad de prensa, hechas por los firmantes, identificados como: intelectuales, académicos y periodistas, considero que no es adecuado, ellos mejor que muchos saben que tales afirmaciones son falsas. Por otro lado afirmar que un personaje público, en este caso AMLO, “no simpatiza con el feminismo” , además de soslayar en este caso que se usa como pretexto por los firmantes, no pasa de ser un punto de vista personal, que no me parece que pueda en mi caso refutar, pero no lo comparto, en cambio me parece que el asunto del feminismo se encuentra dominado, entre otros factores, por el uso del lenguaje políticamente correcto, llevado al extremo Orwuelliano del “new speak”

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