¿Está en riesgo la independencia de la Suprema Corte con la salida de Medina Mora? Autor: Venus Rey Jr.

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El pasado jueves 3 de octubre Eduardo Medina Mora renunció al cargo de ministro de la Suprema Corte de Justicia. Muchas voces reaccionaron, entre ellas las del presidente del PAN y la de la Coparmex. Según estas voces, se trataba de la extraña e inexplicable renuncia de una persona que ha sido funcionario ejemplar a lo largo de casi dos décadas. Para Marko Cortés, Medina Mora fue forzado a renunciar; y la razón es, según Cortés, que el presidente López Obrador quiere apoderarse del Poder Judicial para construir un régimen autoritario en donde no existan equilibrios ni contrapesos.

De repente nos encontramos con la novedad de que el frágil equilibrio del poder en México depende de Medina Mora, que él es el bastión último de la división de poderes y el obstáculo final que habría que eliminar para que México se transforme en una república bolivariana.

Como suele suceder, los AMLO haters culpan al presidente de esta situación. Pero, con el debido respeto, el que renunció fue Medina Mora; el que está siendo investigado por lavado de dinero, no sólo en México, sino en Estados Unidos y en el Reino Unido, es Medina Mora; quien realizó transferencias a bancos extranjeros es Medina Mora; quien tiene que responder y atender, no una, sino varias investigaciones criminales, es Medina Mora. Ah, pero la culpa es del malvado AMLO, que quiere destruir a México y convertirse en alteza serenísima. ¿Por qué renunció Medina Mora? ¿Por presiones? Quien está limpio no claudica, por mucho que sea presionado, pues nada hay sobre él o ella que pueda incriminarlo. Si Medina Mora renunció por supuestas presiones, entonces su posición era frágil y estaba muy comprometida. La situación era grave e insostenible. Sólo así puede entenderse la renuncia.

Muchos medios han publicado artículos y notas en las cuales se señala que Medina Mora habría utilizado su poder como ministro para favorecer a ciertas personas, entre ellos al abogado Juan Collado, hoy en prisión, y que ese mal ejercicio habría sido de tal envergadura que le habría convertido en autor y copartícipe de delitos como el lavado de dinero. Santiago Nieto, titular de la UIF (Unidad de Inteligencia Financiera), dijo, tras la renuncia, que Medina Mora “utilizaba su posición dentro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para beneficiar a cierto grupo político, y [que] eso es incompatible con un sistema democrático.” Es verdad que hay presunción de inocencia y que no se puede prejuzgar a Medina Mora, pero también es cierto que una investigación por lavado de dinero es una cuestión muy delicada. Lo digo porque los defensores del ministro se preguntan cuál podría ser la “causa grave” –no la ven– que exige la Constitución como para que proceda la renuncia, como si una investigación de esta naturaleza no sea de suyo grave. Es gravísima: que un ministro esté más allá de toda sospecha y que su reputación sea intachable es lo menos que se puede exigir de un miembro de la Suprema Corte; que un ministro sea investigado por lavado y por beneficiar con el ejercicio de su función a ciertas personas es algo que no debe ocurrir en ninguna democracia.

Ni cómo ayudar a Medina Mora. Repito: él fue quien renunció, él fue quien hizo depósitos a bancos extranjeros, él es quien tiene relación con Juan Collado, es él quien está bajo investigación de los gobiernos de México, Estados Unidos y Reino Unido. No lo están investigando las asociaciones de Boy Scouts de esas naciones, sino la UK National Crime Agency (Agencia Nacional del Crimen) y el US Department of the Treasury (Departamento del Tesoro). El que tiene que explicar las cosas es él. Y por eso renunció, según él mismo ha dicho. AMLO no tiene nada que ver, a menos que hubiese forzado a Estados Unidos y Reino Unido, pero esto no lo creerían ni sus más alebrestados enemigos.

Es muy curioso, pero parece que muchos preferirían ver a alguien como Medina Mora en la Corte, aun cuando lo más sano sería que si un ministro tiene problemas con la justicia de tres países, se retire del cargo para responder a las acusaciones salvaguardando así la honorabilidad del tribunal al que pertenece; pero muchos preferirían mil veces que alguien como él se mantuviera en la Corte a que el presidente López Obrador tuviera la posibilidad de proponer una terna para suplirlo, tal como ordena la Constitución. Lo que realmente les molesta no es que Medina Mora pudiera ser un pillo (no estoy diciendo que lo sea, advierto; además él es muy católico, y alguien muy católico difícilmente puede hacer el mal, muy difícilmente podría pecar contra la justicia distributiva –estoy utilizando la hipérbole, no se vaya el lector a desconcertar–). Lo que realmente les molesta es que el presidente de México tenga la posibilidad de proponer una terna para cubrir la vacante. Es algo así como optar por Barrabás, valga la expresión.

El presidente del PAN y la Coparmex creen que apoyar a Medina Mora significa fortalecer la división de poderes. Exigen al presidente que una persona imparcial lo sustituya. Estarían felices si la terna incluyera a Diego Fernández de Cevallos, a Juan Collado y a Alberto Elías Beltrán, que aunque este último no es panista, fue jefe de Santiago Nieto. Pero, por fortuna para todo México, eso no va a suceder.

Eduardo Medina Mora representa un lado oscuro y siniestro del foxismo, del calderonismo y del peñismo. Fue titular del CISEN y secretario de Seguridad Pública con Fox; procurador general de la República y embajador en el Reino Unido con Calderón; embajador en Estados Unidos y ministro de la Corte con Peña Nieto. Parafraseando a Fidel Herrera, ex gobernador de Veracruz, Eduardo Medina Mora ha estado durante dos décadas en “la plenitud del pinche poder”. Si en el ejercicio de sus funciones se ha beneficiado a sí mismo y ha beneficiado a un grupo de personas entre las que podría figurar el mismo Peña Nieto, es algo que debe aclarar, pues hacia eso apuntan las investigaciones de la UIF y las pesquisas realizadas por los gobiernos de Reino Unido y Estados Unidos. ¿Está en riesgo la independencia de la Suprema Corte con su salida? Claro que no. Al contrario. Su salida fortalece la honorabilidad del máximo tribunal.

@VenusReyJr

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