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#EsClaudia primera Presidenta, con poder para ser primera estadista. Autor: José Reyes Doria

Foto: Jorge Ortega Hernández | Cuartoscuro

José Reyes Doria | @jos_redo

Salvo algunos que siempre creyeron en un triunfo tan contundente, las victorias de Claudia Sheinbaum y Morena sorprendieron y asombraron a propios y extraños. Lo más impactante de la jornada electoral de ayer, para mí, es lo siguiente: a) el triunfo Claudia con el 60 por ciento de los votos, con ventaja de 2 a 1 sobre Xóchitl Gálvez del PRIAN; b) la obtención de la mayoría calificada de dos terceras partes en ambas Cámaras del Congreso, si bien hay que esperar que se consolide plenamente en el Senado; c) victorias contundentes en elecciones que pintaban cerradas, como Ciudad de México, Veracruz y Morelos; d) la obtención de la gubernatura de Yucatán, arrebatándole al PAN uno de sus tres últimos bastiones.

Con la resaca de una intensa jornada electoral aún fresca, es conveniente comenzar a reflexionar sobre un hecho político sumamente interesante: el inmenso poder que las urnas le dieron a Claudia Sheinbaum, y que se puede resumir así:

1.- El mandato popular más potente y más legítimo de la historia reciente. Ningún Presidente de México logró obtener el 60% del voto popular en el pasado reciente. Para encontrar algún antecedente comparable. Tendríamos que remontarnos a la prehistoria del priato, de los años ochentas para atrás, cuando las elecciones las organizaba el gobierno y las ganaba el PRI con ventajas soviéticas debido a la inexistencia de libertades, controles, certeza y equidad. Porque Claudia en 2024 obtuvo, significativamente, más votos y más apoyo popular que AMLO en 2018. El mandato es más poderos, más legítimo y más simbólico porque, a la vez es la primera mujer Presidente, lo cual implicó superar los enormes vestigios de machismo, misoginia y discriminación hacia las mujeres existentes en nuestro país.

2.- La Presidenta Claudia contará con mayoría calificada de dos terceras partes en el Congreso de la Unión, factor que permite al partido oficial realizar reformas constitucionales por sí solo, con sus aliados. Este poder no se lo dio la ciudadanía a López Obrador en 2018. La suma del potente mandato popular a favor de Claudia y la mayoría calificada, arroja un resultado demoledor: poder, legitimidad y capacidad para reformar la Carta Magna sin limitantes formales. El proyecto de nación que ha esbozado Claudia requiere cambios constitucionales, y el pueblo en las urnas le otorgó los hilos necesarios para tejer esas reformas como ella considere más adecuado.

3.- Decían los clásicos que la imagen del poder es más importante que el poder mismo. En el amanecer del 3 de junio, todos los actores de la clase política mexicana reconocen en Claudia la nueva personalización del máximo poder en México. No ha tenido que hacer ningún deslinde de la enorme influencia de AMLO, ningún alarde de su triunfo avasallador. En la mañanera de hoy, el presidente López Obrador lucía un tanto desorientado, con mensajes desatinados que denotaban que aún no dimensionaba el tamaño del empoderamiento de Claudia. Mencionamos al Presidente, porque, de forma natural y cuasi inevitable, es esperable una confrontación de éste con el poder ascendente de Claudia, sea abierta o discreta esa colisión. Pero no solo AMLO, sino la gran mayoría de los integrantes de la sociedad política hoy reconocen a Claudia como la titular del máximo poder político en México. Desde hoy.

Estos factores, aunados a la hegemonía reflejada en 25 gubernaturas, alcaldías, y el fenómeno que en la jerga política se denomina la “cargada”, repito, configuran el gran poder que hoy tiene Claudia Sheinbaum.

Para muchos eso es fuente de esperanza y algarabía, para otros es fuente de desvelo y zozobra. Lo cierto es que este escenario implica una responsabilidad descomunal para la Presidenta electa.

Se abren muchas expectativas. Son posibles múltiples caminos para ejercer ese poder. Es no solo válido, sino necesario externar las fórmulas clásicas de la filosofía política. Tanto poder tiene, también, el potencial de engendrar arrogancia y autocomplacencia. Cuando el poder no tiene límites formales determinantes, se apela a la sabiduría del Príncipe, a la virtud, a la autocontención.

No sabemos cómo será Claudia con el máximo poder. El poder no nos cambia, nos descubre, decía Marco Aurelio. Pero sabemos cómo ha sido la Presidenta electa en su trayectoria política y social. En este punto, un elemento que genera expectativas adicionales es su formación en las izquierdas universitarias, en la lucha social, y las movilizaciones por el reclamo democrático de finales del siglo XX. Los observadores más suspicaces, apuntan que será la primera Presidenta de izquierda en México, porque AMLO, si bien abrió la puerta, abraza en realidad un populismo conservador, popular pero formado en los cánones de la cultura política priista.

Es deseable, y, sobre todo, posible, que Claudia encauce su poderío para establecer condiciones para una verdadera democracia popular en México. Establecer una relación con el pueblo que trascienda esa visión monolítica e idílica de éste, entender al pueblo como una compleja diversidad que, si bien se manifiesta de forma casi unificada en las elecciones, en el día a día se desagrega en múltiples visiones, necesidades, demandas, regiones, gremios, lenguas, culturas, derechos. Que el pueblo no solo sea beneficiario de programas sociales, sino también interlocutor reconocido del Estado para participar y consentir las grandes reformas y las grandes políticas. El pueblo no atado en la dependencia clientelar, sino actuante desde su complejidad y diversidad para construir desde abajo la democracia participativa, sin constreñirse a los partidos políticos o a instrumentos como las consultas populares previstas en la Constitución.

Definitivamente, a partir de su formación de izquierda, Claudia puede caminar sobre este sendero para ejercer su gran poder. Concebido así el pueblo-sociedad, se pueden encontrar fórmulas y rutas para hacer realidad sus derechos sociales, salud educación, empleo. Desde esta perspectiva, se puede identificar y atacar el corazón de las profundas desigualdades que nos avergüenzan a todos.

Con un mandato popular inmenso y con capacidad de cambiar la Constitución, Claudia puede emprender el desmantelamiento de las estructuras que reproducen la pobreza y la desigualdad, las causas fiscales, económicas, políticas, discriminatorias, culturales. Hacer las reformas que sean necesarias, empezar ese largo camino.

También, puede trazar una ruta integral para abordar el tema de la inseguridad y la desigualdad en el acceso a la justicia. Cambiar lo que haya que cambiar, en la Constitución, en la Administración Pública, en la interlocución Estado-sociedad, con el objetivo garantizar seguridad a la gente, justicia pronta y expedita, bajar la impunidad. Si hace falta una reforma al Poder Judicial, que se haga con todas las voces y el mayor consenso, si hace falta revisar el proceso de militarización reciente, que se haga con la perspectiva de la izquierda democrática que le es familiar a la Presidenta electa por sus orígenes.

Si es necesaria la reforma del sistema electoral y las instituciones de representación política, que se hagan para fortalecer la representación y la participación de la sociedad en toda su diversidad. Claudia sabe, porque en su juventud luchó por ello, que el deterioro de la representatividad de las instituciones políticas genera deslegitimación, inestabilidad e injusticias.

No hay razón para que el colosal poder de Claudia se encamine por otros derroteros, o que se distraiga demasiado en adelantar intereses particulares o de grupo. La expectativa es alta, la responsabilidad es enorme. La personalidad de Claudia es una incógnita, porque a nadie se le conoce realmente hasta que asume al máximo poder. Pero por lo antes comentado, es muy probable que su gobierno sea más abierto, democrático, incluyente y, sobre todo, verdaderamente transformador para empezar la construcción de una democracia popular, participativa, paritaria, incluyente, moderna. Y con una política anticorrupción inflexible: tiene todo el poder para castigar hasta al más influyente de los corruptos.

DAÑOS COLATERALES

El PRI rumbo a la extinción.

El PAN reducido a la mínima expresión, pero sobrevira, y acaso volverá a crecer, por ser el reducto de la derecha.

Si se confirma la tendencia en la elección de senadores por Jalisco, y si Luis Donaldo Colosio Riojas no está también en la lista nacional de plurinominales, éste no llegará al Senado. Quedaría así sin escaparate la figura con más potencial para desafiar a Morena en 2030.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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