En el nombre de todas. Autora: Emma Rubio

En estos días la gran mayoría de la población mexicana se ha visto arrebatada por el caso de una mujer y una pequeña asesinadas. Ambas han despertado la furia de los ciudadanos y el asombro ante la barbarie que enfrentamos como especie. Sin embargo, tristemente, lejos de despertar conciencia alguna, estos acontecimientos han venido a poner en evidencia lo miserables que somos los seres humanos, y no lo digo solamente por quienes ejecutaron ambos asesinatos sino por la reacción de muchas personas. Algunos indignados han culpado a la chica asesinada por no haberse alejado del hombre que la mató y otros, acusando a la madre por no ir por su hija a tiempo al colegio. Lamentables juicios no son más que la constante que enfrentamos las mujeres al ser señaladas como las culpables de la tragedia, seguimos siendo las hijas de Eva, esa mujer pecaminosa que hizo caer al inocente hombre y lo condenó a vivir en las entrañas del mal y que no es más que una leyenda más cargada de ideología machista.

Por otro lado, están los que ven en todo esto una ventaja, sí, la ventaja de convertirlo en un golpe político como si en esta administración se haya desatado todo el mal que en años nunca se vivió. Vaya manera de pretender que somos idiotas y que con sus juicios condenatorios infestados de falsa empatía vamos a convencernos de que estamos en el infierno.

México es un país machista históricamente y un país que lejos de acabar con las injusticia, fomenta más y más la vulnerabilidad de los segmentos sociales en vulnerabilidad. No sólo matan mujeres, eso es muy cierto, también niños y niñas, personas de la tercera edad, miembros de la comunidad LGTB, así que el que hoy, aquellos que nunca antes se habían pronunciado y ahora finjan indignación y condenen al presidente en turno, resulta hasta obsceno.

México es un país que lleva años en alerta de género, los feminicidios no son cosa de ayer, pero tal parece que hasta que no pase en la esquina de nuestra casa hacemos caso. Millones son las mujeres asesinadas, la diferencia es que hoy ya se habla de ello y las mujeres con todo y el miedo que nos da, estamos hablando, gritando y hasta manifestando una gran ira. Ya ni hablar de las marchas que han generado tanta molestia porque vandalizan los monumentos y vaya que tienen razón, ¿cómo se atreven a rayar una pared que tiene cientos de años inmaculada? Pues en este país se respeta más al objeto que a la mujer a la que paradójicamente se ve como objeto, y se condena la vandalización de una puerta pero se permite la vandalización de millones de cuerpos de mujeres.

Dejemos de ser hipócritas y aceptemos que estamos viviendo la realidad que hemos construido. No sólo es culpa de los pésimos gobiernos que hemos tenido sino también de cada uno de nosotros que no hemos tenido el coraje suficiente para poner límites al poder, enfrentarnos a ellos. Ahora resulta que todos son muy críticos, pero no basta con ver lo que está mal, ni tampoco con indignarse. Lo que es ya urgente es educarnos, entender que si no comenzamos por nosotros mismos, este país jamás cambiará.

Dejemos de estar viendo hacia fuera buscando culpables, pues si hay un culpable de todo esto somos todos a través de nuestra indiferencia, de nuestra falta de voluntad para actuar, de nuestro egoísmo y nuestra comodidad. No nos queda levantar el dedo y señalar, por eso es que México no avanza, porque somos doctos en señalar y juzgar y ahora hasta enjuiciar.

Me espanta ver la serie de comentarios que circulan por las redes sociales, en su mayoría escritos desde una posición de superioridad moral y con un derecho auto otorgado para decir qué es lo correcto y qué no. ¿En qué momento todos se volvieron tan kantianos? Nuestra realidad apesta, no lo negaré, pero aquí lo único rescatable es apelar a nuestra bondad nata y entonces ponernos a trabajar como comunidad y lograr que la empatía y el amor permee los muros de la educación. La educación en nuestro país es completamente insuficiente y cada vez aumentan los índices de depresión y trastornos de ansiedad en la infancia. Vivimos en un México donde sus niñas y niños ya piensan en suicidio, un México donde la mujer es ciudadana de segunda y los ancianos inexistentes.

¿Qué nos consterna hoy? Si todas las muertes que estamos presenciando de algún modo, son el resultado de nuestra inconsciencia y egoísmo. Hoy no considero que tengamos la calidad moral para indignarnos; creo que por respeto a estas muertes y todas las que han pasado y que ni se han sabido, sólo nos queda callar y educarnos. No es tiempo ya de decir “ahorita no”.

@Hadacosquillas

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