#ElEspejo/A un año de la ejecución de Samir Flores. Fue el Estado. #SamirVive. Autor: Iván Uranga

“La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien con la obra de la vida”
José Martí

Se cumple un año de la cobarde ejecución del activista náhuatl Samir Flores Soberanes de Amilcingo, Temoac, Morelos, miembro del Congreso Nacional Indígena y fundador de la estación comunitaria Radio Amiltzinko, quien el 20 de febrero de 2019 a las 5:30 de la mañana fue asesinado a balazos por sicarios a la puerta de su casa, con la complicidad del gobierno federal.

La historia

En 2011 comenzó su resistencia, cuando el criminal gobierno de Felipe Calderón negoció a espaldas de la comunidad la instalación del gasoducto y termoeléctrica violentando todos los derechos de las comunidades indígenas de la zona. En 2012 con la entrada de Enrique Peña Nieto a la presidencia comenzaron las persecuciones y hostigamiento con la complicidad del gobernador del Estado de Morelos Graco Ramírez  contra todo aquel que se negara a la implantación de un proyecto de miles de millones de dólares que siguió avanzando por las entrañas de las comunidades permanentemente despojadas por el neoliberalismo.

La radio Amiltzinko se convirtió en su principal instrumento de lucha, desde este medio, había hecho campaña contra la termoeléctrica y el gasoducto que transporta gas natural a lo largo de 160 kilómetros hasta la planta para producir la electricidad. La tubería cruza el corazón de Amilzingo y Samir debía proteger la tierra y a su gente. “No se consultó a los habitantes”, decía. “Se impuso a golpes”. El gasoducto es inseguro porque bordea las faldas del volcán Popocatépetl, una zona de riesgo eruptivo. Según un análisis del Centro Universitario para la Prevención de Desastres Regionales de la Universidad de Puebla, su trazo supone un “peligro inminente” que fue ignorado a la hora de empezar la construcción. Todas las justificaciones oficiales reflejan la incomprensión científica y cultural, que por derecho, les dan la razón a las comunidades indígenas que se niegan a ser exterminadas.

  • Samir era un compañero solidario siempre dispuesto a luchar y a acompañar las luchas justas del pueblo, era común verle en las movilizaciones portando orgulloso su playera gris que exigía justicia para los compañeros normalistas de Ayotzinapa, o con el General Emiliano Zapata en el pecho.

La lucha de Amilcingo también se ha vivido en otros lugares de Morelos, como Huexca, el pueblo de unos 1,000 habitantes donde se construyó la termoeléctrica. En 2013, pobladores montaron un plantón para frenar las obras que no les habían consultado. El Gobierno, que ha invertido unos 1,600 millones de dólares en el proyecto, envió un centenar de policías para desalojarlos. “Cuando empezaron a construir, no sabíamos ni qué era. Ahora todo el tiempo tengo que ver ese monstruo, esa bomba a la que quieren prender la mecha”, dice Teresa Castellanos, activista de ‘Huexca en Resistencia’. Quien al igual que Samir Flores, también recibe amenazas por su activismo.

La lucha contra el Proyecto Integral Morelos (PIM)

El PMI consta de dos centrales termoeléctricas ubicadas en la comunidad de Huexca, Morelos, las cuales han sido concesionadas a la empresa ABENGOA de origen español; un gasoducto de aproximadamente 160 kilómetros de longitud que pretende transportar diariamente 9 mil millones de litros de gas natural, para dichas termoeléctricas, pasando por las faldas del volcán Popocatépetl y a través de más de 60 comunidades campesinas de los estados de Tlaxcala, Puebla y Morelos, este gasoducto está concesionado a las empresas españolas ELECNOR y ANAGAS y a la empresa italiana BONATTI; una línea eléctrica de 20 km de longitud a la subestación Yautepec; y un acueducto que pretende trasladar 50 millones de litros de agua diaria a las termoeléctricas, y que su trazo va del municipio de Ayala a Huexca, Morelos, con una longitud de 12 km.

Asimismo, el PIM consta de la ampliación y construcción de diferentes autopistas como la autopista siglo XXI (ampliación), autopista pera-Cuautla (ampliación) y la autopista Amecameca-Cuautla (construcción). La rehabilitación de las vías del ferrocarril que conecta a Morelos con el corredor interoceánico Golfo-Pacífico y a la Red Ferroviaria Nacional para transporte de mercancías, la creación de zonas habitacionales y la ampliación de los dos corredores industriales Burlinton y Saint Gobai, entre otros.

Por lo que todos y cada uno de los pueblos indígenas afectados por el criminal proyecto extractivista neoliberal comenzaron a crear diferentes frentes de lucha, así que mientras Samir daba la cara al gasoducto con sus compañeros, en Huexca resistían contra las termoeléctricas, en Cuautla contra el uso del agua para la termoeléctrica y en Tepoztlán enfrentaban la “ampliación” de la autopista sobre un área protegida y sobre sus lugares sagrados.

Tres años de resistencia

El agua, fundamental para el funcionamiento de la termoeléctrica, está en el centro del debate. Morelos tiene un gran peso agrícola y necesita de mucho riego. Un proyecto como este rompe los recursos hídricos de la región que ya están muy explotados; que en temporada seca, tendrían que extraer agua del acuífero que no tiene más disponibilidad; la extracción solo se permite para usos prioritarios y la termoeléctrica no lo es. La central consumirá unos 280 litros por segundo, procedentes de una planta de tratamiento de flujos residuales. Esa agua tratada va actualmente al caudal del río Cuautla, que riega campos de maíz, tomate y frijol.

En su principal argumento para el uso del agua las empresas “dicen” que no la contaminarán, que después de ser usada la regresarán en el mismo volumen más limpia al cauce, lo que no dicen es que regresan agua muerta sin oxígeno y mínimo a 40º grados de temperatura. Campos como los de Francisco García y Virginia Valencia en donde sus familias tienen tierras en la zona desde hace tres generaciones. “Antes llegaba mucha más agua que ahora. Si empieza a funcionar la termoeléctrica, ¿qué vamos a cosechar? ¿Puro lodo?”. El agua, una vez utilizada, saldrá a unos 40 grados y contaminada. Es lo que llaman agua muerta porque le falta oxígeno y es muy dañina para la vegetación si se vierte en el río. Las comunidades han ganado ya el juicio que prohíbe el uso del agua del Río Cuautla para la termoeléctrica, pero ahora López Obrador insiste en su uso y ha prometido nuevas instalaciones para limpiarla, pero todavía no hay nada concreto.

García y Valencia y varios centenares de campesinos de la Asociación de Usuarios del Río Cuautla llevan tres años y medio acampando en el lugar donde se construye el acueducto que ha de llevar el agua de la planta de tratamiento para la termoeléctrica. “Nos turnamos para que siempre haya alguien. Aquí no se descansa, no hay festivos”, asegura Valencia, quien mata el tiempo bordando, sentada en un sofá deshilachado.

La traición

Durante su campaña para la presidencia el actual mandatario Andrés Manuel López Obrador de cara a los pobladores de la zona les prometió que llegando la presidencia pararía esa injusticia y que regresarían las tierras y la paz a las comunidades indígenas.

Al llegar a la presidencia con el apoyo de las resistencias que promovieron y defendieron su voto por López Obrador, AMLO los traicionò y declaró públicamente que la termoeléctrica era necesaria para darle electricidad a todo el estado de Morelos y que haría una consulta para que fuera “el pueblo” el que decidiera si continuaba el proyecto. La decisión de López Obrador de someter el proyecto a consulta sorprendió a los habitantes de la zona, donde Morena, el partido del presidente, arrasó en las últimas elecciones presidenciales. Todavía recuerdan un discurso de 2014 en el que el político equiparaba la construcción de una termoeléctrica en esta zona tan cargada de historia revolucionaria a “un basurero en Jerusalén”.

La consulta fue realizada por miembros del partido que lo llevaron al poder, con financiamiento de las empresas que lo llevaron al poder, antes de ser presidente, después de haber ganado con un margen histórico, era obvio que cualquier “consulta” así lo favorecería, pero la consulta lo único que hace es seguir violentando los derechos indígenas porque es su derecho y éste no puede ser determinado por las mayorías. Las mayorías no pueden decidir sobre la vida o la muerte de una comunidad. AMLO cambiò. Y hoy hace un año, el mandatario defendió la central por el desperdicio que supondría dejarla parada y endulzó la propuesta con la promesa de reducir la tarifa eléctrica para los municipios afectados. También difamó e injurió a los movimientos ambientalistas en resistencia que aseguró estábamos pagados por “empresas extranjeras”.

El cambio de posición ha sido criticado por las resistencias. “Él era luchador social y ahora nos estamos enfrentando a un luchador social que no quiere escuchar”, decía Samir Flores que había denunciado la consulta en su programa de radio. La consideraba “amañada” en favor de la puesta en funcionamiento de la planta. La ilegal y no vinculante encuesta fue convocada con premura con solo dos semanas de antelación y se llevó a cabo en todo el estado, no solo en los municipios afectados, sin la supervisión del Instituto Nacional Electoral, el órgano supuesto independiente encargado de vigilar las votaciones. Samir y todos sabíamos que la encuesta era un mero trámite para validar la traición de López Obrador. “No sé si es un proyecto en el que están pensando en mis hijos”, dudaba Flores. “Para el gobierno primero es el capital y después las comunidades”, dijo un día antes de su muerte.

El martes 19 denunció una vez más el PIM y la consulta de AMLO. El asesinato se produce tres días antes de la consulta que el presidente Andrés Manuel López Obrador había convocado sobre la central energética, cuyas obras iniciaron en 2011, y que ha sido denunciada por académicos y habitantes de la zona por su posible impacto medioambiental. El mandatario, que pasó de oponerse a la termoeléctrica a apoyarla, López Obrador esa mañana aseguró que la termoeléctrica se terminaría, esa fue la señal que esperaban los sicarios.

A las 5.00 de la mañana del miércoles dos automóviles pararon frente al domicilio de Flores y lo llamaron para que saliera, según informan activistas de la zona. Tras escuchar cuatro balazos, los vecinos encontraron al activista tirado en el suelo con dos disparos en la cabeza. Lo trasladaron al hospital, pero murió antes de llegar. Junto al cadáver del activista los asesinos habían dejado una nota que lo vinculaba al “Comando Tlahuica”, un grupo de la delincuencia organizada que opera en Morelos. “X Puto Chismoso. Denunciaste Abraham Ocampo y sigues tu Michoacano con tu pendeja banda. Atte. Comando Tlahuilca”, dice el mensaje. Activistas desconocen la existencia de este comando. Sí denuncian, en cambio, la presencia de un grupo de choque en el pueblo que ellos vinculan al gobierno del estado, en manos del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el partido oficialista, y a Humberto Sandoval, líder de la Central Campesina Cardenista y defensor de la termoeléctrica.

5 horas después del asesinato, la Fiscalía de Morelos señaló que el crimen no estaba relacionado con el trabajo de activismo de Samir, sino con el crimen organizado. Sin embargo, el 26 de febrero reconoció haber extraviado la prueba que orientó la investigación sobre esta pista. Samantha César Vargas, vecina de Amilcingo y compañera de Flores, asegura que el asesinato tiene como objetivo “amedrentar” a los activistas. “Lo mataron por su oposición al proyecto”, dice. Sin embargo, el fiscal de Morelos, Uriel Carmona, vinculó el suceso a la “delincuencia organizada”. “No tenemos ningún elemento que lo relacione con la consulta de la termoeléctrica”.

Asesinan a Samir y López Obrador encuentra la forma de ser él la victima al declarar que el objetivo del vil y cobarde asesinato fue afectar la organización de su consulta para frenarla, en vez de facilitarla acallando a una de las voces más críticas como aseguran los activistas. También dijo que la consulta y el proyecto seguían en pie, sin ningún respeto por la vida y por la muerte de Samir Flores a quien había traicionado.

La historia a un año, nos muestra que no fue así, que su consulta fue un éxito para las pretensiones extractivistas neoliberales del actual gobierno, que el asesinato de Samir sigue sin esclarecerse y que continúa el hostigamiento del gobierno federal y estatal contras los activistas que siguen y seguirán en resistencia, dignificando el recuerdo y sacrificio de Samir, hasta que el gobierno y sus socios neoliberales desistan del proyecto criminal, llegue un gobernante digno o hasta que la dignidad se haga costumbre.

¡Samir Vive!

La vida es una construcción consciente
Iván Uranga
@CompaRevolución
iuranga@cnpm.mx

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