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El techo como derecho. Autor: Ricardo Bravo

octubre 1, 2026
El techo como derecho. Autor: Ricardo Bravo

Autor: Ricardo Bravo

Si tuviera que escoger un solo derecho,
sería muy probablemente el de garantizar un techo para cubrirse de la humedad de la lluvia y de los rayos del sol, sostenido por paredes que protejan del frío y que amainen el calor.

El tema de la vivienda pinta para convertirse en EL tema político de esta generación. No es para más. ¡Qué caro es tener un techo sobre nosotros! Ya ni hablar de tener uno que puedas llamar tuyo, en el que no sientas ansiedad por poner clavos en aquella pared ni por colgar la tele en esa otra. “¿Para qué poner esa repisa, que ya hace falta, si quién sabe cuándo nos iremos?” Tres años han transcurrido y la mentada repisa nos sigue faltando…


El alcalde Rockstar de Nueva York, Zohran Mamdani hizo de la crisis de vivienda en esa ciudad una de sus banderas de campaña. Prometió “congelar el precio de las rentas”.

Precisamente HOY, se hace efectivo el congelamiento de la renta de cerca de 1 millón de departamentos de alquiler regulado, en beneficio del 40% de las personas que rentan en la ciudad. Nada mal.

El presidente español, Pedro Sánchez, no iba a dejar pasar la ocasión, en su visita a Nueva York, de tomarse una foto, un video incluso, con el alcalde que aprueba leyes en pro de los inquilinos.


Pero la realidad en casa es canija. La señora Maricarmen tiene 87 años y tiene una discapacidad. Vivía en el barrio del Retiro desde 1956. El miércoles de la semana pasada, después de un litigio promovido por una sociedad inmobiliaria de esas de las que salen los tiranos de película, fue desalojada por la fuerza del departamento en el que vivió desde los 16 años. Y es así: cuando el gobierno no mide bien las consecuencias de sus actos; cuando sus actos pasan de reprobables a deleznables; cuando no mide el hartazgo de la gente, que se crean símbolos para el imaginario colectivo.


En España, se mantiene hasta el día de hoy una protesta por la crisis de vivienda. “Ni una Maricarmen más”. La manifestación, liderada por el Sindicato de Inquilinas, tiene 5 exigencias básicas para el gobierno: “(1) prohibición de desahuciar a personas vulnerables sin alternativa habitacional; (2) limitar los alquileres de temporada y por habitaciones; (3) congelar el precio de los alquileres vigentes para que no se puedan subir en los cambios de contrato; (4) prorrogar los contratos que expiran entre este año y el siguiente, y  (5) renovación automática de los contratos si los caseros no necesitan el piso para vivir.” Razonable, pienso.


La presión social tuvo su esperado efecto: el gobierno hizo a toda prisa dos reales decretos-ley para discutirse este viernes: el primero, propone cosas que son digeribles para que pasen sin problema en el pleno; el segundo, plantea la renovación automática de alquileres, principal reivindicación del Sindicato de Inquilinas. También, en el caso particular de Maricarmen, la presión hizo que la sociedad inmobiliaria llegara a un acuerdo con la señora para que pudiera regresar a su hogar.


Pero como con todos los símbolos que son una pequeña muestra de un problema más grande, la indignación crece; se derrama y escurre; sale a borbotones de las fronteras.

Porque el problema no es particular de Maricarmen; tampoco de España. Es sistémico y por eso lo sentimos tan cerca, y también nos es fácil indignarnos; por Maricarmen, por los españoles, pero también por nosotros. Y uno empieza a preguntarse, ¿nosotros tenemos eso que reclaman? ¿Por qué no lo tenemos?


Un mea culpa: No tengo ni idea de la situación de la vivienda en México, “carajo, ¡qué pena que no tengo idea!”. No la tengo, no porque no sea un inquilino; lo he sido toda mi vida. Sino más bien, no la tengo porque he visto el problema de la renta desde una óptica que no suscribo, pero en la que admito haber caído: desde lo individual. Con indignación, hago una búsqueda rápida y me doy cuenta de que no hay muchos estudios al respecto en México. Lamentable, pienso. No muchos científicos mexicanos han volteado a ver el problema. Lo verán también como un problema individual, imagino.


Lamento que no tengamos un Sindicato de Inquilinas como en España, pero me maravillo de encontrar a la RENVI, la Red Nacional por la Vivienda: un grupo de gente comprometida con proteger el derecho a una vivienda digna. También existen algunos proyectos prometedores; por ejemplo, en la Ciudad de México, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, presentó una propuesta de Rentas Justas que busca abordar los rezagos de la crisis de vivienda. Estarán por verse sus resultados.


La vivienda es un derecho, no un producto de mercado. Resulta razonable discutir los límites de los precios de la renta, los de las rentas turísticas y de temporada, así como la prohibición de la especulación en el sector inmobiliario. Sí, son momentos para imponer límites y prohibiciones. Eslogan para que venda: “Por el bien de todos, primero los inquilinos”. Como escribe Gerardo Tecé en su artículo: Ante la crisis de vivienda, no es tiempo de indignarse, hay que indignar con propuestas que la derecha califique de intolerables.

Ricardo Bravo

Internacionalista por el Colegio de San Luis, maestro en filosofía política por la Univeridad Pompeu Fabra en Barcelona. Candidato a doctor en teoría política por la Universidad Centroeuropea en Viena. Instagram y Threads: Parteaguas.mex

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la postura editorial de julioastillero.com.

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