Cuando el presidente Andrés Manuel anunció la sección de “quién en quién en las mentiras” me pareció en primera instancia una buena idea en el contexto actual pues desde que inició su gestión no han parado de difamar y manipular todo cuanto hace o dice. Sin embargo, ya es de esperarse que dicho momento de los miércoles se destaque por la incapacidad. Es claro que no es la misma persona quien hace el intento de investigación y escribe la introducción que aquella que transmite el mensaje. Pues de lo contrario la trasmisión del mensaje resultaría más fluida. Confieso que he dejado de ver dicha sección pues me resulta penoso escuchar a alguien leyendo de modo tan atropellado y con un dejo de soberbia que no cabe. Aquí el punto es que lo esencial queda de fondo y no como lo principal a elucidar. Me parecería un ejercicio muy valioso si en verdad se acotara la labor periodística desde una verdadera labor periodística, esto es, con fundamento, crítica, análisis y reflexión y no como una demostración superflua, con carácter reactivo que tan solo deja en evidencia la pésima gestión en términos de comunicación del equipo del presidente. No es la primera vez que señalo la penosa labor en el área de comunicación presidencial pero esta sección ha resultado una piedra angular en la deficiencia y mediocridad del trabajo hecho en dicha área.
En esta sección el reduccionismo no ha faltado, por lo cual simplemente se han abocado en señalar a aquellos que si bien por sí mismos han dejado claro que son de lo más penoso para el gremio, pero el hecho de señalarlos desde la tribuna presidencial solo acrecienta la importancia personal que a sí mismos se dan creyéndose una prensa de oposición. ¡Ternuritas!
En una realidad alterna; hace unos días en el foro realizado en la UDG y en la mesa nombrada “Los desafíos de la libertad de expresión hoy” se vio evidente la clara línea de desprecio por el actual presidente. Un foro en el que no se invitó a voces diversas, plurales ni incluyentes. Un foro que terminó siendo de los “compas para los compas”. Me quedó claro que la participación de Julio Hernández ingenuamente no se la esperaban como fue, pues la objetividad de Julio quizá a aquellos que tienen una visión obtusa y una mente acrítica les lleve a pensar que sus análisis y críticas al gobierno lo hacen uno de su bando. Pero vaya sorpresita que se llevaron, Pascal Beltrán hasta titubeó, el moderador cuyo nombre sí recuerdo pero no menciono por el simple placer de no darle importancia, no disimuló la hostilidad ante las palabras de aceptación y reafirmación de una libertad de expresión. Sin duda fue muy interesante ver ese diálogo tan contradictorio en torno a la libertad de expresión en el que Pascal se basa en su difícil momento en el que le amenazaron de jovencillo por trabajar en Proceso por lo cual, tratando de entender, le quedan las secuelas del trauma y por ello hoy se siente perseguido después de tantos años. Espero que todo el dinero que recibió de parte del gobierno en sexenios pasados le ayude a tener un proceso terapéutico efectivo y con los más reconocidos especialistas.
El moderador insinúa de un modo “histórico anecdótico” que si al presidente no le gusta lo que escriben sobre él pues que no los lea. Haciendo referencia al tema en cuestión, vaya talla de historiador y pseudo comunicador puesto que un buen periodista, considero, debe pretender ser leído por aquel a quien le hace crítica pues de este modo el impacto puede ser la fructífera praxis de demandar la injusticia, y la mala gestión de un político. Pero en parte entiendo la insinuación pues debe resultar muy incómodo que te lean cuando lo único que quieres es desinformar y chismear. Pensándolo bien, y poniéndome en sus zapatitos, sí me sintiera molesta porque me cerraron la llave de mis dádivas pues lo único que me queda es hablar mal de quien me las quitó y pues qué pena que me descubran ¿no?
Al final, este mismo personajazo concluye diciendo que espera que haya más periodismo libre (pues considera dogmáticamente que no lo hay) y yo tan sólo me pregunto ¿qué le hubiera pasado a este señor si en tiempos de Calderón le hubiera pasado lo mismo que en este sexenio? ¿seguiría entre nosotros si a Calderón le hubieran mostrado un video donde el susodicho dijera que es un pendejo? La verdad, no lo sé, lo único que me queda claro con todo este intento de hacer un foro sobre libertad de expresión se hace manifiesto que: Sólo invitaron a un periodista (Julio Hernández), su mismo foro les contradice sus argumentos y nulos fundamentos, y que en verdad están muy molestos por no recibir sus millones de pesos lo que los obliga a seguir haciendo notas de bajo nivel periodístico y ético, pagadas por aquellos que están también muy molestos pero que tienen el dinero para seguir intentando derrocar a Andrés Manuel y creando la fantasía del comunismo. Así la calidad del periodismo de oposición.





