El peor de los delitos sociales: ser feminista. Autora: Emma Rubio

Las mujeres somos entes enigmáticos, cautivadores, bellos, pero lo que nadie nos perdona es que seamos también seres inteligentes y fuertes. El mundo está presentando a nivel mundial índices de violencia de género como nunca antes. Junto con otras mujeres nos hemos cuestionado ¿a qué se deberá? Muchas horas de reflexión tratando de encontrar una explicación sobre el asunto y hasta hoy, mi hipótesis es que hay mucho enojo contenido por ambas partes.

En este texto me referiré a ambas partes, sin embargo, es importante esclarecer que la realidad de binaria tiene lo que yo de astronauta, es decir, una mera ilusión. Pero para fines prácticos de la lectura hablaré de hombres y mujeres.

La violencia a las mujeres se ha acrecentado de manera exponencial, tan sólo aquí en el municipio en el que vivo en tres meses se dieron 400 casos de violencia, las mujeres no sólo fueron encerradas por un virus sino además en muchos casos se les condenó a encerrarse con su verdugo. Causa de todo esto es que por fortuna; se ha dado la contraparte, muchas mujeres se han movilizado y organizado generando maravillosas redes de apoyo, yo tan sólo soy parte de tres redes cada una de ellas con sus propia esencia pero mismo fin: Sororidad.

Sí, hemos generando un gran colectivo a nivel mundial las mujeres para ayudarnos y recordar cuan fuertes y valientes podemos ser. Es un hecho que el Estado no se ocupa de nosotras, recién pasaron las elecciones y durante el periodo de campaña escuché tantas falacias, los y las candidatas usando la bandera feminista como un estandarte de compra-venta al grado de caer en lo ridículo y absurdo, sin embargo, las mujeres ya no creemos en los políticos, hemos aprendido a movilizarnos y a defendernos para hacer que el Estado nos cumpla.

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El presidente dice que ya no son lo mismo pero Andrés Manuel no es omnipresente y simplemente es imposible que esté al tanto de todo lo que acontece en el país pero es ofensivo que utilice la falsa generalización porque no es verdad que las cosas han cambiado, en la fiscalía siguen queriendo amedrentar para que las mujeres se retracten y no pongan las denuncias, las hacen actuar con violencia para generar más violencia, es decir, las incitan a que confronten al abusador y de este modo las cosas se puedan salir de control. Y entre nosotras nos acompañamos para evitar que las compañeras caigan en esas trampas y se mantengan firmes y sin miedo, sin embargo, esta debería ser la labor del Estado, pero entre nosotras hemos generado los mecanismos necesarios para protegernos.

Estoy consciente de que hay grupos de chicas que tienen una postura radical y que pareciera que quieren derrocar al patriarcado desapareciendo a los hombres, pero es menester tener cuidado en caer en la generalización; muchas veces estos grupos tienen una intención la cual está muy lejos de la esencia real del feminismo. Por otro lado, también es indispensable entender que hay diferentes corrientes dentro del feminismo y que sí, hay compañeras muy radicales pero si lo analizamos desde una perspectiva fenomenológica, es parte del proceso social, poco a poco se irán acomodando dentro del movimiento e irán priorizando. El feminismo está teniendo un repunte y como toda ideología lleva un proceso y apenas está surgiendo de los escombros fruto de la opresión y la violencia normalizada. Apenas muchas mujeres están cayendo en cuenta de cuanta violencia incluso han generado ellas mismas a otras mujeres. Los hombres están sin rumbo pues algunos compañeros me han compartido que no saben ya cómo se debe tratar a una mujer o qué es o no políticamente correcto y los entiendo, sin embargo, es importante que comprendan que la realidad está cambiando y que así como las mujeres hemos estado ya por años en un proceso; ellos también deben empezar un proceso más justo e igualitario para ellos mismos, pues también han sido víctimas de un sistema que los ha aniquilado emocionalmente y los ha tomado como meras máquinas proveedoras.

Es por ello que cuando dicen “así no” y se enfurecen porque las mujeres iracundas destrozan monumentos, debemos quedarnos tan sólo en silencio y tratar de escuchar el grito de dolor que emana de esa rabia, pues quienes hemos sufrido la violencia entendemos la furia contenida, el dolor agazapado entre nuestro cuerpo. ¿Se imaginan que de repente un día ya no llega a casa la mujer que más aman? Y ¿que pasan y pasan los meses y no tienen idea de dónde está, con quién o incluso si sigue estando? ¿no les darían ganas de salir corriendo, gritar, golpear y romper todo cuanto pase por su mirada? La angustia que da y el dolor que causa el que de repente una de nuestras compañeras ya no está es inmenso, como decía César Vallejo: “Hay dolores que asemejan a la furia de Dios” y nunca pasan, jamás sanan y tan sólo juzgar o intentar poner reglas sobre “cómo sí o cómo no” es de lo más insensible y ajeno al contexto en el que estamos viviendo.

Las mujeres acá en Quintana Roo han decidido hacer del dolor un arte, conmemorando a las compañeras asesinadas, han pintado murales por la ciudad con los rostros de cada una, una pared para cada una de las fallecidas y ¿saben qué? muchas llegaron a pensar en qué foto les gustaría que fuese con la que hicieran su propio mural. El feminicidio ya se está normalizando y esto es un delirio, no podemos permitir que siga pasando pero es una realidad, aún tenemos miedo y sí, somos fuertes y nos apoyamos, pero el Estado no es un apoyo, al contrario, es cómplice de los abusadores, los protege, los cuida y los solapa. Alguien me dijo en la semana que “el mundo ha sido de hombres y así ha sido, hay que aceptarlo y sí, ya es otro tiempo pero el pasado así fue y deben aceptarlo”, esto me lo dijo en un contexto específico que pudiera tener cierta justificación, sin embargo, no, ya no debe caber ni una justificación para ese pasado porque justificarlo así parezca muy racional hacerlo, es negar el camino hecho por miles de mujeres que han dado su vida para que las mujeres podamos hoy hacer todo lo que hoy podemos y que aún así, hay mundos donde es imposible que una mujer muestre su rostro. Tenemos que aprender a ver más allá de nuestra realidad, hacer consciencia incluso de que en este preciso momento en el que plasmo estas palabras y tú las lees; hay miles de mujeres que están siendo golpeadas, violadas, secuestradas y asesinadas. Ser mujer, nos obliga a la insurrección, es tiempo ya, o zarpamos o morimos.

Emma Laura Rubio Ballesteros
Emma Laura Rubio Ballesteros

Licenciada en filosofía, maestra en educación y especialista en Teoría Crítica y hermenéutica, certificada en educación socioemocional. Autora de diversos artículos en revistas académicas

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